Fin de la intervención en la escuela Gurruchaga de Rosario

Durante un año y medio la escuela Gurruchaga estuvo intervenida por el Ministerio de Educación de Santa Fe. Esto implicó el desplazamiento de los directivos de ese momento sobre la base de sumarios que la comunidad educativa denunció como “truchos”, armados para justificar la intervención. En su lugar asumió un equipo directivo designado por el Ministerio. A pesar del rechazo a la medida, el gobierno logró sostenerla sin explicar, hasta hoy, sus propósitos ni sus plazos.

Consultada por este medio, una integrante del Centro de Estudiantes relató que “desde que asumieron los directivos intentaron imponer una normativa con el fin de controlar a los estudiantes. En el año y medio que estuvieron, las situaciones de maltratos verbales no dejaban de repetirse”.

El malestar se fue acumulando y estalló cuando estudiantes mujeres de primero y segundo año denunciaron a través de carteles y una cuenta de Instagram situaciones graves de maltrato, autoritarismo y machismo por parte del equipo directivo.

Esto se sumó a situaciones de violencia de género sufridas por varias estudiantes, cuyas imágenes íntimas fueron difundidas por otros estudiantes de la institución. Frente a esta situación, el abordaje del equipo directivo primero fue borrar las fotos para dar por “finalizado el asunto” y posteriormente, según relataron estudiantes y familias, subestimar situaciones de autolesiones de estudiantes producto de estas violencias de las que fueron víctimas. Una de las estudiantes entrevistadas señaló estos hechos como el “punto de inflexión” que desató la bronca.

Con la protesta en marcha y ganando estado público, las autoridades eligieron minimizar el reclamo y señalar que había docentes que influían sobre las y los estudiantes. Además, hicieron quitar los carteles, lo que generó todavía más enojo. La respuesta no se hizo esperar; los carteles se multiplicaron por toda la escuela y en las puertas del establecimiento. “Para Antonela y Ezequiel [el equipo directivo], los carteles eran mentira y violentos, eran un escracho y decían que ese tipo de medidas no eran acorde a la identidad de la Gurru”, recordó la misma estudiante.

Mientras el reclamo iba en ascenso, el Ministerio de Educación salió al cruce para intentar instalar su relato. El viernes 2 de octubre, la secretaria de Gestión Territorial de la cartera, Daiana Gallo Ambrosis, sostuvo en una entrevista con LT8 que lo expresado en los carteles “no tiene asidero”. La intervención, advirtió, iba a concluir “en el momento en que consideremos”. Para una madre, las declaraciones fueron muy graves porque la funcionaria “subestimaba y restaba importancia a una acción gestada por estudiantes mujeres que venían denunciando y siendo desoídas desde hacía mucho tiempo”.

Apreciaciones como estas circularon los días posteriores entre las familias, que en respuesta comenzaron a organizarse para acompañar la protesta de sus hijas e hijos convocada para el lunes siguiente, 5 de octubre. Esa jornada coincidió con la primera reunión del Ministerio con las familias de las y los estudiantes de primer año. Las respuestas de los funcionarios del área fueron las mismas que había dado Gallo Ambrosis en la entrevista radial. Un padre de una estudiante de primer año relató luego que “el planteo de la gente del Ministerio fue que el balance de la intervención era positivo y que el problema era que había docentes que influían en la protesta de las estudiantes”.

Mientras las familias estaban reunidas con los miembros del Ministerio, en la puerta crecía la protesta de estudiantes y familias. Cortaron calle Salta y esperaron a que terminaran las reuniones para interpelar cara a cara a los funcionarios. Entonces un grupo de estudiantes y familias encaró a Gallo Ambrosis y al resto de los funcionarios del Ministerio que venían sosteniendo la intervención. “Les reclamábamos lo que queríamos”, contó otra estudiante. “Basta de intervención, queremos escalafón y queremos que se aplique la ESI [Educación Sexual Integral]. El Ministerio no respondía, te recitaba una normativa de las formas correctas que hay que usar, de la violencia que estábamos ejerciendo. Fue tan motivador ese momento para todos nosotros que decidimos hacer sentada durante toda la semana, se unió todo el estudiantado y fue lo que permitió haber logrado ganarles”.

La acción tuvo tal contundencia que al día siguiente el Ministerio anunció que los directivos iban a ser apartados por dos semanas. De todos modos, eso no aplacó el reclamo, que continuó con sentadas impulsadas en asambleas convocadas por el Centro de Estudiantes. Finalmente, menos de 24 horas más tarde, el Ministerio tuvo que anunciar el fin inmediato de la intervención y llamar a cubrir los cargos mediante escalafón, un reclamo muy sentido por toda la comunidad.

A pesar del triunfo, durante el período de transición los funcionarios del Ministerio que asumieron la dirección de la escuela continuaron con prácticas que generaron mucha preocupación en la comunidad educativa. “Las dos o tres semanas que el Ministerio estuvo en la escuela fueron horribles, siempre era gente distinta, con diferente locura en la cabeza. Incluso estos últimos días que ya se estaba esperando el escalafón, seguían intentando aplicar normativas que buscaban quitar nuestra identidad como Gurruchaga”, contó una estudiante.

En el mismo sentido, la misma madre enumeró una serie de hechos que, según dijo, solo generaron malestar en el estudiantado y las familias. Entre ellos mencionó pedidos de legajos de estudiantes que forman parte del Centro de Estudiantes, citaciones informales y sin motivo explícito a madres de alumnas puntuales “alegando preocupación por la salud mental”, actas labradas al personal de la institución por supuestas faltas y actas de reuniones que el Ministerio se comprometió a entregar y que nunca aparecieron.

Como en otras intervenciones que atravesó la Gurruchaga a lo largo de su historia, desde el inicio hubo un intento de disciplinamiento y persecución. Disciplinamiento porque se intentó avanzar con la implementación de un uniforme y condicionar la permanencia de las y los estudiantes en la escuela durante el entre turno. En muchos de los carteles se reclamaba “que vuelva la Gurru”.

También se prohibió la difusión de afiches y volantes gremiales en cualquier espacio que no fuera la sala de docentes. A esto se sumó que el equipo directivo se opuso a la realización de jornadas gremiales y a la presencia de representantes de Amsafe en la escuela. El clima de persecución llegó a tal punto que algunos docentes renunciaron y denunciaron hostigamiento por parte de la dirección.

Lo que deja la lucha en la Gurru

El fin de la intervención y la elección de directivos por escalafón significaron un triunfo de la lucha estudiantil. Este hecho muestra la potencialidad de la juventud cuando se levanta, se organiza y pone como prioridad la defensa de sus derechos. El gobierno pensaba que podía avanzar con su prepotencia habitual, pero en la Gurruchaga se topó con un freno que podría abrir procesos de lucha en muchas otras escuelas, donde los problemas edilicios, la falta de cargos y los diferentes recortes a la educación pueden desatar el malestar y la indignación.

“El balance es muy positivo en tanto se logró, con la unión, la movilización, las protestas, la firmeza y la convicción del estudiantado, poner fin a la intervención. Fue una gran experiencia de lucha para estos jóvenes y de aprendizaje de cómo se defienden y conquistan derechos”, aseguró otra madre.

Las y los estudiantes secundarios ganan cada vez más protagonismo. Las últimas movilizaciones por la Noche de los Lápices, las marchas universitarias, la creación de Centros de Estudiantes y la creciente participación en ellos, y una presencia cultural mayor, como evidenció el Festirock que se realizó en la Gurruchaga, muestran una juventud que echa por tierra la idea, muy repetida en medios y redes, de que “la juventud se volvió de derecha”.

Este fenómeno, incipiente a nivel local, ya se despliega de manera extendida en Europa y otras regiones. Francia es el epicentro de una irrupción juvenil impetuosa que reclama contra los recortes en la educación y que no se queda ahí. Existe un reclamo contra todos los pilares de un régimen que le roba el futuro a la juventud.

Consultada sobre las lecciones que deja este proceso, una integrante del Centro expresó: “Personalmente estoy satisfecha con haber logrado lo que queríamos gracias a nuestra lucha. Pero también considero que, por más que no lo hayamos reclamado directamente, queremos un buen financiamiento a la educación pública, un sueldo humano para los docentes, que se recuperen las horas TOI [espacio académico extra curricular] y otros reclamos”.

Muchos encuentran explicaciones en que “en nuestros 36 años de historia de escuela, 30 fueron con una intervención. Esto demuestra una intención permanente de querer silenciar está institución porque bien se sabe que es una escuela que moviliza mucho y es el centro de muchas batallas”, añadió un estudiante del último año.

“Lo he hablado con compañeras y compañeros de centros de estudiantes de otras escuelas que conviven con gente mucho más cortada o que no le interesa su escuela. Hay que buscar una forma de llegar a los estudiantes, nosotros desde el CEG [Centro de Estudiantes de la Gurruchaga], más que alentar no hicimos porque toda la movida la iniciaron estudiantes. Pero hay que verbalizar los conflictos que hay en cada escuela, hacer asambleas y pelearla, porque cuando se logra ganar una cosa, tenés ganas de ganar 20 más”, reflexionó una de las estudiantes.

El triunfo en la Gurruchaga es un ejemplo de que es posible enfrentar y ganarle la partida al gobierno. “Si la Gurruchaga pudo, cualquier escuela puede, y si cada vez somos más, se va a armar una movida grosa de secundarios”, cerró la integrante del Centro de Estudiantes.

Redacción

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