El dolor de Gonzalo Quesada por el crimen de Federico Martín Aramburú: «Mataron a un gran tipo»

Gonzalo Quesada (52) no se intimidó en la sala Voltaire, donde son juzgados los asesinos de Federico Martín Aramburú en marzo de 2022, en París. Habló fluidamente en francés en su declaración para reivindicar los valores, las emociones, la posición frente a la injusticia y el corazón Puma del jugador del Biarritz Olympique, con quien compartió momentos inolvidables.

Ambos se hicieron amigos en Francia y compañeros inseparables de la empresa de Federico en Biarritz para promover el rugby. Fue él quien organizó ese encuentro en el restaurante argentino Volver, al que finalmente no pudo concurrir. Probablemente la historia hubiese sido otra de haber estado allí.

Quesada no solo jugó en Los Pumas, donde fue el máximo goleador de la Copa del Mundo de Gales 1999, con 102 puntos. Formado en el Hindú Club, el apertura se desempeñó en prestigiosos clubes en Francia y luego se convirtió en entrenador: en junio de 2023 fue nombrado al frente del seleccionado de Italia.

Nacido el 2 de mayo de 1974, cursó la carrera de Economía, que le demandó seis años porque jugaba al rugby.

Federico Martín Aramburú, en el Mundial de Francia 2007. Foto AP Mark Baker, File.

-Gonzalo, ¿cómo te sentiste declarando en este juicio?

-Fue una mezcla de emociones. Primero para mí fue saber, viendo la cantidad de grandes amigos que tenía Fede desde siempre, tanta gente que compartió tanto con él, tanta gente que lo quiere, que la familia de Fede, María y todos sus familiares me propongan ser uno de los que venga a hablar de él. Obviamente fue un gesto que me honró mucho y que me emocionó mucho.

Después siempre fue un gran desafío, porque uno sabe que tiene ganas de defender a un gran hombre, a un tipo de valores, y hacer entender la bronca y la injusticia de lo que pasó. Pero, al mismo tiempo, sabemos que estamos en una Corte. Sabemos que cada palabra va a ser analizada, que por ahí si uno emocionalmente se deja llevar, puede ser más perjudicial, puede ayudar a la defensa de los acusados.

Entonces para mí fue muy difícil tratar de controlar mis emociones, de controlar lo que quería, casi decirle fuerte al juez sobre la persona que era Fede y lo que pasó. Como diciéndoles que mataron a un gran tipo, con unos valores increíbles.

-¿Eras su amigo?

-Además de ser amigo, lo admiraba como persona, como tipo de capacidad de madurez. Entendía la vida, entendía las cosas que eran importantes, cómo disfrutarla.

Fue una mezcla de eso. Por eso, cuando terminó la audiencia, me dijiste vos, como mucha gente, «qué bueno lo que dijiste”, “qué buena fue tu palabra”.

Yo creo que pude decir lo que quería, que era sobre todo no dejarle fríamente, que ninguna de mis palabras pueda ayudar a decir que era un tipo agresivo. Eso es de legítima defensa. Es algo que pueda no servirle y al mismo, tiempo expresar quién era, lo mejor posible, para que todos los que estaban ahí acompañaran. Así que fue un momento especial y ojalá haya sumado un granito de arena.

Cómo fue declarar frente a los acusados

Por el asesinato a balazos de Martin Aramburú, que tenía 42 años, están siendo juzgados Loïk Le Priol (32) y Romain Bouvier (34), dos miembros de la ultraderecha que habían discutido con la víctima y su amigo, el rugbier francés Shaun Hegarty (42), en el bar Le Mabillon.

-¿Fue muy difícil declarar delante de los sospechosos del asesinato?

-Menos de lo que me esperaba. Sinceramente comparto con María, su mujer, que hablamos mucho de eso. Yo pasé de un odio profundo a tratar de decir que hay algunas cosas que no van a volver atrás.

Gonzalo Quesada, en la entrevista con Clarín.

Lo que pasó, pasó. Trato de quedarme solo con la emoción de quién era Fede. Recuerdo todo lo que viví con él y tratando de estar más en paz con la situación y dejando que la Justicia haga su parte.

Obviamente me lo había dicho Thomas Lièvremont (ex compañero de Aramburú en Biarritz), que había pasado antes. Me dijo: «Atención, cuando se abre esa puerta, vos estás acá. Llegás, estás en una salita chiquita, toda blanca, y de golpe, entrás a esta Corte impresionante, llena de gente». Te ponen en el medio, mirando a todo este jurado para arriba. Es difícil encontrar las buenas palabras.

Me habían dicho: “Mirá solo al jurado”. Así que durante mi declaración, miré solo al jurado. Después, cuando me fui a sentar a la sala, la mayoría del tiempo miré muchísimo a los acusados. No sé por qué. Pero era como que necesitaba verle las caras, a cuatro años de haber visto alguna foto, alguna nota o algo. Verles las caras y poder en mi cabeza imaginar lo que pasó, cómo pasó. Tratando de dejar esa bronca fuera y solo quede el dolor, que no se va a ir nunca, y maximizar la cantidad de lindos recuerdos, de vivencias con Fede, que fueron muchas y muy intensas.

El recuerdo en Biarritz

-Fede, además de ser tu amigo, era tu contrincante. Vos jugabas en Hindú. Él en el CASI ¿Cómo era?

-Yo me fui muy joven a jugar afuera. Así que yo calculo que, en algún momento, nos habremos cruzado cuando él estaba en Biarritz y yo jugaba en Stade Francais o en Narbonne. La verdad es que nos cruzamos poco en la cancha. Creo que alguna vez también haciendo alguna de las concentraciones con Los Pumas. Seguramente una de las últimas que hice yo y de las primeras que hacía Fede.

Federico Martín Aramburú, cuando jugaba en el CASI. Foto  Gonzalo Prados

Donde más empezamos a conocernos es cuando jugué en el 2005. Fui a jugar a Pau. A Biarritz se van Manuel Carizza, Martín Gaitán y Fede, entre otros conocidos que había también en Pau. Yo me iba todo el tiempo para Biarritz a estar con ellos y ahí empezamos. Ya nos conocíamos, éramos amigotes y ahí nos hicimos mucho más amigos.

En el 2005, en el 2006, me fui a Toulon. La vida hizo que cada uno siguiera su carrera. Pero fue en el 2017 que Fede me llama, siendo el dirigente de Biarritz, para ofrecerme de venir a entrenar el equipo. Había un proyecto nuevo. Yo había salido campeón el año anterior del Top 14, la primera edición de Francia, y Fede me invitaba a ir a entrenar Biarritz, que era la segunda división.

Para mucha gente no tenía mucho sentido porque podía tener otras oportunidades. Pero para mí era un club muy histórico. Un lugar para vivir que es de los más lindos de Francia y un desafío espectacular con un íntimo amigo, participar de este sueño de volver a llevar al Biarritz Olympique a Primera.

Entonces, con ese sueño compartido y sabiendo que lo iba a vivir con él, no dudé en aceptar. Y aunque después algunos de los accionistas, de los responsables, no cumplieron sus compromisos, nos fue bárbaro ese año para lo que era el contexto. Nos clasificamos para las finales.

Pasamos momentos muy lindos con Fede, pero no fue fácil. Esos son más los históricos, digamos. Y después de que yo me fui a Argentina, él venía muy seguido. Nos vimos allá. Cuando me volví, muy rápido, en el fin del 2020, 2021, empezó con este proyecto del Mundial. Se vino a París. Me dijo que quería meterme y poner en ese proyecto.

-Vos seguís a la empresa de Federico.

-Estaba comprometido y lo hicimos, como dijo Shaun en su declaración. Lo hicimos. Y yo ya estaba comprometido antes del fallecimiento de Fede. Cuando falleció, todavía más. Ahí me comprometí muchísimo más. Yo tenía un rol de ser embajador, hablar entre los partidos, hacer venir a algunos ex jugadores conocidos, amigos del mundo del rugby. Son tipo “celebrities del rugby” que sirven. A partir de que Fede se fue, me comprometí todavía más.

Shaun Hegarty con su abogada Veronique Massi. Foto REUTERS/Benoit Tessier

Después vino todo ese 2020, y todo el 2021. Nos vimos un montón, porque venía todo el tiempo a París y estábamos muy motivados. Ese mismo día de su muerte, también me escribió para decirme: ”Venite que tengo buenas noticias”. Es un poco lo que contó Shaun, que ese mismo día le habían confirmado el contrato. Lo que ya se sabía. Era una cuestión de formalizarlo. Que iba finalmente a dar un gran salto con su empresa. Porque ser partner de una agencia oficial de un mundial es un cambio a nivel de negocios.

-Fede siempre era capitán. ¿Cuáles son las cualidades para ser capitán? ¿Y por qué él era un capitán diferente?

-Como entrenador (ahora que llevo ya casi 20 años) empiezo por aquí: encontrar el buen capitán. Porque el buen capitán tiene que ser un jugador con la capacidad de ser titular casi siempre. Tiene que ser un muy buen jugador. Pero es difícil encontrar el muy buen jugador que no sea un poco egocéntrico, que no sea un poquito indisciplinado, que no sea uno que muestre realmente bien el ejemplo.

Pero no me sorprende que Fede haya sido siempre entre los capitanes. Porque cuando tenés “Fedes”, tenés el tipo que es querido por todos. Porque es un apasionado, que no hace trampa nunca, que da todo, que se compromete, que da su 100% en todo lo que hace, que es un gran ejemplo justamente de compromiso, de trabajo, de respeto. Para un entrenador es espectacular.

-¿Por qué?

Porque en vez de dar tantos discursos, decir: “Este es mi capitán”, es una manera de decir: ”Estos son los comportamientos que espero. Es la cultura que quiero para mi equipo, este jugador representa la cultura que quiero para mi equipo, el modo de actuar, de ser, los comportamientos, las actitudes que quiero”.

Y encima era un gran jugador y tiraba todo en la cancha. Así que cuando lo ves que fue capitán, muy seguido, entre los clubes que estaba, con los jugadores que estaba, que no era que era el CASI, donde fue volverse líder. En el CASI era lo lógico y fácil, entre comillas.

Cuando vas a otros países, donde hay tantos jugadores del país que estás jugando, de la provincia donde estás, y vos pasás delante de ellos como líder, habla muy bien de la persona que sos, además del jugador.

La última noche en Volver

-¿Vos organizaste esa reunión en Volver, el restaurante argentino, con Fede?

-Yo participé muchísimo, activamente. Yo sabía que si venía Fede, nos íbamos a juntar a comer, como ya veníamos haciéndolo varias veces cada vez que venía a París. Obviamente Fede, cuando venía con clientes, yo era el tipo “Mickey Mouse”. “Vení, que van a sacar la foto”., Yo sí iba. Como estaba entrenando en París, que son gente muy apasionada del rugby, yo era el entrenador francés, jugador de los Pumas, y que sabía que yo hablaba francés y que no me cuesta la parte social de ayuda.

Me encantaba ayudarlo porque sabía cuánto la remaba. Siempre que me llamó, estuve.

Me acuerdo que en la semana hablé con Octavio Bartolucci y José Orengo, dos ex Pumas de Rosario, que justo esa semana estaban y que justo iban ahí. Intercambiamos mensajes con Marcelo Bosch, que es otro gran jugador de los Pumas, que estaba ahí y que iba . Estábamos todos diciendo: “Che, estás en París, nos vemos”, y yo: “Che, sí, estamos todos en París”. Fede arma esto en Volver. Vamos a Volver, que la remamos ahí. Vamos que Fede va a estar con los clientes. Lo vemos a Fede, él con los clientes. Y a Fede le damos la mano todos Los Pumas. Aunque vengan a ver Francia-Inglaterra, que en general siempre lo ligás al partido, algo le sumamos. Aparte nos vemos entre nosotros, que no nos vemos tan seguido.

Y que para mí eso es tremendo, como recuerdo, porque yo lamentablemente, como se jugaba el Seis Naciones, no había fecha de Top 14. Entonces nosotros organizamos esa semana, irnos el sábado a la mañana al sur, hacer un campo, un stage. Pasar una semana todos juntos, para encarar lo que era el fin de la temporada.

Me iba muy temprano, y culpa de eso, yo no me había llevado nada para cambiarme. Estaba en el club terminando cosas para ir. De golpe, a las siete y media, ocho de la noche, yo vivía un poco en las afueras de París, le mandé un mensaje de Fede. “Iba a ir un rato, y al final sigo acá, todavía vestido de entrenamiento. Arranco mañana, tengo que estar a las seis y media, siete de la mañana en el club”. Nos estábamos viendo seguido. Me la pierdo igual. No estaba con una cabeza muy de andar festejando, acostándome tarde, porque tenía que estar muy fresco para el trabajo.

Fue tremendo, porque me perdí la oportunidad de compartir esa última cena con él, de vivir, de no saber. Por ahí tu presencia cambia en algo el destino. Sé que yo no hubiese llegado nunca hasta la última parte de la noche, porque no llegaba tan tarde. Pero, obviamente, sé que tendría que haber estado ahí, que podría haber estado ahí. Que si estaba ahí, por ahí si estaba con él, hoy no estaba más. O sea, todas esas cosas me han pasado por la cabeza. Porque si me tocaba estar en ese lugar, en ese mismo momento…

-Hay una cosa que me sorprende de Fede de los videos. Está comiendo una hamburguesa, y después le tira la capucha. Le Priol se despatarra. Pero es como un correctivo, no es violento. Es como una humillación para alguien que lo había insultado durante una hora, y había dicho palabras horribles, “subhumano” al otro. ¿Vos cómo sentís esa imagen?

-Sí. Hoy lo hablé mucho con María, y tenemos la misma interpretación. Fede no dice nada. Se come su hamburguesa y ve toda la situación. Cómo tratan a esta persona, a la que le hablan pésimo, cómo lo vienen a apurar fuerte a Shaun, a hablarle en el oído amenazándolo. Fede, entre otras cualidades, es valiente. Es muy corajudo y responsable, pero no pendenciero. No es el tipo de situación que le van a dar miedo, que le van a hacer irse o al revés. Él consideraría que sería de muy cagón borrarse. Para mí, no hay otras palabras para decir eso: tenía huevos.

Para mí, él sabe que pasó mucho tiempo y sentís que decidió que no pase nada, porque se quedó comiendo. No hubo una reacción violenta, no saltó directamente. Cuando lo separa el guardia, él se queda sentadito y cuando deciden irse, se agacha a levantar una servilleta y a ponerla de vuelta en la mesa.

Todo ese momento, son los segundos que él está decidiendo: «¿Hago algo o no hago algo?”. Y al final es como que, para mí, “decido que no hago nada”. Por eso le hace como una amenaza. Te metería un cachetazo. Le pone la mano delante, como diciendo: “Te metería este cachetazo pero no lo hago”. Creo que cuando decide irse, es como que era como esa lucha entre no hagas nada, pero no la puedo dejar pasar. Intuitivamente le tira la capucha. Creo que fue como diciendo:”Me rompiste las pelotas. Te tiro la capucha”. No se esperaba que salga disparado para atrás, porque casi que se da vuelta. Medio que ni se da vuelta, y se da vuelta cuando entiende que se le viene al humo obviamente Le Priol.

La verdad es que, lamentablemente, habrá pensado que eso iba a poder terminar con una discusión. Nos apuramos, te apuramos no. No creo ni que se podía imaginar que iban a terminar teniendo una pelea como fue. Ni siquiera ahí se llegó hasta una situación tan grande como esa primera pelea. Todavía menos se podían imaginar que eso podía conducir a lo que condujo después.

La humillación de Le Priol

-Loïk Le Priol era un ex comando de las fuerzas especiales, una persona psicópata según los psicólogos, muy violenta, expulsada del Ejército por la violencia. ¿Vos no creés que hay un componente de humillación en su conducta y reacción?

-Ciento por ciento. Yo creo que hay muchísimo de eso sin saber, sin conocer. Yo leí todo lo que me estás diciendo…

Creo que cualquier otra persona, después de una pelea así, donde quién tiene razón, quién la empezó, quién no la empezó, a las seis de la mañana, por una pavada así, mucha gente se termina por ahí y tiene una discusión, forcejeando peleándose. Son cosas que pueden pasar.

Pero creo que el 90% de las personas, después de eso, se separan. Dicen, “ya está”. O sea nos pegamos, nos separaron, cada uno a su casa. No pasó nada. No hay una razón. Acá no le tocaron la cola a mi mamá, no le pegaron a mi hija. Venía de una discusión ridícula. Lo único que imagino es que esa bronca que le quedó a Le Priol, que no podía dejar pasar, no podía aceptar que se acabe la pelea así.

-Y su propia vulnerabilidad, su nariz rota….

-Yo imagino que para él era el momento de decir estas cosas: ”A mí no me pueden pasar y yo no puedo dejar pasar esto”. Creo sobre todo adelante de su novia y de Romain Bouvier y mismo por ahí, el mismo bar Le Mabillon, donde él iba tanto y de su reputación. Pero la verdad es que son todas conjeturas. No sé nada. Pero me imagino que fue algo que lo hirió en su orgullo. Yo diría más en su orgullo personal. Obviamente no lo quiso dejar pasar, sin medir las consecuencias.

El pensamiento en la familia

-¿Y qué esperas de este juicio? ¿Qué esperás como penas? ¿Qué esperás como mensaje?

-Pienso mucho en obviamente en Edgardo, Cecilia, sus padres, y toda la familia de Fede. Pienso todavía más en María, en sus hijos Trini, Justi y Santi, y el futuro de ellos. Y lo que va lo que puede ayudar este juicio a que puedan sentirse que quedó atrás, que se cerró esa etapa, que Fede se fue y que no hay que esperar un juicio. Que hay algo que va a venir, que hay que preparar y que en ese, cerrar esa etapa y que Fede se termine de ir en paz.

María, viuda de la víctima, en el inicio del juicio. Foto REUTERS/Benoit Tessier

Creo que lo que es muy importante es que la verdad, pura verdad de lo que pasó, quede aclarada. Que los castigos sean en proporción a lo que pasó. Que fue que a Fede lo mataron, que por ahí esta estrategia de legítima defensa o que Fede era una bestia bruta, nada. Ojalá que se logre esclarecer la verdad.

Después de que se esclarezca la verdad y que el castigo sea en consecuencia con lo que pasó, de nuevo y que es muy importante para mí, solo para que la familia de Fede esté más en paz y que se pueda decir este capítulo está cerrado.

Fede se fue como se van otras personas, en una situación increíble. Pero ya está: quedémonos con lo que era Fede, con el recuerdo, con todo lo que se generó alrededor de Fede y que es un legado. Porque creo que hay tantas cosas ahora donde Fede va a ser un emblema, que no hay que olvidar nunca más porque tenemos, gracias a él, una oportunidad de hacer pasar mensajes importantísimos para la sociedad y para la humanidad hoy. Para María y los chicos va a ser un cierre.

Aparte de un cierre, María, las hijas y Santi están destinadas, lamentablemente, a pasar un dolor muy grande por el resto de sus vidas. María a tener que lidiar con el dolor de ella, más a seguir criando sola tres chicos, que no es fácil.

Lo único que espero es que se termine esta semana, que la verdad quede aclarada, que las circunstancias de la muerte de Fede sean claras y que el castigo sea en consecuencia con lo que pasó para que por lo menos se pueda cerrar esa puertita y que sea solo ahora seguir con el dolor de no tenerlo a Fede.

Con el recuerdo espectacular que nos dio y todos los legados que son buenísimos. Y que no se hable más de la defensa, de una estrategia de lo que puede pasar o no pasar y que no se hable más de esta parte más terrible que es el juicio penal.

EMJ

Redacción

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