Señor director de NORTE:
Hoy vengo a hablar con absoluta verdad. Y antes de comenzar quiero dejar algo en claro: no respondo a ningún partido político, no defiendo colores, no me mueve ninguna bandera partidaria. Me mueve algo mucho más importante: la realidad que estamos viviendo como sociedad.
Muchos creen que el problema central de nuestra provincia es únicamente económico. Que el déficit monetario es la raíz de todos nuestros males. Pero lamentablemente estamos frente a algo mucho más grave, más profundo y más peligroso: una estructura de corrupción enquistada durante años, una mafia institucionalizada que ha deteriorado cada espacio donde debería existir orden, transparencia y justicia.
Hoy hablamos de femicidios, asesinatos, desapariciones, hechos aberrantes que no nacieron ayer. Esto viene de más de cuarenta años de manejos oscuros, de estructuras políticas que durante mucho tiempo construyeron poder desde lugares donde jamás debió existir impunidad.
El caso de Cecilia dejó algo en evidencia: cuando un caso logra hacerse visible públicamente, inevitablemente comienza a destaparse una olla mucho más grande. Y eso generó desesperación en sectores del poder que durante años operaron detrás de escena.
Hoy vemos cómo ciertos espacios políticos intentan poner nuevos nombres, nuevos rostros, nuevos candidatos. Pero muchas veces no son más que títeres sostenidos por quienes históricamente manejaron todo desde atrás, como lamentablemente esta provincia ya conoce demasiado bien.
Y ahora quiero hablar desde otro lugar. Hablo como auxiliar jurídico. Como una persona formada dentro del derecho, donde todavía la abogacía sigue siendo una asignatura pendiente en mi vida.
Y, precisamente, por hechos que fui observando durante años, entendí algo que me marcó profundamente: no quiero convertirme en el común denominador de un sistema que muchas veces perdió completamente su esencia.
Aclaro algo importante: no hablo de todos los profesionales porque hay profesionales que realmente trabajan por vocación. Pero sí de una gran mayoría que ha transformado una profesión noble en un simple negocio.
Antes, un abogado era una figura respetada socialmente por su vocación, por su preparación, por representar verdaderamente la defensa de los derechos. Hoy, tristemente, muchas veces escuchar «es abogado» ya no genera admiración sino desconfianza.
Porque sabemos perfectamente cómo funciona gran parte del sistema. Muchos se reciben únicamente para que su firma figure en un escrito y poder cobrar honorarios, mientras otro es quien realmente trabaja, quien va a las audiencias, quien se expone, quien lleva adelante el verdadero ejercicio profesional.
Y mientras tanto, el ciudadano queda atrapado en un mecanismo donde muchas veces termina financiando estructuras construidas únicamente para lucrar. Y peor aún: cuando el derecho comienza a mezclarse con negocios por conveniencia con el poder político, ya no hablamos solamente de abogados. Ahí aparecen fiscales. Aparecen jueces. Aparecen operadores. Y aparece algo todavía más grave: una justicia que deja de buscar la verdad.
Hoy Resistencia, lamentablemente, deja muchísimo que desear en materia judicial. Porque cuando no existe verdad en el proceder, cuando no existe vocación de servicio, cuando la ética desaparece, entonces la justicia deja de ser justicia.
No sirven veinte millones de títulos colgados en una pared si no existe primero el título más importante de todos: ser persona. Porque aprendí algo que sostengo con absoluta convicción y valores.
El poder sin valores es basura. Y el respeto sin humildad es vacío. Y volvemos nuevamente al principio. Porque todo esto quedó reflejado desde el comienzo en cómo se manejó el caso de Cecilia. No estamos solamente frente a una crisis económica. Estamos frente a una crisis moral.
Y cuando una sociedad normaliza la corrupción, protege la impunidad y convierte la justicia en negocio… deja de construir futuro. Y yo me niego a naturalizar eso. Porque callar frente a la verdad también es una forma de ser cómplice.
Nicolás Alejandro Galassi
(Auxiliar jurídico)
Resistencia



