A las casi cinco horas de partido, Novak Djokovic (39) entiende que no puede seguir soñando. En París no están el lesionado Alcaraz ni el sofocado Sinner, y por eso se le han abierto varias puertas hacia el 25.º título de un grande, el triunfo que le permitiría desempatar con Margaret Court. Sin embargo, aquí aparece João Fonseca, otro portentoso teenager que lleva tiempo apuntando maneras, abundando en las quinielas de quienes vaticinan el futuro, y que ahora, en la Philippe Chatrier, ha decidido acelerar los tempos.
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