El Wall Street Journal publicó un artículo en el que promete “meterse dentro” del plan millonario de Vladimir Putin para combatir el envejecimiento, una idea que el presidente de Rusia tiene entre ceja y ceja desde hace tiempo.
El 20 de mayo de este año, Rusia firmó un acuerdo de cooperación con China para investigar y mejorar la salud y el envejecimiento de las personas. La cosa va en serio: el proyecto Longevidad de Moscú y la Asociación China de Asistencia y Servicios Sociales para Personas Mayores colaborarán hasta 2031, informó la agencia TASS.
El arreglo fue consecuencia de una charla que mantuvieron Putin y su homólogo chino en septiembre de 2025, en la anterior visita del líder ruso a Beijing. Durante un desfile, un micrófono capturó una conversación que tuvo con Xi Jinping en la que debatían la posibilidad de alcanzar los 150 años de vida.
«Gracias al desarrollo de la biotecnología, los órganos humanos pueden trasplantarse constantemente y las personas pueden sentirse cada vez más jóvenes e incluso alcanzar la inmortalidad», comentó Putin en la charla captada por los micrófonos de ambiente cuando caminaban juntos.
Xi replicó que «los pronósticos indican que en este siglo existirá la posibilidad de vivir hasta los 150 años». Y pusieron como ejemplo al ex primer ministro italiano, Silvio Berlusconi.

Teniendo en cuenta estos antecedentes, ¿qué aporta la nota del Wall Street?
Prioridad de estado y una inversión multimillonaria
El artículo del Wall Street acerca datos del supuesto programa estatal del Kremlin para combatir el envejecimiento, que incluye proyectos que van desde la terapia génica hasta la fabricación de tejidos y órganos en laboratorio.
El objetivo declarado es desarrollar herramientas médicas capaces de retrasar enfermedades asociadas a la edad, mejorar la expectativa de vida y avanzar en técnicas de reemplazo de órganos.
Para ello, la iniciativa «Nuevas Tecnologías para la Preservación de la Salud» cuenta con una inversión gubernamental multimillonaria de 26.000 millones de dólares, lo que la convierte en una prioridad científica del Estado.
De hecho, en abril el Gobierno anunció que los científicos están desarrollando un tratamiento de terapia génica destinado a ralentizar el envejecimiento celular. El fármaco «representa una de las vías más prometedoras en la lucha contra el envejecimiento», declaró el viceministro de Ciencia, Denis Sekirinsky.
Las dos grandes líneas de investigación
Entre las líneas de investigación aparecen la bioimpresión, que utiliza tecnología 3D para crear estructuras biológicas con células vivas, y la xenotrasplantación, una rama que estudia el uso de órganos animales modificados para futuros trasplantes humanos. En ese campo, los cerdos genéticamente editados son una de las vías más exploradas por la ciencia internacional.

La idea no es completamente fantasiosa, aunque todavía está lejos de convertirse en una solución médica masiva. Estudios publicados en Nature mostraron avances recientes con órganos de cerdos modificados, pero también remarcaron que el área sigue enfrentando enormes obstáculos: rechazo inmunológico, seguridad a largo plazo, disponibilidad clínica y controles éticos.
En bioimpresión, los desafíos son igual de complejos, especialmente para crear órganos grandes, funcionales y con vasos sanguíneos capaces de mantener vivo el tejido.
Una apuesta que genera dudas
Según el Wall Street, el programa ruso está vinculado a figuras cercanas al círculo íntimo de Putin. Una de ellas es Maria Vorontsova, hija del presidente y médica endocrinóloga, relacionada con proyectos estatales de genética. Otro nombre central es Mikhail Kovalchuk, físico y director del Instituto Kurchatov, una institución científica heredera del poder tecnológico soviético.
La apuesta genera dudas entre especialistas. Científicos citados por el diario advirtieron que muchos de los anuncios rusos no están acompañados por suficiente investigación revisada por pares en revistas internacionales de primer nivel. Esa falta de evidencia pública alimenta el escepticismo sobre cuánto hay de avance real y cuánto de promesa política.
Rusia y Putin: una obsesión por la longevidad
Vladimir Putin cumplirá en octubre 74 años. La preocupación del ruso por la salud y el deterioro físico no aparece de la nada. Durante décadas construyó una imagen pública basada en la fuerza: deportes, escenas al aire libre y demostraciones de vigor cuidadosamente difundidas por el Kremlin.
Pero durante la pandemia de Covid-19 también quedó expuesta su obsesión por el control sanitario, con reuniones a larga distancia, protocolos estrictos y un nivel de aislamiento que llamó la atención internacional.

La historia rusa, además, tiene antecedentes de fascinación por el rejuvenecimiento. En tiempos soviéticos hubo experimentos con transfusiones, investigaciones sobre longevidad y promesas de prolongar la vida que terminaron mezclando ciencia, propaganda y ambición política. Putin parece inscribirse en esa tradición, pero con herramientas modernas.

