Por Galo, Maíl
Un día sin luz, una reunión de amigas improvisada, un pasado en común… Esa es la premisa con la que arranca Las puertas del infierno, una propuesta teatral que te hace reír de principio a fin al poner bajo la lupa la fragilidad de ciertos vínculos de toda la vida.
La historia transcurre en el patio de una casa en plena noche de calor sofocante. Lo que comienza como un encuentro para matar el tiempo entre naipes, partidas de “chancho va” y charlas cotidianas, poco a poco se transforma en un terreno fértil para que salgan a la superficie verdades guardadas durante años.
Un elenco impecable con personajes ridículamente familiares

El gran acierto de la obra reside en su impecable construcción de personajes y en la labor de sus cuatro actrices (Andrea Allende, Pilar Bustelo, María Cristina Cernuda y María Rosa Messina, bajo la dramaturgia y dirección de Lucila Lobel). Cada una encarna un arquetipo tan reconocible como parodiable, permitiendo que el público identifique al instante a alguien de su propia vida o de su antiguo grupo del secundario:
Las cuatro actrices logran dar vida a un grupo de personas con los que es imposible no identificarse. Por un lado está la dueña de casa, una persona relajada, con carácter y una impronta que intenta mantener el eje a pesar del caos. A su lado está su amiga de la adolescencia, con un fuerte pensamiento crítico y feminista que, con dos botellas de vino de por medio, se convierte en la gran articuladora de la noche a fuerza de comentarios incisivos y reflexiones profundamente filosóficas. A ellas se suma la vecina, ese personaje costumbrista y tan familiar que todos los argentinos reconocemos de inmediato: alejada de las causas modernas, fanática del chusmerío de barrio y con una llamativa tendencia a quedarse con lo ajeno. Completa el grupo la amiga en «su mejor momento», una mujer que asegura estar atravesando una etapa de plenitud mística y terapias fungis, pero cuyo recorrido arrastra un pasado cargado de secretos, oscuridades y rencores no resueltos.
La ilusión de la amistad y el arte de «fingir demencia«

Unidas por la nostalgia del pasado pero con poca afinidad en el presente, este grupo sostiene la relación más por la costumbre que por una verdadera unión. A medida que pasan las horas sin luz, el sofocón incrementa, las conversaciones suben de tono y los filtros se rompen por completo.
Sin embargo, el verdadero brillo de la obra está en cómo retrata la hipocresía cotidiana: tras la tempestad de verdades y los discursos pasados de raya, la luz regresa tan rápido como la compostura. Bastan un par de disculpas para «fingir demencia» y continuar como si nada hubiera pasado, demostrando que, a veces, el concepto de la amistad sigue siendo un misterio por descifrar.
Las puertas del infierno es una comedia imperdible, fresca y de ritmo ágil que invita a reírse de las propias miserias y de esos lazos que resisten solo por lo conocido.

¿Por qué hay que verla? Porque es una obra que te atrapa desde el primer minuto a pura risa, pero que además te deja abiertas preguntas sobre tus propios vínculos. Logra un equilibrio perfecto entre la comedia ligera y esa mirada aspera sobre las relaciones humanas, donde el humor sirve como el mejor espejo para mirarnos, reírnos de nuestras propias contradicciones y entender por qué seguimos sosteniendo ciertas historias en nuestra vida.
«La obra es un delirio hermoso. Te reís a carcajadas con las situaciones y como lo interpetan, pero cuando salís te quedás pensando… mas de uno/a que en en tu vida sigue pero no como vínculo que aporte, sino por un pasado común.»
Ficha y datos útiles

- Obra: Las puertas del infierno
- Dramaturgia y Dirección: Lucila Lobel
- Elenco: Andrea Allende, Pilar Bustelo, María Cristina Cernuda, María Rosa Messina
- Lugar: La Maza Teatro (Maza 908, CABA)
- Entradas: Disponibles en Alternativa Teatral



