La escritora y psicoanalista Fanny Torres Silva reflexiona sobre el fenómeno social y cultural que se desata en las calles porteñas ante la llegada del nuevo Pontífice, la necesidad de encuentro y esa solidaridad colectiva que reaparece al estilo de un partido de la Selección.
BUENOS AIRES.— Por Lic. Fanny Torres Silva (Escritora y Psicoanalista)
Los porteños no se enojan con los desvíos de tránsito ni con las calles cortadas cuando viene el Papa. Es que esta visita se esperaba. Y tiene un gusto nuevo: si el Papa argentino nunca vino, viene este, con olor a McDonald’s y a ceviche.
Cuando llega el Papa, las calles se detienen, sale el sol y parece que toda la Argentina sale a la calle. ¿Pero cómo, si ya no somos creyentes? Si entre el psicoanálisis y la jungla en la que vivimos, Cristo parecía haber quedado en otro lugar.
Los números dicen algo parecido. Según la última encuesta nacional sobre creencias del CONICET, de 2019, el 62,9% de los argentinos se declara católico, cuando once años antes eran más de tres de cada cuatro. El 15,3% se declara evangélico, y casi uno de cada cinco, el 18,9%, dice no tener religión. Testigos de Jehová y mormones suman el 1,4%, y otras religiones, entre ellas la judía, la musulmana y la budista, el 1,2%. La comunidad judía argentina, con unas 170.000 personas, es la más grande de América Latina.
Y sin embargo, cuando viene el Papa, nos acordamos de que somos solidarios, de que todavía podemos llenar una misa a cielo abierto, y de algún modo recobramos la esperanza. Sabemos dónde estamos y quiénes somos. Volvemos a las raíces: las que nos llevaban a misa los domingos, las que nos hacían rezar antes de entrar a clase en el colegio. Casi todos pasamos por eso. Todos llevamos en la sangre algo de católicos, algo de judíos, algo de creyentes y algo de agnósticos.
Pero cuando viene el Papa, nos olvidamos de todo. Nos conectamos como en un River-Boca, o como aquella tarde de julio en Miami, cuando Cabo Verde, que jugaba su primer Mundial, nos empató dos veces y el país entero contuvo la respiración hasta que el Cuti Romero cabeceó el 3 a 2 en el alargue y el Dibu voló para salvarnos sobre la hora.
Así, abrazados al que tenemos al lado, aunque no lo conozcamos. Nos emocionamos, lloramos y salimos a verlo pasar.
Cuando viene el Papa, el cielo deja de llover.
Fuente: los porcentajes son de la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas del CEIL-CONICET (2019), que es la más reciente de ese tipo. Esa encuesta no separa a los judíos dentro de «otras religiones», así que el número de la comunidad judía sale de la estimación de 2024 del demógrafo Sergio DellaPergola, que publica la Agencia Judía. En las cifras de esa estimación, Brasil y México quedan por debajo, y por eso digo que es la más grande de América Latina.



