Perder un clásico es uno de los mayores sufrimientos que puede padecer un hincha. Y si, encima, esa derrota comienza a generarse luego de un error de esos que cuestan entender, el dolor se potencia. Ese indeseable sentimiento es el que está atravesando el pueblo aurinegro luego de caer este domingo ante Deportivo Morón por 1 a 0, en el partido que más estaba esperando.
Es imposible saber qué hubiera sucedido si, en el comienzo del encuentro, Gustavo Cabral o Leonardo Jara, cualquiera de los dos, hubiesen reventado esa pelota aérea, que no traía ningún tipo de peligro, en lugar de chocarse de manera absurda y dejarle el balón a disposición a Juan Manuel Olivares, para que el volante del Gallo clavara un zapatazo brutal en el ángulo derecho del arco defendido por Bruno Galván.
Pero lo que sí pudo corroborarse fue que esa acción insólita, que ocurrió a los dos minutos de juego, condicionó el partido y obligó a Almirante a correr desde atrás desde el comienzo. Y en ese contexto adverso, el Mirasol volvió a mostrar todas las limitaciones que ya se le han visto a lo largo del torneo. Porque el elenco del Lobo Montenegro fue en busca del empate. Con amor propio, sí, pero sin ideas, demostrando por qué es el equipo que menos goles a favor tiene en la Primera Nacional (apenas nueve en 16 juegos).
Tuvo algunas chances para igualarlo, es cierto. Ramón González dispuso de tres opciones claras. Un tiro libre de Pomelo Vera obligó a una gran atajada de Julio Salvá. Y un disparo de Luciano Pascual, en tiempo de descuento, salió apenas un par de centímetros por encima del travesaño. Pero el Gallo también pudo liquidar el pleito, algo que no sucedió por su imprecisión en los últimos metros y por un puñado de grandes intervenciones de Galván.
Con el 0-1 sellado quedó un doble sinsabor. Porque además del malestar que significa caer en un clásico, la derrota tuvo su correlato en la tabla de posiciones ya que el Mirasol, que acumula cinco partidos sin triunfos, perdió su lugar en la zona de Reducido.
Un homenaje agridulce
Cuando se pierde un partido como el que perdió Almirante ante Morón cuesta encontrar algo positivo para destacar. Pero en un fin de semana tan doloroso para una gran parte del pueblo argentino por la muerte del Indio Solari, bien vale destacar el homenaje que le hizo el club al jugar con una camiseta con el nombre del ya mítico cantante de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Esa casaca, ahora, solo quedará para la anécdota de los historiadores. Y como una de esas rarezas tan deseadas y buscadas por los coleccionistas de camisetas.
El Lobo Montenegro y los jugadores, en tanto, deberán redoblar el esfuerzo y seguir trabajando para dar vuelta rápido la página y tratar de enderezar un rumbo que se presenta con muchas complicaciones.
Y, se sabe, la única manera de salir de este tipo de situaciones es ganando, algo que Almirante intentará el próximo domingo ante Godoy Cruz, en el Fragata Sarmiento. Luego, el domingo siguiente, volverá a jugar en Casanova, donde recibirá a Mitre por la fecha 4 que había sido postergada.



