Comúnmente, cuando se habla sobre Planificación Familiar (PF), se hace énfasis en la importancia del acceso y uso de anticonceptivos por parte de las mujeres. Esto, sin duda, es importante, debido a que el derecho a los métodos anticonceptivos garantiza que ellas puedan decidir sobre el número de hijas o hijos y el momento de tenerlos, sobre todo cuando se trata de una decisión propia, ejerciendo con ello su derecho a la salud sexual y reproductiva.
Sin embargo, la PF suele ser compleja y desigual cuando una pareja decide ya no tener hijas o hijos, debido a que, como ya se mencionó, el uso de anticonceptivos recae principalmente en la mujer, ya sea mediante pastillas, implantes o el DIU.
La PF es disímil porque, a pesar de que existe la vasectomía como método anticonceptivo seguro y poco invasivo para el varón, ya que no requiere tomar medicamentos ni colocarse objetos extraños en el cuerpo, el uso de la esterilización masculina como método de PF sigue siendo muy bajo. Desde este marco y recordando que el próximo 19 de noviembre se conmemora el Día Mundial de la Vasectomía, en esta ocasión reflexionaremos sobre el tema.
¿Cómo funciona este método?
Brevemente, la vasectomía, según los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés), es un método anticonceptivo para los hombres que consiste en una intervención quirúrgica ambulatoria en la cual se hace un corte en los conductos deferentes, encargados de transportar los espermatozoides desde los testículos.
Es decir, el corte de los conductos evita que los espermatozoides lleguen al líquido seminal, por lo que, al momento de la eyaculación, el semen no contiene espermatozoides y, con ello, se evita el embarazo.
Como se puede observar, es un procedimiento poco invasivo para los varones, con una alta probabilidad de efectividad para evitar embarazos no planeados. Si esto es así, deberíamos preguntarnos por qué el uso de este método es tan bajo.
Pero, primeramente, conozcamos el panorama en cifras de América Latina y, en específico, de México sobre el uso de la vasectomía. En un artículo publicado en julio de 2022 en la revista médica The Lancet se expone que la vasectomía como método anticonceptivo es poco utilizada en países latinoamericanos. Por ejemplo, en Chile, Perú, Argentina y Venezuela, su representatividad no alcanza ni el 1%; en México, apenas llega al 1.2%. Siguiendo con México, los datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) revelaron que, en 2018, solo el 3.6 por ciento de los hombres en edad reproductiva consideró la vasectomía como método anticonceptivo. Según la Secretaría de Salud, en promedio se realizan entre 10 mil y 15 mil vasectomías al año.
Por su parte, el Centro Nacional de Equidad de Género y Salud Reproductiva (CNEGSR) menciona que a nivel nacional se ha registrado un incremento de los procedimientos de esterilización masculina, al pasar de 28 mil 478 a 47 mil 455 en varones de 18 a 75 años entre 2018 y 2022. Este incremento representó un 66% y, entre 2019 y 2022, se realizaron 143 mil vasectomías. A pesar de que a nivel nacional van en aumento los procedimientos de esterilización masculina, la Secretaría de Salud hace referencia a que solo el 2% de los hombres recurren a la vasectomía como método de PF, por lo que la mayor responsabilidad del uso de anticonceptivos recae en las mujeres.
Los mitos, la principal barrera
Ahora sí, pasemos a algunas de las razones por las cuales los varones no consideran la vasectomía como una opción de Planificación Familiar. Sin duda, la negativa a realizarse este procedimiento está relacionada con las percepciones y los mitos generados alrededor de este método anticonceptivo en sociedades machistas, donde se les exige a los hombres demostrar su virilidad.
Por ejemplo, algunos varones creen que realizarse la vasectomía afectará su actividad sexual, ya sea por una disminución de la libido o de la cantidad de semen, o incluso que podría provocar impotencia sexual. Todo lo anterior forma parte de los mitos que consideran que este procedimiento amenaza la virilidad de los hombres.
Sin embargo, se ha demostrado científicamente que no causa ningún efecto que afecte su vida sexual. Por el contrario, al ser un método de planificación familiar con una eficacia del 99%, permite que el disfrute de la vida sexual de ambos integrantes de la pareja sea más placentero, al no tener que preocuparse por un embarazo no planeado.
Para que la vasectomía sea considerada entre las primeras opciones como método de PF, es necesario un cambio cultural hacia una corresponsabilidad anticonceptiva por parte de los hombres, descargando así a las mujeres de la responsabilidad exclusiva en la prevención de embarazos no planeados. Lo anterior contribuiría significativamente a la equidad de género y al ejercicio efectivo de los derechos sexuales y reproductivos, tanto de mujeres como de hombres.
Para que esto tenga éxito, es necesario que los servicios de salud, no solo los de Planificación Familiar, sino también los de Ginecología y Urología, brinden acompañamiento con perspectiva de género, en el que se presente la vasectomía como una opción paralela a la esterilización femenina (salpingoclasia), la cual, como ya se mencionó, ocupa la primera opción para el personal de salud cuando la pareja decide no tener más hijas o hijos.
Sin duda, una decisión favorable hacia el uso de la vasectomía por parte del varón marca una diferencia en la participación de ambos integrantes de la pareja en el cuidado de su salud sexual y reproductiva.
COMO NOTA DE CONTEXTO
Mayra Chávez Courtois es doctora en Ciencias Antropológicas por la Universidad Autónoma Metropolitana Iztapalapa, en la Ciudad de México, con una especialización en Estudios de la Mujer por la UAM Xochimilco. Investigadora en Ciencias Médicas en el Instituto Nacional de Perinatología, con enfoque en salud sexual y reproductiva, embarazo adolescente, morbimortalidad y salud materna desde una perspectiva sociomédica, cultural y de género. Perteneciente al Sistema Nacional de Investigadores Nivel 1 y vocal del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad (AMIINSHAE, A.C.). Es autora del libro “Infertilidad y Reproducción Asistida: Una mirada antropológica. Dimensiones del cuerpo, género y parentesco”.



