Santiago Peña llegó este jueves a Taiwán luego de una breve escala en Los Ángeles, donde participó de una cumbre del Instituto Milken y recibió un premio de la Fundación Magbit por su apoyo a Israel. Pese al jet lag, el presidente no perdió el tiempo y emprendió la primera de sus reuniones en Taipéi con el canciller taiwanés Lin Chia-lung, el exembajador en Paraguay José Han, hoy director para América Latina de la Cancillería, y su sucesor Iván Lee.
Sin embargo, la bilateral con su par taiwanés, Lai Ching-te, tendrá que esperar unos días. Peña ya mantuvo un encuentro con Joseph Wu, exministro de Exteriores y actual secretario general del Consejo de Seguridad Nacional de la isla y recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Taiwán Tech, donde fue recibido por la vicepresidenta Hsiao Bi-khim.
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La gira, por cierto, se da en un momento de creciente presión por parte de Beijing. La Cancillería china exigió esta mañana a Paraguay que se situase «cuanto antes del lado correcto de la historia» y rompiera relaciones con Taiwán, justo cuando Peña acababa de aterrizar en la isla, cuya autonomía es desconocida por la República Popular.
Se trata de la misma presión que experimentó Lai recientemente. El presidente taiwanés tuvo que reprogramar su viaje a Esuatini, un pequeño país en el sur de África y el último aliado de la isla en el continente, después de que Mauricio, Seychelles y Madagascar se negaran a concederle el paso por su espacio aéreo. Llamativamente, Alemania y República Checa tampoco le otorgaron los permisos de tránsito y la Cancillería de Taiwán tuvo que ingeniárselas.
El gobierno taiwanés le pidió al rey Mswati III de Esuatini -la última monarquía absoluta de África- su avión para que Lai pudiera llegar a destino el sábado pasado. El presidente volvió el martes a Taipéi en el mismo avión, escoltado por la viceprimera ministra de Esuatini, Thulisile Dladla, por una razón muy sencilla: los países que habían rechazado el permiso en una primera instancia no podían negarle el paso al avión oficial de un Estado soberano en el que encima viajaba una alta funcionaria.
La Cancillería china exigió a Paraguay que se situase ‘cuanto antes del lado correcto de la historia’ y rompiera relaciones con Taiwán, justo cuando Peña acababa de aterrizar en la isla
El vuelo de regreso emprendió ruta por el sur del Océano índico y luego sobrevoló el espacio aéreo de Australia, Indonesia, Malasia y Filipinas, cuatro países que si bien reconocen a China, tienen vínculos amistosos con la isla. «Los taiwaneses tienen derecho a relacionarse con el mundo», dijo Lai apenas pisó el aeropuerto internacional de Taoyuan y tras agradecerle a Dladla por secundarlo «después de un viaje de ida y vuelta de 25.000 kilómetros».
El contratiempo en la gira de Lai expuso la hostilidad en aumento a la que se enfrenta Taiwán, algo que el gobierno de la isla atribuye a China. En ese marco, la llegada de Peña adquiere una importancia capital para las autoridades taiwanesas, que buscan mitigar el aislamiento internacional y la pérdida progresiva de aliados formales.
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En la Universidad Taiwán Tech, Peña defendió la alianza histórica con la isla: «Paraguay y Taiwán comparten una amistad construida sobre una base sólida». Aunque la gira tiene un componente esencialmente comercial -el presidente viajó con más de 40 empresarios-, su presencia allí es un gesto simbólico de respaldo a Taipéi.
Paraguay es el único aliado diplomático de Taiwán en Sudamérica y China insiste para que el país siga los pasos de Panamá, República Dominicana, El Salvador, Nicaragua y Honduras, que en los últimos años rompieron vínculos con la isla. Para Peña, en cambio, la relación con Taiwán puede ser provechosa por la cooperación, las donaciones y, sobre todo, el potencial para la proteína paraguaya.



