El puerto se renueva con bares en el Moll de la Fusta y más formación náutica y economía azul

La ciudad es un ser vivo que va generando nuevas centralidades. Nacen barrios, se crean áreas de negocios, zonas tecnológicas, logísticas; aparecen estaciones de tren que modifican vecindarios enteros, se actualizan calificaciones urbanísticas para albergar zonas verdes o equipamientos, se limitan usos para evitar monocultivos comerciales y turísticos.

Barcelona, en definitiva, es un ente cambiante que intenta, no siempre con éxito, mantener un cierto equilibrio entre todos los usos que alberga. Lo mismo sucede con las infraestructuras. Y si muchas décadas atrás el puerto concentraba su actividad dentro del núcleo urbano, ahora ya se ha trasladado hacia el Llobregat, fenómeno que lleva asida la oportunidad de que muelles y ciudadanía mariden mejor en un entorno singular.

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Ahora se da un paso más con una nueva modificación del plan especial que regula varias áreas del Port Vell y de la nueva bocana. Entre otras cosas, el Moll de la Fusta ganará vida con restauración y equipamientos de bolsillo gracias a la renovación de las pérgolas de madera, incluida la gamba de Mariscal, y la economía azul y la formación náutica darán un salto adelante. También se determina la volumetría definitiva del edificio en el que hace unos años, en una antológica polémica social y política, pretendía instalarse una franquicia del Hermitage

La calle Escar, ahora considerada un 'cul de sac', da acceso a la Torre del Rellotge y el muelle de Pescadors

La calle Escar, ahora considerada un ‘cul de sac’, da acceso a la Torre del Rellotge y el muelle de Pescadors

Llibert Teixido

El Ayuntamiento y el puerto de Barcelona llevan tiempo debatiendo la manera de que las instalaciones portuarias, dentro de sus posibilidades, sean cada vez más porosas. En febrero del 2025, por citar un ejemplo reciente, se abrió un corredor para acceder al muelle de Pescadors y poder ver desde debajo la Torre del Rellotge, el que fuera uno de los primeros faros del Mediterráneo. Si no lo conocen, vale la pena. 

Nuevo atractivo

La Torre del Rellotge, ya transitable hasta el muelle de Pescadors, ganará amplitud y mayor acceso ciudadano

En este ámbito están por llegar novedades importantes. La primera, una nueva alfombra urbana en la calle Escar, la que conecta Joan de Borbó con este embarcadero. Ahí el puerto destinará cuatro millones de euros para que la vía, que en los últimos meses ya ha tenido una actuación de ampliación de aceras, sea de plataforma única y la explanada de la Torre del Rellotge gane amplitud. En definitiva, que esto no se perciba desde la diminuta rotonda de la Barceloneta como un cul de sac que no conduce a ninguna parte. 

La modificación del plan especial también contempla aumentar el techo del nuevo edificio del Institut de Nàutica, cuyas obras están previstas a partir del 2028, en el que los alumnos podrán poner en práctica todo lo que ya absorben en las aulas. Dispondrá de 3.900 m2 y tiene un presupuesto asignado, también a cargo del Port de Barcelona de cuatro millones.

Plusvalías

La modificación del plan especial prevé que el puerto pague el nuevo edificio de prácticas del Institut de Nàutica

Junto a la facultad, en el muelle de la Barceloneta, está previsto dar un impulso a la economía azul con la eliminación de los pañoles (los pequeños almacenes situados en los muelles) por negocios ligados al mar. “No tiene sentido tener almacenes cerrados que no aporten valor”, sostiene un portavoz del puerto. El nuevo plan especial también prevé abrir al público los locales de restauración a los que ahora solo pueden acceder usuarios de la Marina Port Vell, sin que se les permita la actividad de sala de baile o discoteca. 

A la derecha, los edificios que se derribarán para que la vista de Barcelona sea más diáfana desde la rampa ciudadana

A la derecha, los edificios que se derribarán para que la vista de Barcelona sea más diáfana desde la rampa ciudadana

Llibert Teixido

Los nuevos acuerdos con la ciudad coinciden con la hoja de ruta que el puerto marca en su plan estratégico 2025-2030, que incluye una veintena de medidas que van desde el Bus Náutic, estrenado en julio del 2024 (en el 2025 registró un total de 220.000 viajeros), hasta la remodelación integral del Maremagnum o la renovación de la nueva bocana. En esta zona es donde se quería instalar una franquicia del museo Hermitage, iniciativa que fue tumbada por el Ayuntamiento en el 2021.

Volumetría

El edificio al que aspiró el museo del Hermitage gana altura pero sigue sin novias a la vista por su difícil ubicación

La modificación del plan especial aumenta la volumetría del edificio para equipararlo a la altura del Parc de Tecnología Marítima, previsto justo al lado y con el inicio de las obras marcado para este mismo año. Lo que pretendían los fondos de inversión para instalar una versión mediterránea del museo de San Petersburgo sigue sin novia. Es decir, el continente está definido, pero no hay contenido a la vista. No ayuda que la nueva bocana no se haya convertido todavía en un lugar recurrente, tanto para los ciudadanos como para los turistas. El solar, hasta nueva orden, o hasta que los responsables del puerto decidan promoverlo por su cuenta, seguirá en barbecho. 

Lo que sí está en agenda es el derribo de las construcciones efímeras levantadas con motivo de la Copa del América de vela en el varadero del muelle de Llevant. Faltan como mínimo tres años para proceder a la demolición, pues ahí operan ahora varias empresas náuticas y antes se tienen que levantar las nuevas naves en los extremos de esta gran losa para que hagan la mudanza y sigan con su apuesta por la economía azul. 

La Torre del Rellotge, el que fue el primer faro del Mediterráneo, de acceso público

La Torre del Rellotge, el que fuera uno de los primeros faros del Mediterráneo, de acceso público

Llibert Teixido

El espacio derruido quedará diáfano –se usará para reparación de embarcaciones pero con mucho menor impacto visual–, de manera que desde justo encima se pueda disfrutar, a través de la rambla y el edificio mirador, de las vistas de la ciudad sin tropezones. En el clásico rompeolas, la modificación del plan especial dibuja un nuevo muelle destinado a acontecimientos náuticos con más de 5.000 m2 de suelo (antes eran 675 m2). En resumidas cuentas, la nueva bocana trata de crear una nueva centralidad urbana, más accesible y con más espacio para negocios atados al mar.

La compensación de plusvalías obtenidas por el puerto, más allá de las mejoras urbanísticas y la apuesta por el Institut de Nàutica, permitirá restaurar las cinco pérgolas del Moll de la Fusta. Este paseo, diseñado por el arquitecto Manuel de Solà-Morales e inaugurado hace casi 40 años (enero de 1987) coincidiendo con una llegada de los Reyes Magos a Barcelona, sigue sin dar con la tecla para dejar de ser una zona de paso. La presencia de la abigarrada ronda Litoral (cambio de altura incluido), un exceso de asfalto y la ausencia de vida comercial o de restauración atractiva, mantienen la zona en una suerte de letargo ciudadano. 

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La modificación del plan especial destina 200.000 euros (a cuenta del puerto) para restaurar las cinco pérgolas, incluida la que todavía soporta la gamba de Javier Mariscal, que ejercía de techo del restaurante Gambrinus. A finales del siglo XX, vencida la concesión, el Ayuntamiento decidió vaciar de bares el paseo, y las estructuras se convirtieron en esqueletos de madera. Algunas de ellas, por su mal estado, están cerradas al público, como es el caso de la del crustáceo gigante. 

Zona de la nueva bocana en la quería instalarse una filial del Hermitage de San Petersburgo

Zona de la nueva bocana en la quería instalarse una filial del Hermitage de San Petersburgo

Llibert Teixidó

El acuerdo entre el puerto y el Consistorio prevé recuperar alguno de estos bares de primera línea de mar, aunque falta concretar la cantidad y la ubicación. También albergarán usos deportivos y culturales, según indica el portavoz portuario. Es probable que este sea uno de los puntos que más controversia genere cuando llegue el momento de aprobar el acuerdo en el pleno municipal, puesto que Ciutat Vella ya tiene su propio plan de usos, que es especialmente restrictivo con cualquier idea ligada a la restauración. 

La comisión de gobierno local ya ha dado su plácet inicial a los cambios de la relación entre la ciudad y sus muelles urbanos. Ahora es el momento de atender las alegaciones que entren por la vía de la exposición pública. Para, en verano, asumir el trámite de la votación política final. “De lo que se trata –zanjan desde el puerto– es de abrirse más a la ciudad. Y potenciar la economía azul”.

Redacción

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