Mientras en el Liceu, Christof Loy nos propone un joven Werther en la emocionante interpretación de Xabier Anduaga, en el Tribunal Supremo, un viejo Werther también actuaba. El primer Werther ama a Charlotte y se quita de en medio, mientras José Luis Ábalos dice, quizás, la verdad que necesita sustraer del escarnio: su amor por Jéssica. El joven Werther disculpa de su suicidio a Charlotte, casada con otro, atada a la promesa de una madre muerta. Ábalos, nuestro viejo Werther, disculpa de sus declaraciones, de las mentiras que –según él, coaccionada– ha tenido que decir su amada para defenderse. Jéssica era una dentista sin trabajo, quizás enamorada. Werther la redime: no importa que mientas si así te salvas. Es mucho más generoso que el Werther de Anduaga.
]]>



