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Un hombre camina por paseo de Gràcia en dirección a Ciutat Vella. Cuando está a punto de cruzar la calle Diputació, el semáforo de peatones se pone en rojo y los vehículos empiezan a moverse. Aun así, baja rápidamente a la calzada porque ha visto una hoja de periódico revoloteando sobre el asfalto. La recoge y la deposita en la papelera de la acera. Este ciudadano se merece un monumento al civismo.

La escena descrita no es más que una pequeña reproducción de una bella crónica que escribió el inolvidable Lluís Permanyer hará unos 25 años. A saber qué hubiera escrito hoy el gran cronista de Barcelona al conocer la historia de Miquel Clos, el vecino de Mataró que fue multado por hacer en su calle lo que su ayuntamiento no hizo, a pesar de haberlo pedido durante siete años de plagas bíblicas.
El Pla Endreça necesita una segunda versión que se llame “O lo haces bien o te crujo”
Sin llegar a los extremos de valentía—e inversión económica—del combativo Miquel, son muchos los que continuamente muestran su compromiso o preocupación por mantener su entorno en orden. En Barcelona, de media, cada día hay 115 llamadas al teléfono del civismo y unas 2.000 incidencias comunicadas a través de la aplicación de La Meva Butxaca . Está claro que hay personas que, entre facilidad y aburrimiento, llaman o escriben cada día más de una vez. Pero esto no quita, por un lado, la demostración de la implicación de la gente. Y, por otra parte, también nos recuerda que los servicios públicos de Barcelona siguen funcionando, a pesar de que tienen muchísimo margen de mejora.
Hace años, uno podía entrar en un bar, pisar servilletas de papel arrugadas y, en las mesas, ver vasos vacíos con restos de cerveza disecada. En esa situación, lo normal era dejar caer al suelo los huesos de las aceitunas y los palillos usados y largarse sin mirar atrás. Por suerte, apenas quedan sitios así. A cambio, hay partes de nuestra ciudad donde sigue habiendo demasiados desgraciados que invitan a tratar las calles como si fueran un tugurio, ya que les sale gratis. El Pla Endreça necesita una segunda versión que se llame “O lo haces bien o te crujo.” Más que nada por lo de siempre: que a esos justicieros urbanos—que, además de hacer las cosas bien, informan de necesidades de nuestro espacio público—no les quede la sensación de ser imbéciles. Y, ya puestos, para que acordemos entre todos cuál es la legalidad que queremos.
Según el diccionario de la RAE, la cuarta acepción de la palabra ciudadano es “hombre bueno” (de la mujer aún no dice nada.) Como en las antiguas películas de cowboys o espadachines, contra todo justiciero urbano siempre habrá un legalista leal al poder. Si el envidiable Miquel Clos fue multado por el Ayuntamiento mataronés es porque fue denunciado por algún vecino que, más allá de posibles envidias o antipatías, también debió de creer que hacía lo correcto.



