El gobierno argentino inició recientemente una nueva cruzada contra Reino Unido por las Malvinas al anunciar –entre otras medidas– sanciones a las empresas que trabajen en el país y también tengan contratos en las islas.
La ofensiva se enmarca dentro del reclamo histórico y ha tenido varios coletazos geopolíticos, incluido uno que involucra a Donald Trump por las insinuaciones de los intereses de Estados Unidos en la región en el marco de la “doctrina Donroe”.
A su vez, ha dejado a varios países de la región en la mira –entre ellos Uruguay– por el rol que ocupan sus aeropuertos y puertos en el abastecimiento británico de las islas.
Si bien los países apoyan la causa y lo manifiestan de forma activa en los foros regionales y multilaterales, permiten a Inglaterra aterrizar y atracar aviones y buques que van o vienen a las Malvinas por “razones humanitarias” en base a convenios internacionales.
La pasividad de los países es observada con recelo por los argentinos, que considera abusos dentro de la buena fe.
En el caso uruguayo, la polémica alcanza al stand británico en la Expo Prado donde suele invitar a conocer las Falklands y su cultura, lo que genera planteos de la embajada argentina en Montevideo.
El cable submarino
A esto, que se repite año a año, se sumó este 2026 una polémica por las tareas de exploración de un buque holandés que ha frecuentado las islas y el principal puerto uruguayo.
La información fue publicada por ElDiarioAr y señala que la exploración obedecía a que Reino Unido estaba avanzando en la instalación de un cable submarino entre las Malvinas y Uruguay.
Sin embargo, en el gobierno de Yamandú Orsi niegan que eso sea así. El presidente consideró que era una “noticia falsa”, aseguró que nunca hubo planteo de Reino Unido y reiteró que la posición de Uruguay es que las Malvinas “son argentinas”.
El director nacional de Telecomunicaciones, Pablo Siris, dijo a El Observador que el buque está haciendo estudios en aguas territoriales para el eventual tendido de un cable que conecte Estados Unidos, Uruguay y África con un ramal que ingrese a aguas argentinas.
Siris señaló que el proceso está en un ámbito de “etapa previa” ya que recién se está realizando la investigación científica y luego se debe presentar la solicitud de tendido, que debe ser aceptada por el Ministerio de Industria.
El jerarca enfatizó en que no hay propuesta de cable entre Montevideo y Malvinas.
En el gobierno uruguayo no llamó la atención que el Fugro Supporter haya salido de las Malvinas –donde estuvo entre mayo y junio realizando tareas de exploración– hacia Montevideo porque es un buque que suele hacer estudios para “distintas empresas y países en toda la costa atlántica”.
De hecho, ya realizó tareas de exploración en nuestras aguas en el año 2010 tras firmar uno de los contratos “multicliente” que ofrece Ancap en el marco de su estrategia de búsqueda de hidrocarburos.
Los registros de la Administración Nacional de Puertos (ANP) muestran que el buque recaló en Montevideo en cuatro ocasiones: en abril y diciembre de 2025 y en agosto y setiembre de 2026.
Todas las entradas fueron para abastecimiento, combustible, reparaciones y servicios de asistencia marítima y en la de agosto vino directamente desde Malvinas, lo que alimentó las sospechas de medios isleños. El reporte de Marine Traffic –a partir de la información de su satélite– muestra que actualmente está recorriendo las costas de Punta del Este.
Los vuelos
Pero el punto de mayor sensibilidad se da con los vuelos de la Fuerza Aérea Real británica que llegan desde las Malvinas. Argentina monitorea cada uno y solicita información sobre su naturaleza. Según supo El Observador, la respuesta oficial –siempre bajo el rótulo de confidencial– es que las operaciones se autorizan por carácter sanitario o humanitario en base al convenio sobre Aviación Civil Internacional de Chicago. Los pacientes se atienden en el Hospital Británico.
En caso de no ser así, los argentinos suelen transmitir a Uruguay su protesta, ya que existe un compromiso a nivel Mercosur de no permitir que haya vuelos militares que usen aeropuertos de la región –lo mismo pasa con los puertos– como forma de no apoyar la “presencia militar ilegítima” de los británicos en el Atlántico Sur.
De hecho, a comienzos de 2025 Argentina expresó su preocupación porque durante 2024 hubo una elevada frecuencia de vuelos humanitarios, dijeron a El Observador fuentes diplomáticas uruguayas. Eso derivó en gestiones de Uruguay con la embajada británica y los vuelos disminuyeron –la frecuencia aumentó en Río de Janeiro– aunque este año volvieron a aumentar.
Lo que levanta sospechas –y en algunos casos molestia– es que los vuelos humanitarios son sistemáticos. Los reportes de aterrizajes muestran que en la actualidad son prácticamente dos por mes.
El último foco se refiere al recambio de aeronaves, que Reino Unido realiza una o dos veces al año. Esos vuelos son declarados “humanitarios” y autorizados por Uruguay aunque para Argentina son de logística militar –porque esas son las tareas que realiza aunque también sirva para evacuaciones humanitarias–.



