La última vez que la Fórmula 1 corrió en la Argentina fue en 1998. En el Autódromo Oscar y Juan Gálvez, con tribunas llenas, sonido de motores V10, una ciudad todavía acostumbrada a mirar los grandes premios como parte de su calendario deportivo y Michael Schumacher ganando con Ferrari. Después de eso, el silencio. O, mejor dicho, una larga sucesión de intentos, carpetas, renders, anuncios, reuniones y proyectos que nunca terminaron de cruzar la línea de largada.

Durante casi tres décadas, cada sueño de regreso tuvo una lógica parecida: primero conseguir el visto bueno de la organización del campeonato y después construir o adaptar el circuito. En esa bolsa entraron planes para remozar el autódromo porteño e incluso proyectos que miraron hacia Mar del Plata como posible escenario. Siempre faltaba algo. El acuerdo, el dinero, el trazado, el tiempo, la decisión política o una mezcla de todo eso.
Ahora, la ecuación cambió. La Ciudad no está esperando que la Fórmula 1 diga que sí para recién después mover tierra. Está reconstruyendo el Gálvez para que el autódromo quede a la altura de los estándares internacionales. El primer objetivo concreto es el MotoGP, que ya tiene a Buenos Aires en su horizonte para abril de 2027. El objetivo más ambicioso es otro: lograr la homologación Grado 1 de la Federación Internacional del Automóvil, la llave técnica que permite recibir a la F.1.
La obra impresiona por escala y por simbolismo. Son 100 millones de dólares de inversión, 150 personas trabajando a diario y un plazo exigente: comenzó en enero de 2026 y apunta a estar terminada hacia fines de enero de 2027. No se trata de una lavada de cara ni de pintar pianos para la foto. Es una reconstrucción profunda del circuito, de su infraestructura, de sus accesos, de sus sistemas de seguridad y de su capacidad para recibir eventos de nivel mundial.
El Gálvez, que durante años pareció vivir más de su memoria que de su presente, está siendo intervenido en casi todos sus frentes. La pista tendrá un nuevo asfalto de tres capas: una base C-19 de 8 centímetros, una intermedia C-12 de 5 centímetros y una carpeta final C-12 de 4 centímetros, con mezcla HIMA y ocho por ciento de polímero. Traducido al lenguaje de un espectador común: no es solo “poner asfalto nuevo”, sino crear una superficie específica para soportar las exigencias de autos y motos de máxima velocidad.

También se instalarán 4.400 metros de pianos ajustados a las demandas de la FIA y de la Federación Internacional de Motociciclismo. El ancho de pista será de 18 metros en la recta principal y de 12 metros en el resto del trazado. La seguridad, uno de los puntos más sensibles para cualquier circuito moderno, incluirá defensas con muñecos de goma y Tech-Pro, camas de leca, muros, vallas de contención de al menos 12 metros y nuevos sistemas homologados.
El proyecto contempla dos configuraciones. Para MotoGP, el circuito tendrá 4,3 kilómetros, 14 curvas (ocho a la derecha y seis a la izquierda) y velocidades máximas cercanas a los 300 km/h. Las fechas probables para el desembarco del Mundial de Motociclismo son el 4 o el 11 de abril de 2027. Para una eventual carrera de Fórmula 1, el trazado crecerá hasta los 4,9 kilómetros, con 15 curvas (nueve a la derecha y seis a la izquierda). En ese caso, los autos podrían superar los 340 km/h.
Uno de los sectores clave será la futura horquilla, pensada con 10 grados de peralte. También aparece como punto técnico relevante la curva 9, que tendrá una pendiente longitudinal del 4,2 por ciento y un peralte del 4 por ciento. Son detalles que quizás no aparezcan en una postal de Instagram, pero que explican por qué esta obra no apunta solamente a embellecer el predio. Busca crear un circuito capaz de pasar exámenes internacionales.

La transformación también se verá fuera de la pista. El nuevo sector de boxes tendrá 32 garajes de 7 metros de frente cada uno. Todo ese conjunto ocupará 12.047 m2 cuadrados cubiertos y 6.214 m2 descubiertos. Además, avanzan las obras del Race Control, el edificio desde donde se coordina la actividad deportiva, se controlan banderas, cámaras, incidentes y decisiones operativas durante cada evento.
Otro de los cambios más importantes será el nuevo túnel bajo pista, pensado para vincular el acceso desde Avenida Roca con la zona de paddock de manera segura y directa. Tendrá 4,6 metros de alto, 11 metros de ancho, dos carriles de 3,6 metros cada uno y una vereda peatonal de 2,6 metros. Será apto para tránsito pesado, una condición indispensable para el movimiento de camiones, equipos, proveedores y estructuras internacionales.
El drenaje también es una mega obra silenciosa, pero fundamental. El sistema contará con 18.000 caños conectados a dos cuencas, una decisión clave para evitar que una lluvia intensa transforme un evento internacional en un problema logístico. En el deporte motor moderno, la pista empieza mucho antes del cordón externo: empieza en lo que no se ve, en el agua que debe irse rápido, en los accesos, en los servicios y en cada detalle de operación.

La capacidad prevista también muestra el tamaño de la apuesta. Para MotoGP se estima una convocatoria de entre 80.000 y 90.000 personas por día. Para una eventual fecha de Fórmula 1, el número podría trepar hasta 150.000. Las 14 tribunas existentes serán mejoradas, aunque todavía no se confirmaron los detalles finales, y se sumarán tres gradas edificadas y 29 tribunas tubulares. También habrá dos nuevos accesos: uno sobre Avenida 27 de Febrero y otro sobre Avenida Roca al 5900.
El proyecto obliga, además, a reorganizar parte del predio. El kartódromo será reubicado en el Parque Rivera Sur porque la extensión del trazado necesita avanzar sobre ese sector para estirar la recta opuesta e incorporar la nueva horquilla. A cambio, se construirá un nuevo kartódromo con homologación internacional diseñado por Tilke, la firma alemana especializada en circuitos que participa del proyecto de remodelación. Durante la transición, la Ciudad también prevé un kartódromo provisorio para sostener la actividad.
En el plano político y comercial, la obra ya se mueve en dos velocidades. Por un lado, la meta inmediata: que MotoGP llegue en abril de 2027 y que Buenos Aires vuelva a aparecer en el mapa grande del deporte motor mundial. Por otro, la jugada de fondo: tener el Gálvez listo para la Fórmula 1.

Ahí aparece el factor Liberty Media. La compañía que organiza la Fórmula 1 también es dueña de MotoGP, lo que genera un vínculo directo con los promotores argentinos que ya trabajan en el desembarco de las motos. Además, el Gobierno de la Ciudad y los promotores mantuvieron reuniones con Liberty por el posible regreso de la máxima categoría.
El entusiasmo no nace solo de una obra. También hay un dato emocional que la Fórmula 1 no pasó por alto: las 600.000 personas que reunió Franco Colapinto en su road show de abril en Palermo. Aquella marea humana alrededor de un auto de F.1 funcionando en plena Ciudad dejó una señal potente. Argentina no solo tiene historia. Tiene público, deseo y un piloto capaz de encender una conversación internacional.
Ahora bien, conviene separar sueño de confirmación. La Fórmula 1 no tiene anunciada una carrera en Argentina. La posibilidad de 2027 existe apenas como una ventana muy pequeña, atada a un contexto internacional inestable. La guerra en Medio Oriente ya obligó a la categoría a mover piezas de su calendario, como sucedió con el GP de Bahréin, que fue reubicado en Sepang, Malasia. Si esa situación se prolonga y la F.1 necesita alternativas mientras baja a Sudamérica para correr en Brasil, Buenos Aires podría aparecer como una opción. Es una chance mínima, pero ya no imposible desde lo técnico.

Si ese escenario no se abre para 2027, el trabajo apunta a 2028. Las conversaciones están en marcha y, por primera vez en muchos años, Argentina no llega a la mesa solo con una promesa. Llega con una obra real, con maquinaria trabajando, con edificios en construcción, con pista rediseñada y con un calendario inmediato que tiene al MotoGP como prueba de fuego.
Esa es la diferencia central con todos los intentos anteriores. Antes se decía: “Si viene la Fórmula 1, hacemos el circuito”. Ahora el mensaje parece ser otro: “Estamos haciendo el circuito para que la Fórmula 1 pueda venir”.
La remodelación del Gálvez es la más grande en sus 74 años de historia. Y aunque todavía falte camino, algo ya cambió. Buenos Aires dejó de mirar su pasado fierrero como una foto amarillenta y empezó a construir una posibilidad concreta. Primero serán las motos. Después, quizás, los autos más famosos del mundo.
La Fórmula 1 todavía no volvió. Pero esta vez, cuando el sueño golpee la puerta, el autódromo puede estar listo para abrirla.

