El Observatorio Neil Gehrels Swift hizo su última observación el 20 de octubre y orbita a menos de 275 kilómetros de la Tierra. La NASA espera que reingrese en las próximas semanas; por ahora no se precisaron fechas ni lugares de caída.
El Observatorio Neil Gehrels Swift de la NASA concluyó su misión científica y se espera que reingrese en la atmósfera en las próximas semanas. Orbita a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre, una altura en la que la mayor resistencia atmosférica impide que sus telescopios mantengan una observación estable de los objetivos astronómicos.
La posibilidad de que el equipo se estrelle contra el suelo encendió la alerta en el ámbito espacial. Swift realizó su última observación el 20 de octubre, y desde entonces la nave quedó sin capacidad de seguir con su trabajo científico.
Hasta el momento no hay datos confirmados sobre el día ni el lugar donde podría producirse el reingreso. Lo único que se precisó es que sería en las próximas semanas.

Tampoco se informó si la Ciudad de Buenos Aires o la Argentina están dentro de la zona de riesgo. Sin información oficial, no hay elementos para hablar de un peligro concreto en la región.
Swift fue lanzado el 20 de noviembre de 2004 y comenzó a operar el mes siguiente. Estaba diseñado para una misión principal de dos años, pero siguió siendo productivo durante más de 10 veces ese tiempo. En 2018, tras el fallecimiento de su primer investigador principal, Neil Gehrels, la NASA le cambió el nombre en su honor.
Fue pensado para estudiar los estallidos de rayos gamma, explosiones que aparecen y desaparecen tan rápido que nadie podía apuntarles con grandes telescopios. Según explicó S. Bradley Cenko, investigador principal de la misión en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, Swift debía detectarlos, comunicar su posición a otros observatorios y orientar sus propios telescopios hacia ellos, algo que por lo general le tomaba alrededor de un minuto.
Swift observó más de 2.000 estallidos de rayos gamma y estudió más de 1.400 explosiones de supernovas. También registró estrellas desintegradas por agujeros negros, monitoreó galaxias activas, realizó un sondeo en rayos X de todo el cielo y estudió asteroides y cometas. Sus datos contribuyeron a cerca de 7.000 artículos científicos.
Uno de sus hitos fue en mayo de 2005, con el estallido GRB 050509B, que duró apenas 0,03 segundos. Swift detectó 11 fotones de rayos X y se convirtió en el primero en captar el resplandor residual de un estallido corto. Esas observaciones validaron modelos teóricos según los cuales estos estallidos probablemente provienen de la fusión de dos estrellas de neutrones.
Su sistema de planificación permitía programar observaciones de “objetivos de oportunidad” desde tierra en cuestión de minutos, hasta 75 objetivos independientes por día. John Nousek, director de operaciones de la misión y profesor en Penn State, destacó la velocidad de respuesta del hardware y el trabajo en equipo del personal de operaciones.
Shawn Domagal-Goldman, director de la División de Astrofísica de la NASA, señaló que Swift fue parte de una revolución en la astrofísica que mostró lo cruciales que son las observaciones de respuesta rápida. Agregó que la agencia explora cómo ampliar su flota de telescopios espaciales, con capacidades comerciales de rápido despliegue en órbita y nuevas misiones, y que el archivo de Swift seguirá impulsando descubrimientos durante décadas.
El archivo reúne cerca de 22 años de mediciones del brillo de estallidos cósmicos, espectros en diferentes longitudes de onda y más de 1,5 millones de imágenes de su telescopio ultravioleta/óptico. Abarca unos 12 terabytes, equivalentes a unas 600 películas en alta definición, y está disponible públicamente.
Cuando haya precisiones de la NASA sobre la trayectoria y el momento de reingreso del telescopio, VIVE va a actualizar esta nota. Más información sobre la misión, en inglés: nasa.gov/swift.



