La calle Gíriti se abre desde un arco en Argenteria. Dicen los historiadores que su curioso nombre proviene de la corrupción de la expresión popular en catalán “gira-t’hi” (vuélvete) que aconsejaba no adentrarse con un vehículo de tracción animal ante la casi segura eventualidad de no poder superar el tramo central formado por dos codos consecutivos que la llevan hasta la calle Grunyí. Si uno se adentra por el arco de Argenteria, descubrirá en la pared de la izquierda un cartel publicitario pintado en el que puede leerse La Mercantil. Está incompleto. Se trata de un anuncio de La Mercantil Barcelonesa, SA, una empresa que desde principios del siglo XX se dedicaba al comercio mayorista de juguetes.

La empresa desarrollaba su actividad en el entresuelo del número 5 de Gíriti. Lo hizo hasta al menos 1943, cuando en La Vanguardia apareció un anuncio con el siguiente texto: “Juguetes económicos. Venta por mayor. Mercantil Barcelonesa, SA. Gíriti, 5, esquina Platería”. Se trata del último vestigio documental que se conoce sobre la sociedad. Se sabe que en 1913 ya existía, aunque su fundación podría remontarse a finales del siglo XIX, en un momento en que el comercio del juguete experimentó un importante crecimiento en Europa.
Su situación en la calle Gíriti correspondía a una estrategia ue buscaba una ubicación cercana al puerto, lo que facilitaba la recepción de mercancías fabricadas -además de uguetes, otros artículos de bazar- especialmente en Alemania y Francia para distribuirla en comercios minoristas de la ciudad. El anuncio fue descubierto durante una intervención arqueológica en el arco de entrada, una de las voltes características del barrio de la Ribera y de la Barcelona altamente densa y hacinada en el interior de las murallas medievales.
La imposibilidad de crecer, obligó a construir sobre la misma calle. El derribo de las murallas y el desarrollo del Eixample acabó con esta práctica arquitectónica. La volta de Gíriti es una de las que han sobrevivido en los barrios históricos.
Además del cartel publicitario, aparecido bajo una capa de mortero, los arqueólogos también recuperaron otros elementos originales de este rincón que recuerda a una Barcelona del pasado.



