El litoral norte de Barcelona tiene un riesgo de inundaciones creciente después de los últimos temporales, que han erosionado los márgenes de las rieras, debilitado las estructuras de contención y dejado el terreno saturado de agua. Además, la expansión urbana reduce las superficies permeables y acelera la llegada del agua a los cursos fluviales. “Si mañana hubiera una dana, tendríamos más problemas que los que tuvimos el primer fin de semana de octubre”, advierte Oriol Bassa, doctor en Medio Ambiente, Ingeniero de Montes, Ingeniero Técnico Agrícola y máster en Ingenieria y Gestión Ambiental, cuya tesis ya vaticinó el problema en el litoral del Maresme.
El experto alerta de que las precipitaciones intensas, concentradas en pocas horas, pueden superar la capacidad de absorción del suelo y de drenaje de las rieras. Con el terreno saturado, más agua circula por la superficie y provoca crecidas repentinas. Además, las últimas avenidas han erosionado márgenes, dejando raíces de árboles al descubierto y dañado muros y escolleras. Los troncos y sedimentos arrastrados, aún por limpiar, pueden obstruir puentes y pasos estrechos y favorecer los desbordamientos.
El aumento del nivel del mar añade presión a una costa vulnerable que queda expuestaa los temporales
Uno de los escenarios más preocupantes es la coincidencia de intensas lluvias en el interior con un temporal marítimo. Las olas podrían dificultar la desembocadura de las rieras y provocarían acumulaciones de agua en las zonas bajas. El temporal Gloria , en enero del 2020, ya evidenció la fuerza del oleaje en el litoral catalán, con registros de entre 12 y 17 metros en los puntos de medición.
“Claro que puede ocurrir. De hecho, ha ocurrido en el pasado”, señala Bassa. El temporal Gloria , en enero del 2020, evidenció la capacidad destructiva que puede alcanzar el oleaje en el litoral catalán. Durante ese episodio se registraron olas de entre 12 y 17 metros en los puntos de medición disponibles. La combinación de un mar alterado, lluvia intensa y rieras crecidas puede multiplicar los efectos de cada fenómeno por separado.
La línea ferroviaria R1 es una de las infraestructuras más expuestas, porque circula junto al mar y atraviesa zonas afectadas por las crecidas. El agua puede erosionar el terreno que sostiene las vías, mientras que los sedimentos y los troncos pueden estropear estructuras. “Si tenemos una dana y una tormenta marina, la R1 lo tiene muy mal”, afirma Bassa.
El aumento del nivel del mar añade presión sobre una costa especialmente vulnerable. Una riada puede arrastrar troncos, sedimentos y materiales que golpeen las estructuras ferroviarias o se acumulen en puntos de paso. También puede erosionar el terreno que sostiene la plataforma de la vía. Si al mismo tiempo las oleadas afectan a la costa, el riesgo se incrementa.
Según los estudios de Bassa, el 60% de la superficie de zonas como Vilassar es inundable y cerca del 80% de la población, unas 17.000 personas, vive en estas zonas. El riesgo también afecta a centros comerciales, zonas industriales, equipamientos deportivos e instalaciones de tratamiento de residuos y depuración. En la cuenca de la riera de Argentona, el estudio de Bassa calcula que, en un escenario extremo comparable al Gloria , el caudal podría alcanzar los 409 metros cúbicos por segundo en la zona de Mataró. No es una previsión inmediata, sino una hipótesis de riesgo.
El mismo trabajo estima daños de unos 92 millones de euros en los terrenos adyacentes y de hasta 243 millones si se incluyen otras afectaciones, como las vinculadas a la R1. Entre los puntos vulnerables se encuentra una gran área comercial situada aproximadamente un metro y medio por debajo del nivel de la riera.
A este escenario se suma el progresivo aumento del nivel del mar. Bassa cita al experto climatólogo Javier Martín Vide, que ha situado este incremento en torno a los cuatro milímetros anuales en determinados cálculos de referencia. Aunque la evolución no sea igual en todos los puntos del litoral, la tendencia acentúa la presión sobre una costa ya expuesta a los temporales y reduce el margen de seguridad de las infraestructuras situadas a ras de agua.
Los investigadores reclaman actualizar los estudios hidrológicos y los mapas de inundabilidad, porque algunos se elaboraron con datos de precipitación y ocupación del suelo que ya no reflejan las condiciones actuales. La urbanización ha sustituido espacios naturales por viviendas, carreteras y aparcamientos, reduciendo la infiltración y acelerando la escorrentía. También defienden revisar la capacidad de las infraestructuras de drenaje.
Casi 30 centímetros de altura de agua
El episodio de lluvias de los días 3, 4 y 5 de octubre dejó acumulaciones extraordinarias en el Maresme, con registros que en algunos puntos superaron ampliamente los 200 litros por metro cuadrado. Los datos recogidos durante las primeras jornadas del episodio situaban a Vilassar de Mar a la cabeza, con 288 litros por metro cuadrado, mientras que la estación de Can Canyelles de Mataró registró 253,9 litros y otra estación de la capital del Maresme acumuló 244,1. Estas cantidades corresponden a la acumulación registrada en dos días. Para ilustrar la magnitud de las cifras, cabe recordar que cada litro de lluvia recogido en un pluviómetro equivale a un milímetro de un metro cuadrado. Así, los 288 litros registrados en Vilassar de Mar representan una lámina de agua de 28,8 centímetros de altura.
El plan director de las rieras del Maresme, aprobado en febrero del 2026, analiza 65 rieras y prevé una inversión de 685,4 millones de euros hasta el 2050. El documento identifica 104.000 personas expuestas a riesgo de inundación y calcula que los daños podrían superar los 3.400 millones.
Entre las medidas propuestas en los municipios, se encuentran las balsas de laminación, que retienen temporalmente el agua y reducen los picos de caudal, y los sistemas urbanos de drenaje sostenible, con pavimentos permeables y zonas verdes que favorezcan la infiltración. Bassa defiende separar aguas pluviales de las residuales y, cuando sea necesario, ampliar los cauces o recuperar espacio para los cursos fluviales.
La prevención debe incorporarse igualmente al planeamiento urbanístico. El experto reclama evitar usos residenciales sensibles en las plantas bajas de zonas inundables y estudiar barreras antiinundación para las viviendas expuestas, como los típicos tablones que aparecen en muchos municipios del Maresme. Municipios que deben revisar los planes de emergencia, identificar los puntos críticos y prever evacuaciones.
La preparación también implica proteger los accesos a las viviendas, definir los recorridos de evacuación y no confiarse en que una zona no se haya inundado en episodios anteriores. Las condiciones del territorio cambian, las rieras pueden modificar su comportamiento y una lluvia muy concentrada puede superar escenarios habituales. “Si recibes un ES-Alert, no están bromeando”, insiste Bassa. La protección ciudadana también depende de cómo se actúa ante una alerta.
El litoral norte de Barcelona combina cambio climático, urbanización, infraestructuras vulnerables y rieras y ríos, como el Besòs y el Tordera, capaces de reaccionar rápidamente ante una tormenta. No se puede predecir cuándo llegará la próxima gran avenida, pero Bassa considera que es necesario actuar antes de que se produzca, actualizando los estudios, ejecutando las inversiones previstas y coordinando las medidas de prevención y emergencia.

Corresponsal de La Vanguardia en el Barcelonès Norte y corresponsal y responsable de la edición local de La Vanguardia en el Maresme. @fedecedo



