Por Manuel Zunino*
Se registra una caída en la imagen y en la valoración de la gestión del Gobierno. En 2026, es todo caída. Enero fue un mes medianamente estable, casi sin agenda política, pero a partir de febrero se produjo un quiebre clave con la reforma laboral, especialmente cuando se abordó el tema de las licencias por enfermedad. Desde entonces, la gestión entró en una zona de turbulencia: trastabilla y se mantiene en caída, aunque con un piloto que la está tratando de llevar.
En lo que va del año, el Gobierno acumula una baja promedio de siete puntos, con una particularidad: el presente está marcado por el malestar. En términos económicos, hay consenso en que la situación es negativa. El 50 por ciento de la población está preocupada por sus ingresos, el 73 por ciento considera que estamos igual de mal o peor que en los últimos meses, y el 57 por ciento está endeudado para llegar a fin de mes. ¿Cómo hace la gente? Recurre a préstamos. Ese es el diagnóstico del presente: económicamente estamos mal y el Gobierno viene perdiendo imagen.
Sin embargo, al observar la intención de voto aparece una paradoja. Se trata de un Gobierno que transita un presente económico negativo y cae en imagen, pero que aun así se mantiene en el primer lugar en intención de voto.
La clave está en cómo se interpreta el malestar y a quién se le asigna la responsabilidad. Todavía existe una disputa entre el actual presidente, Javier Milei, y el exmandatario Alberto Fernández. El malestar presente se explica, para una parte de la sociedad, por la gestión anterior, y para otra, por el Gobierno actual. La sociedad está dividida: aproximadamente la mitad responsabiliza a Milei y la otra mitad al gobierno anterior. Antes, la carga recaía casi exclusivamente en la gestión anterior. En ese punto, el Gobierno comienza a perder margen.
No obstante, el oficialismo conserva una ventaja en términos de expectativas a futuro. La gestión de Milei concentra mayores niveles de esperanza para salir de esta situación. Se destacan la firmeza y la actitud del Presidente, así como su visión de futuro, su proyecto de país independientemente de si gusta o no. Aunque generó problemas y estamos mal, el 45 por ciento considera que tiene capacidad y es quien mejor mide de cara al futuro.
En la oposición, liderazgo e intención de voto no coinciden necesariamente. Axel Kicillof es quien mejor mide: cuenta con mejor imagen, evaluación de gestión e intención de voto. Es el dirigente peronista con mayor rendimiento en todos los planos, pero eso no implica que sea el líder indiscutido del espacio. El liderazgo sigue en disputa con otros referentes y gobernadores que también se posicionan como posibles candidatos presidenciales.
La oposición enfrenta, al menos, un desafío central: construir una narrativa de futuro. Debe explicar cómo salir de la actual situación de malestar económico y cuál es el camino a seguir. ¿Por qué alguien votaría nuevamente a un espacio que gobernó hace apenas tres años? El rumbo propuesto deberá diferenciarse del anterior, aunque no necesariamente de forma radical, y, sobre todo, ofrecer una respuesta clara a los problemas del presente porque, mientras tanto, el Gobierno sí presenta una receta: reducir el déficit, ajustar el gasto, achicar el Estado y controlar el dólar. Puede generar adhesión o rechazo, pero una parte de la sociedad aún le cree.
En cuanto al impacto electoral de los escándalos recientes, como los vinculados a Manuel Adorni, LIBRA, ANDIS o el Banco Nación, un 31 por ciento de los votantes de La Libertad Avanza en 2023 o 2025 asegura que seguiría apoyando al Gobierno pese a estos episodios. En tanto, un 14 por ciento manifiesta dudas, configurando un núcleo blando dentro del electorado oficialista.
*Sociólogo, analista político e integrante de la Consultora Proyección.



