“Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra”, se atrevió a escribir María Elena Walsh en tiempos de dictadura, criticando la censura de los intelectuales, auto-inoculada o impuesta. El artículo se publicó el 16 de agosto de 1979 en el suplemento Cultura y Nación de Clarín y María Elena conservó el recorte toda su vida.

Este gesto de rebeldía, además manuscritos de canciones, objetos personales, cartas y primeras ediciones de sus libros y sus discos volaron desde Buenos Aires hasta Madrid donde, desde este miércoles, se exhiben en el Instituto Cervantes.
Pero María Elena Walsh no es la única invitada de honor en el edificio madrileño de la calle Alcalá donde se respira cultura en español: en el vestíbulo principal del Cervantes, los retratos originales de los escritores latinoamericanos más notables del siglo XX, según los captó el ojo lúcido de la fotógrafa Sara Facio, dialogan con el legado de Walsh.
Julio Cortázar con el cigarrillo en la boca, Jorge Luis Borges asomando detrás de una biblioteca o Silvina Ocampo con la mitad del rostro detrás de un caballete, retratos memorables que se suman a María Elena Walsh y Sara Facio: la palabra y la mirada, una exhibición que se inaugura este 22 de abril y se podría visitar hasta el 26 de julio.
“Es un recorrido que permite entrar en la trayectoria de unas obras en proceso y en unas vidas compartidas y en movimiento en la literatura y en la fotografía. Se trata de dos creadoras que han tenido un enorme impacto en la cultura en español, pero que no son lo suficientemente conocidas en España”, admite Luis García Montero, director del Cervantes, durante la inauguración.
Organizada con fondos de la Fundación María Elena Walsh-Sara Facio, la muestra da paso a la intimidad de “la juglaresa”, como se cita a María Elena: su poema escrito a los 16 años, su primer libro, Otoño imperdonable, editado con dinero propio. Hay fotos y cartas de su encuentro con el español Juan Ramón Jiménez, quien años más tarde -en 1956- recibiría el Nobel de Literatura, y la estadía de María Elena en su casa de Maryland, en Estados Unidos.

“El existe de tal modo que parece robarnos el aire y el tiempo -lo describió Walsh a Juan Ramón en su libro Fantasmas en el parque-. Languidecemos a su lado como si su fuerza poética nos aplastara. Sólo así puedo evocar la presencia física de Juan Ramón. Nos nutre pero nos paraliza…”.
“Para María Elena fue una beca de vida, porque no solamente hablaron de literatura -aclara Graciela García Romero, presidenta de la fundación-. Ella rescata de esa época la conciencia que le dio Juan Ramón de la importancia del folclore al que, hasta ese momento, ella no le había dado mucha importancia. Ahí comienza a prestarle atención, algo que va a ser muy importante en su obra».
La Fundación María Elena Walsh nació en 2017, seis años después de la muerte de la cantautora. “Fue una iniciativa de Sara Facio, quien, según su propias palabras, la creó en agradecimiento por todo lo que recibió de María Elena, a lo largo de casi 40 años de convivencia, de bien en común”, explica García Romero.
#SemanaCervantina
Inauguración de la muestra «#MaríaElenaWalsh y #SaraFacio: #LaPalabraylaMirada», en torno a la escritora y cantautora, y a la fotógrafa, referentes clave de la cultura argentina y latinoamericana.
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“En ese gesto hay una decisión profunda, la de trasladar un vínculo del ámbito privado al espacio público, la de convertir una experiencia íntima en una responsabilidad colectiva y hacerlo a través de una institución que no sólo preserva su obra, sino que continúa su identidad al entender la cultura como un derecho y como una práctica esencialmente democrática -agrega-. A estas dos mujeres las casó el amor, pero también el compartir el mismo horizonte de libertad como forma de vida y de creación».
Facio, quien había nacido en 1932, dos años después que María Elena, murió en 2024. Desde entonces se sumó su nombre a la fundación.
Itinerario de vida
García Romero, quien junto a Silvia Mangialardi es también curadora de la muestra, repasa el encuentro de Walsh con la música tucumana Leda Valladares, el dúo que integraron en la cubierta del barco que las llevó a Europa y en los escenarios de París.

La curadora destaca la revolucionaria concepción de la infancia de la María Elena Walsh de los años 60, autora de música y espectáculos para chicos como «Canciones para mirar» o «Doña Disparate y Bambuco».
“María Elena apostaba a una construcción cultural de la infancia. Hasta ese momento, los chicos eran objetos a los que no se les llevaban mucho el apunte -dice García Romero-. Para María Elena son personas pensantes con inteligencia y con imaginación».
La exhibición, en la que no faltan Manuelitas de varios tamaños, se detiene en la reivindicación que Walsh realiza de la figura de Eva Duarte, a pesar de definirse como “no peronista”, en su feminismo y en su cruzada, desde la trinchera de la palabra escrita, contra la censura de los militares y el intento del expresidente Carlos Menem de plesbiscitar la pena de muerte en Argentina en los 90.
“El tránsito de María Elena nunca fue pacífico, sino que está bordado de rupturas, rebeldías y desobediencias”, enumera la curadora.
Para el poeta y director del Cervantes García Montero, “un aspecto que nos interesa resaltar es su compromiso con la igualdad, su mirada crítica, su conciencia feminista”.

La cantante española Rosa León no se quiso perder la inauguración de la muestra. Fue muy amiga de María Elena Walsh y su vínculo se trasladó a Sara Facio.
En 1974 la televisión pública española emitió dos temporadas de Cuentopos, una serie infantil cuya guionista era María Elena y sus canciones estaban interpretadas por Rosa León.
Hoy, León trabaja en un disco homenaje a María Elena Walsh: grabó «Como la cigarra» con Joaquín Sabina y también la acompañarán otras voces conocidas como Joan Manuel Serrat, Ana Belén y Rozalén.
“Hay una canción de María Elena que he grabado en el primer disco, estando ella aquí, en España, que se llama «El gato que pes» (La calle del gato que pesca). Es una canción que no termina los versos. Si vais a la primera página de El Quijote, hay una estrofa entera donde no se acaban los versos. De ahí sale”, cuenta León.

La mirada
“Sara construyó una nueva manera de mirar, una fotografía comprometida con lo humano, con la cultura, con los rostros que cuentan historias, con una ciudad que amaba, convertida en una poesía cotidiana -la define la curadora Silvia Mangialardi, quien además es editora y dirigió revistas y festivales audivisuales. “Sara fue una militante de la fotografía”, resume.
En una vitrina se exhiben ejemplares de libros imposibles de hallar como Buenos Aires Buenos Aires, con fotos de Facio y textos de Cortázar, Retratos y autorretratos o Humanario, el desolador trabajo fotográfico que Facio realizó con la fotógrafa Alicia D’Amico en 1966 sobre el deterioro de los hospitales psiquiátricos en la ciudad de Buenos Aires.
“Esta muestra es también una afirmación del lugar de las mujeres creadoras en la historia de la cultura. Facio y Walsh dejaron una obra imprescindible y lo hicieron con una coherencia artística y vital que hoy sigue siendo un ejemplo a seguir”, afirma Magialardi. “María Elena no fue, María Elena es”, agrega la directora de la fundación.

“En la Argentina es habitual que sus canciones sean cantadas por abuelas, padres e hijos -señala al público español-. Las cantamos personas de todas las edades. Algunas canciones fueron adoptando distintas significaciones cuando cada generación necesitó una«.

