Durante una recorrida de NORTE, alumnos de distintas carreras expusieron en primera persona las dificultades cotidianas que enfrentan. Aarón, estudiante de primer año del profesorado de Química, explicó que no hay mobiliario suficiente para todos los cursos. «Se nos dificulta dar bien las clases. Perdemos tiempo acomodándonos y buscando dónde sentarnos», contó.
El problema, según relató, obliga a los propios alumnos a trasladar bancos y sillas entre aulas e incluso entre pisos del edificio. «Tenemos que subir a la planta alta para traer una silla o un banco y bajarlo a donde estamos nosotros. Eso nos perjudica para tomar apuntes y seguir la clase», agregó.
La situación, aseguran, no es nueva. Mauro, alumno de segundo año del profesorado de Educación Primaria, afirmó que el faltante de mobiliario se arrastra desde el año pasado. «Estamos formando docentes y no tenemos lo más básico: una mesa y una silla. Esto también es no atender a la educación», señaló.
Además, advirtió que el problema impacta en otras instituciones que comparten el edificio. «Nosotros sacamos bancos de un aula y eso perjudica a los chicos de la primaria o secundaria. Es una cadena de problemas«, explicó.
A la falta de mobiliario se suman otras carencias: pizarras en mal estado y problemas de conectividad. «No hay internet y cuando tenemos que trabajar con materiales virtuales, no podemos«, indicó Mauro, quien remarcó que la matrícula supera los 1500 alumnos y sigue en aumento.
Desde el cuerpo docente, Romina Tomasín describió un escenario contradictorio: cada vez más estudiantes ingresan, pero las condiciones no acompañan. «No podemos garantizar el derecho a la educación si no tenemos lo mínimo. Hablamos de bancos, sillas y pizarras«, sostuvo. Y agregó: «Hay voluntad, hay buenos docentes y estudiantes, pero faltan condiciones básicas para trabajar«.
El reclamo también es impulsado por el centro de estudiantes. Tatiana, integrante del espacio, confirmó que ya realizaron presentaciones formales sin obtener respuestas. «Esto viene desde el año pasado. Por eso acudimos a los medios«, explicó.
La joven también puso el foco en situaciones sensibles: «Hay compañeras embarazadas que tienen que trasladar bancos pesados de un aula a otra. Es muy difícil«. Según detalló, en algunos casos deben recorrer largas distancias dentro del edificio —incluso subir escaleras— para conseguir un lugar donde sentarse.
Mientras tanto, la dinámica diaria se vuelve cada vez más compleja: «El que llega primero agarra su banco y trata de guardarle a sus compañeros. Hay chicos que directamente no tienen dónde sentarse«, describió.
Pese al panorama, estudiantes y docentes coinciden en algo: las ganas de enseñar y aprender siguen intactas. Sin embargo, advierten que la situación es insostenible y reclaman una respuesta urgente de las autoridades educativas para garantizar condiciones dignas en las aulas.



