Franco Nicolás Agostinelli es de Ensenada, de la zona de Plaza San Martín, donde los amigos de toda una vida lo conocen por “Batu” y porque, durante la estadía de Diego Armando Maradona en Gimnasia, el destino lo llevó a ser el peluquero del recordado ídolo. Su personalidad no cambió después de aquella experiencia que se la agradeció al universo. Y el look del 10 quedó registrado para siempre en las fotos y en el alma de todo aquel que rememore esos días de fines de 2019 y parte de 2020 cuando Diego había decidido «copiar» el corte que llevaba Eric Ramírez, uno de los delanteros del plantel.
Franco o el “Batu” nació el 11 de mayo de 1993, precisamente cuando Diego decidía volver a jugar y lo tenía el Sevilla. Sin embargo, el peluquero lleva tan presente el día de su nacimiento como aquel otro que se tatuó: 3 de diciembre de 2019. “Uno de los mejores días de mi vida, cuando conocí a Maradona”. Pero no sería la única vez.
El peluquero que hoy tiene dos sucursales (Ensenada y La Plata, esta última inaugurada la semana pasada en calle 55 entre 4 y 5) se presentó diez veces ante la figura mundial. “Cuestión de numerología”, dice. Seis veces en Estancia Chica y cuatro veces en la casa que tenía en un country de la Ruta 2 mientras conducía a Gimnasia—. “Mi peluquería se llama 10 en homenaje a él y a todos los que se calcen la 10 en la cancha y en la vida. Abrí a fines de 2016 y llegaremos a los diez años, falta poco tiempo, no soy muy de las fechas, pero coincide con la época en que empecé con mi novia”, describe a Vive La Plata.
“Uno creció, consciente o inconscientemente, escuchando La Mano de Dios, y las hazañas que hacía Diego en su vida deportiva y personal. Lo veía desde chico en televisión, como todos los argentinos a los que nos gusta el fútbol, pero cuando lo conocí fue un antes y un después”.

A Maradona le gustó la sencillez y la buena onda natural que el juvenil le dispensó desde un primer momento. Y porque venía recomendado por una promesa futbolística albiazul que iba subiendo de reserva a primera, Matías Gómez —hoy en un club de Bosnia—, oriundo ensenadense igual que Franco. “Vivía cerca de casa y justo lo habían subido a primera cuando empezó a ir a la peluquería, y pegamos una buena amistad. Matías hizo un gol en Copa Argentina en 2018; el primer partido de esa Copa lo ganamos con gol de él, en Neuquén, contra Olimpo, y yo estuve ahí. En esa Copa después terminamos en la final en Mendoza”.
Menos de un año había pasado de esa definición frente a Rosario Central, cuando Maradona fue anunciado DT tripero en reemplazo del Indio Ortíz. A partir de allí los planetas se alinearon y un buen día el peluquero decidió llegar a Abasto para descubrir al astro, su máximo ídolo. “Tuve la suerte de charlar, sacarme una foto y ya el sueño estaba cumplido. Después cortarle el pelo fue un regalo extra de la vida”. En total se dieron una decena de encuentros antes y después del confinamiento por el coronavirus. “Al levantarse la pandemia fui unas veces más, pero cuando se volvió para Buenos Aires perdí el contacto y tiempo después vino su partida, un dolor que me tocó como te puede pasar con un familiar”.
Franco nació Tripero y en su infancia convivió en el mágico mundo del fútbol platense de cancha de siete. Jugó para el Club La Curva. Luego no se enganchó a la competencia juvenil con Porteño y Cambaceres (tres escudos deportivos de su ciudad) pero terminó pronto “porque me gustaba más jugar en la calle». Valoró de esa época que se lleva bien con todos los pibes, los cuales hoy seguramente van a llenar de mensajes el celular de «Batu» en el día Internacional del peluquero.

¿Cómo apareció la tijera como una opción laboral? “El papá de un amigo era peluquero y yo iba por las tardes a pasar un rato o a cortarme el pelo. Ahí me di cuenta que me gustaba la dinámica del trabajo, la manera de manejarse con sus clientes y creo que yo empatizaba con eso porque creía que era capaz de hacerlo. Un día seguí el instinto y funcionó. Hice varios cursos de capacitaciones con distintos profesionales y la experiencia del día a día, que es lo mejor. Los cursos eran unisex, pero me dediqué solo a la rama de la barbería, de la peluquería de hombre, y no tanto a la mujer o al color y tratamientos en pelos largos sino más bien a lo sencillo, a los muchachos, a charlar y a generar esos ambientes que era lo que más me atraía de la profesión”.
Entre sus espejos estuvo el “Tano” Fígari, una primera figura de la Ciudad de Buenos Aires que, entre otros, le hizo cortes a Lionel Messi y a la gran mayoría de la Selección y a las estrellas de aquel River campeón de América 2018. “Me inspiró en sus cursos. Me hizo creer en el sueño de cortarle a los jugadores de mi equipo. Me di cuenta que era posible, porque también me lo transmitió. Hice cuatro cursos con el Tano y fue cuando ahí dije ‘esto es lo que quiero’”.
Ensenadense de los que valoran sus raíces, y con una apertura hacia lo social, Agostinelli expandió sus fronteras por el mismo boca a boca del ámbito futbolístico. Trabajó con el plantel de Vélez tres años (llegó de la mano de Walter Bou, cuando la V azulada peleaba por no descender y terminó viéndolos campeones en 2025 y 2026). También tuvo jornadas con los futbolistas de Lanús, Defensa, Barracas y varios equipos extranjeros que llegaban al país, Liga de Quito, América de Cali, Independiente de Medellín y la Universidad Católica (donde hoy tiene a otro amigo criado en Ensenada, el defensor Juan Ignacio Díaz). “Algunos chicos se van mudando de club y te van llevando. Tuve la oportunidad de viajar y ver partidos que no eran de Gimnasia”, rescata.

Pero lo de Diego superó el nivel de la anécdota. “Tenía una humildad que nunca antes vi, desde preguntarme como estoy, conocer mi historia y de mi familia. Para mí es el mejor jugador de la historia, al que es más que un jugador, al que es la argentinidad en persona.
—¿Ese primer corte llevó mucho tiempo?
—Sí, el primero se lo hice un poquito largo para disfrutar del momento.
—¿Cómo se llama el corte?
—No tiene un nombre particular, es uno clásico con línea, que es lo que más llamaba la atención… Esa línea que dividía el corte se la había hecho otro barbero a Eric Ramírez y entonces Diego se lo quiso copiar. ‘Me voy a hacer el mismo que vos’, le dijo. Y yo solamente lo repliqué, o sea, no es de mi autoría… No me voy a colgar ese laurel.
Por qué se celebra el Día del Peluquero
En el siglo XIII, el rey de Francia era Luis IX. En aquella época el trabajo de la peluquería estaba únicamente en manos de los plebeyos de sexo masculino, estaban obligados a peinar y mantener las pelucas utilizadas por la nobleza. El monarca fue de suma importancia porque tomó la decisión de reconocer la labor de su peluquero oficial al ascender su status al nombrarlo como «hombre libre».
Se designó como fecha el 25 de agosto por la santificación de la Iglesia Católica de Luis IX que, durante su reinado, declaró a los peluqueros como personas dignas al nivel de los caballeros, jueces y médicos. En nuestro país, la jornada de festejo fue en el año 1877 con un baile en el teatro Coliseo que contó con la asistencia de más de 400 personas. Ese día se creó la Sociedad de Barberos y Peluqueros.

