Tras décadas de sequía constructora, a uno se le alegra el alma y le reconforta la declaración de la renta cuando un peón, enarbolando una señal de stop, te obliga a parar cinco minutos en una carretera en obras. Como si, en medio de la nada, te arrancaran la espina del hiriente sablazo de Hacienda. Las Terres de l’Ebre rebosan últimamente de obra pública y visitas de consellers sobre el terreno, la estrategia que a Jordi Pujol tan bien le funcionó durante 23 años: inversión directa y palmadita en la espalda a alcaldes, concejales y demás beneficiados.
Los de Esquerra, y si me apuran Junts, dirán que el Govern solo ejecuta las obras proyectadas por sus anteriores gobiernos. Y, en algunos casos, andarán en lo cierto. Como el desdoblamiento de la C-12, conocida como Eix de l’Ebre, entre Ginestar y Móra la Nova, una infraestructura que recién inaugurada ya malvivía colapsada. O el acceso al polígono de Gandesa, a punto de concluir y planteado por Josep Rull cuando ocupaba el Departament de Territori. De eso hace una década. Pero alguien debe planificar y otros, en el gobierno, ejecutar lo pactado. Y si no, se hubieran dado prisa acortando trámites y reduciendo burocracia, de la que andamos sobrados.
Las Terres de l’Ebre rebosan últimamente de obra pública y visitas de consellers
Además de estas dos carreteras, la autovía de Tortosa a l’Aldea luce recién asfaltada. Por cierto, la única de doble carril por sentido que circula por estos lares catalanes y que antes conducía directamente a la autopista de peaje. Y el castillo de Miravet, cuna del segundo estatuto, recién remodelado y de parada obligatoria.
A esta lista debemos sumar la ampliación del Verge de la Cinta, el hospital de referencia de las Terres de l’Ebre, y también los accesos directos desde el centro de Tortosa. Unos ascensores que sortearán el desnivel montañoso, burlando la mareante carretera de la Simpàtica, y reducirán notablemente el número de vehículos en los alrededores del hospital.
En la Ràpita, las lluvias torrenciales del pasado año se llevaron por delante el puente de los Sequesos. Falta poco para inaugurarse. O la rapidez en la ejecución de las obras de emergencia por las recientes riadas del 6 de octubre en la C-12 a su paso por Xerta. Dos días después, ya no quedaba rastro del fango ni la maleza arrastrada por el agua.
Pero por encima de toda esta incontestable realidad se sitúa el hospital comarcal de Móra d’Ebre, donde el cambio de gestión, de privada a pública, ha supuesto una mejora radical, interna y externa, sobre todo para el usuario. Antaño, el superávit que iba acumulando cada ejercicio, a base de visibles recortes y estrecheces, se evaporaba hacia Reus para mitigar el déficit del hospital de Sant Joan, bajo el paraguas de la misma entidad gestora. Que se sepa, en un solo año volaron 4 millones de euros. Ahora, todo se invierte en el mismo centro. Y el contraste ha sido evidente. ¡Que alguien tome nota!



