Congratula encontrar entre los asistentes a la cabalgata del Pride de Barcelona familias de origen heterosexual mainstream normativas o como quieran llamarlas. A pesar de ello, la verdad es que no son muchas. “Bueno, hay que traer al chaval a estas cosas –dice un padre–, para que vea que en este mundo hay muchas maneras de ser…”. “Sí –añade una madre–, son cosas importantes. Al menos a mí me importa”. El chaval encoge los hombros.

Quizás sea la asignatura pendiente de este vistoso sarao en pro de la igualdad de derechos que este sábado surcó el centro de la ciudad. Afortunadamente alrededor de las carrozas sí que abundan los adolescentes. Hasta 140.000 personas acudieron a la cita. Porque en toda sociedad de verdad democrática la igualdad de derechos debería ser siempre una reivindicación general, colectiva y transversal, y no la queja, el lamento y/o el grito de rabia, por muy alegre que aquí parezca, de quienes de algún modo u otro sufren discriminaciones por sencillamente ser lo que son.

Además, las clases medias deberían ser conscientes de las múltiples posibilidades del todo desaprovechadas que ofrecen las camisetas de tirantes y rejilla, sobre todo en estos días tan calurosos. Un paseo por el Pride también revela que esta sociedad no está explotando todos los potenciales de los corpiños. Y también asistimos al desfile de fornidos jugadores de un equipo de rugby, de aficionados al látex con mascaras caninas y de un grupo de coloridos teletubbies. A este colectivo le acompañan cada vez más letras y siglas porque esta vida tiene muchas maneras de vivirse. Ah, no… esos muchachos son mossos d’esquadra de verdad.

De todas formas, cabe reconocerlo, no debemos engañarnos, últimamente corren tiempos muy oscuros, turbulentos e inquietantes. De ahí que está edición del Pride respire unos aires un tanto vintange propios de aquellos años en los que muchos tenían que pedir permiso hasta para respirar y que la reivindicación a la vieja usanza esté cobrando de nuevo protagonismo. Porque de un tiempo a esta parte muchos temen que los logros de los últimos años se encuentren en peligro, que la progresiva normalización de determinadas posturas nos lleve de nuevo a la casilla de salida. Los más mayores son bien consciente de ello.
De ese modo los algoritmos siempre tan amigos de convivencia y la armonía insisten estos días en bombardearnos con post del tipo “y de qué demonios se enorgullecen ¿de embadurnarse de aceite para subir en tanga a una carroza?”. Algunas lecciones básicas: la eme con la a hace ma… y el respeto al diferente no va ligado a los gustos propios. Que no te guste llevar corpiño no legitima para atacar a quien lo lleve. Hasta el alcalde Jaume Collboni subrayó este sábado en sus declaraciones a los medios que la igualdad de derechos se encuentra amenazada, y que Barcelona ha de continuar siendo un referente de esta lucha. Barcelona ya suma medio siglo de cabalgatas reivindicativas. La primera manifestación de España en pro igualdad de derechos tuvo lugar en la Rambla a finales de los años 70.

Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.



