Según la Encuesta Integral 2026 del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba), el 67,8% de los periodistas y trabajadores de prensa del área metropolitana tuvo que recurrir a créditos, tarjetas o préstamos para cubrir necesidades básicas, pagar servicios o el alquiler durante el último mes.
El 65,6% de los trabajadores de prensa cobra por debajo de la línea de pobreza en su empleo principal, fijada en abril en más de 1.400.000 pesos. Y si eso no alcanza para dimensionar el cuadro, agreguemos que apenas el 6,2% afirma que puede sostener su nivel de vida con lo que percibe en prensa. El resto, el 93,8%, complementa como puede: pluriempleo, changas, colaboraciones mal pagas. El 54,4% tiene dos o más empleos remunerados, y el 86,4% de ellos lo hace porque el salario no alcanza.
En ciertas ramas del sector, como las emisoras de radio, el 86,4% de los trabajadores cobra por debajo de la línea de pobreza; en prensa escrita, ese porcentaje asciende al 75,7%. Y la vejez no trae alivio: el 68,8% de quienes están en edad jubilatoria sigue trabajando, y casi el 40% tiene más de un empleo. El descanso, en este gremio, es un privilegio que pocos pueden permitirse.
La FATPREN, federación que agrupa a sindicatos de prensa de todo el país, lo ha dicho con todas las letras en estado de alerta y movilización: la canasta básica total asciende a $1.469.768, mientras que el básico de un redactor apenas supera los $802.474. Esa brecha escandalosa no es un accidente. Es el resultado de años de negociaciones paritarias bloqueadas, de empresas que ofrecen migajas y de un Estado que mira para otro lado. Pero el drama económico no es el único que debe preocuparnos en este Día del Periodista. Hay algo más profundo en juego: la libertad de ejercer el oficio sin miedo.
El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) acaba de presentar su Informe Anual de Monitoreo 2025, y los datos son alarmantes. En 2025 se registró un récord de 278 casos de ataques contra periodistas, el más alto desde el nacimiento del Monitoreo en 2008. El aumento respecto de 2024 fue del 55%. No es una casualidad ni una tendencia espontánea: el poder político argentino sigue siendo el principal agresor de la prensa, y el presidente Javier Milei quedó primero como responsable de 119 de esos hechos.
El informe («El periodismo en riesgo de silencio») detalla una geografía del acoso: 139 casos de discursos estigmatizantes, 58 ataques a la integridad de los periodistas —9 de ellos agresiones físicas—, 20 demandas judiciales contra periodistas, 28 restricciones de acceso a la información y 10 casos de censura. También quedaron registradas amenazas, persecuciones y espionajes. El hecho más grave del período fue el ataque contra el fotorreportero Pablo Grillo, mediante el disparo de una granada de gas lacrimógeno que le dejó secuelas permanentes.
Por otra parte, el cierre de la sala de prensa de la Casa Rosada —un hecho sin precedentes en democracia— representa la voluntad de un gobierno de controlar qué se muestra, qué se pregunta, qué se sabe. El presidente de FOPEA lo dijo sin rodeos: el resultado es un bloqueo físico y un apagón informativo. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) analiza una visita al país, luego de reiteradas presentaciones de organizaciones locales que alertaron sobre el deterioro de las condiciones para el ejercicio del periodismo. Que un organismo internacional de derechos humanos ponga la lupa sobre la Argentina no es algo que deba festejarse.
La encuesta de SiPreBA también recogió datos: el 86,8% consideró que la libertad de expresión empeoró con la gestión libertaria, y 1 de cada 4 trabajadores respondió que sufrió agresiones o amenazas por su trabajo. En el Chaco, como en el resto del país, los periodistas que hacen su trabajo día a día enfrentan las mismas condiciones: salarios de pobreza, jornadas interminables y pluriempleo.
Este 7 de junio es un día para decir en voz alta que la democracia sin prensa libre es una carcasa sin alma. Y que una prensa libre no puede construirse sobre periodistas pobres, endeudados y amenazados. La pregunta que La Gazeta dejó instalada en 1810 sigue vigente: ¿quién les dice a los ciudadanos lo que está pasando? La respuesta es: hombres y mujeres que, a pesar de todo, siguen haciéndolo. Aunque no lleguen a fin de mes. Aunque los agredan. Aunque los demanden. A ellos, el reconocimiento de quienes los leen, los escuchan y los necesitan.
(Fuentes: Fopea – FATPREN – Sipreba).



