Una amiga me pasa un reel a partir de fotos de Barcelona. En una aparece el centrocampista Paulino Alcántara el día de la inauguración de Les Corts. Detrás está Zamora, el portero, y otros jugadores. Realizan pequeños movimientos para tengas la sensación de que es una fotografía viva. A mi, sinceramente, no me lo parece. De entrada, el color. Porque, a ver si nos enteramos, el color no existe. Tiene matices, épocas, responde a unas intenciones. Por eso, toda la vida, ha habido directores de fotografía.

La tecnología de cada época también cuenta. No es lo mismo una fotografía de Català-Roca (que tiene unas cuantas del Barça, muy buenas) que una tirada con una cámera digital del 2000 (eran las primeras y no proporcionaban una gran calidad) o una de antes de ayer. A mi Alcántara me parece más muerto que los muertos. En la fotografía en blanco y negro, en cambio, puedo imaginar, inventar, pensar qué debía pasarle por la cabeza en aquel momento. Otro reel aún más bestia reproduce el accidente de Roland Ratzenberger en Imola, en el que perdió la vida. En las imágenes generadas por IA, levanta el pulgar, sale del coche tranquilamente, se sienta al lado y bebe un vaso de agua.

Estos días, que estuve en Mallorca, leí el libro del ornitólogo Joan Mayol sobre el halcón de Eleanora, que anida en los acantilados. Mayol ha pasado años realizando observaciones y leyendo sobre esta especie.
El Halcón de Eleanora (2024), editado por Tundra, está lleno de detalles interesantes, notas sobre sus costumbres e historias de ornitólogos. Cuenta que cuando se produce un incendio forestal que avanza lentamente muchos animales, entre los cuales muchos insectos voladores, huyen del frente de combustión.


Algunos predadores lo saben y se aprovechan. Se ha llegado a escribir que algunos halcones, en Australia, desplazan ramas incandescentes para extender el fuego.
Mayol también explica que en las zonas húmedas, al atardecer, los halcones de Eleanora se dedican a cazar libélulas, que vuelan a una altura considerable. Y que Pere Vicens, naturalista del parc de d’Albufera, en Mallorca, afirma que algunas veces la caza es tan intensa que “llueven alas de libélula del cielo”. Qué imágenes extraordinarias. ¿Se las imaginan reproducidas con IA? ¿Provocarían la misma sensación que cuando nos las explica un hombre con los conocimientos y la sensibilidad de Mayol? Sin la imaginación, la sugestión, la incertidumbre: la maravilla del relato oral, vivido en primera persona.
Cuando la IA sea un poco más espabiladita, organizara una especie de comités de la FAI
Hace días me ronda la idea de que, cuando la IA sea un poco más espabiladita, organizara una especie de comités de la FAI, para pasar cuentas con las que no nos cae la baba con sus alardes. Primero nos saboteará los artículos, después nos fundirá los fusibles de casa y finalmente nos sorberá por un enchufe como al agente Cooper en la tercera temporada de Twin Peaks .



