Dani Carvajal nació en Leganés y cuando todavía no había empezado ni la pubertad ya se enfundó la camiseta del Real Madrid. Creció idolatrando a los Galácticos en la época de los Zidanes y Pavones y fue el niño escogido para poner junto a Alfredo Di Stéfano la primera piedra de la ciudad deportiva de Valdebebas, como si la Saeta ya le hubiera bautizado ese día, augurándole un futuro esplendoroso. “El sueño de un niño, el triunfo de una leyenda”, rezaba una preciosa pancarta con esa fotografía. Más de dos décadas de aquello y seis Champions ganadas después, el capitán de una de las mejores épocas de la historia del club blanco jugó su último partido en el Bernabéu. Protagonista de principio a fin en una noche memorable para su recuerdo, con tambores electorales e inhóspita en lo futbolístico.
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