El dirigente social y diputado nacional Juan Grabois disertó este miércoles en La Plata sobre el avance de la inteligencia artificial y sus efectos sobre el presente y el futuro de la sociedad. Durante la charla, puso el foco en la concentración del poder tecnológico, la desigualdad, el acceso a la tierra y los riesgos que, según planteó, la expansión desregulada de la IA representa para el trabajo y la capacidad de pensamiento.
La exposición se realizó desde las 18 en el Salón de los Espejos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), en el marco de la charla “Equidad y Derecho”.

Del encuentro participaron Juan Grabois, militante del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y diputado nacional por la provincia de Buenos Aires; el fiscal de Estado bonaerense, Hernán Gómez; las militantes de Argentina Humana Agustina y Carola; y la decana de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP, Valeria Moreno.
Durante la jornada, Gómez se refirió a la relación entre tecnología, equidad y desigualdad, mientras que también abordó fenómenos como la “uberización” y la “rappidización” del trabajo argentino. Por su parte, las representantes de Argentina Humana hicieron referencia a la situación de los comedores y a distintas problemáticas de la coyuntura política y social.


Grabois y la concentración del poder tecnológico
Uno de los ejes centrales de la intervención de Grabois fue la creciente concentración de la riqueza y el poder en manos de las grandes fortunas vinculadas al sector tecnológico.
En ese sentido, sostuvo que existe una diferencia cada vez mayor entre los millonarios tradicionales y los grandes magnates tecnológicos. Como ejemplo, mencionó a Elon Musk y planteó que la concentración económica alcanzó un nivel en el que incluso algunos de los grandes empresarios latinoamericanos quedan en una posición considerablemente menor frente a las mayores fortunas globales.
Para el dirigente, esta concentración también debe analizarse en relación con el avance de las corporaciones tecnológicas y con el modelo económico que se desarrolla alrededor de la inteligencia artificial.

“No alcanzan los adjetivos para describir los riesgos gigantescos que trae el avance desenfrenado y desregulado de las nuevas tecnologías, particularmente de la inteligencia artificial. No es un tema, no es un avance tecnológico más”, afirmó durante la exposición.
Grabois planteó así que el debate sobre inteligencia artificial no puede quedar limitado a las innovaciones tecnológicas o a los modelos de lenguaje, sino que debe incorporar cuestiones vinculadas con la distribución de la riqueza, el trabajo y las condiciones materiales de vida.
Justicia social y acceso a la tierra
En otro tramo de su exposición, el dirigente vinculó directamente el debate sobre inteligencia artificial con una problemática que consideró básica: el acceso a la tierra y a una vivienda.
Grabois sostuvo que resulta contradictorio discutir sobre tecnologías cada vez más sofisticadas mientras millones de personas no pueden acceder a un lote con servicios básicos como agua, electricidad, cloacas y veredas.
“¿Cómo vamos a enfrentar la voracidad del capital tecnológico, que es brutal?”, planteó al introducir la discusión sobre los efectos de la inteligencia artificial.
En ese sentido, remarcó que las discusiones sobre los avances tecnológicos y las necesidades de los sectores populares no deberían plantearse como cuestiones separadas. “**¿Cómo vamos a enfrentar eso que es tan sofisticado y tan complejo si no podemos hacer algo tan sencillo como que cada familia argentina tenga un lote para ir construyendo de a poco sus viviendas?**”, expresó.
El planteo también estuvo atravesado por una crítica a sectores de la dirigencia que, según señaló, reivindican la justicia social pero no logran resolver problemas relacionados con el acceso a la tierra y la vivienda.
“¿Cómo puede ser que los que predicamos la justicia social, cómo puede ser que no podamos resolver este tema?”, cuestionó.
La inteligencia artificial y la apropiación del conocimiento
Otro de los puntos centrales de la exposición estuvo relacionado con la utilización de contenidos producidos por trabajadores, periodistas, docentes, investigadores y creadores para alimentar sistemas de inteligencia artificial.
Grabois sostuvo que las grandes empresas tecnológicas incorporan enormes cantidades de producción intelectual generada por seres humanos y cuestionó que ese proceso no implique una remuneración directa para quienes generan esos contenidos.
Según explicó, artículos periodísticos, investigaciones, videos, textos y otros materiales pueden ser incorporados a los sistemas de inteligencia artificial, que luego los procesan y utilizan para generar nuevas respuestas y contenidos.
A partir de ese planteo, definió el fenómeno como una apropiación masiva de la producción intelectual.
“La plusvalía de la creación intelectual del trabajo humano es absorbida en forma masiva y gratuita”, afirmó, y sostuvo que este proceso afecta particularmente a creadores, periodistas, docentes y pensadores.
“Estamos ante un verdadero genocidio cognitivo”
Uno de los conceptos más fuertes de la exposición apareció cuando Grabois describió los efectos que, a su entender, puede generar el avance de la inteligencia artificial sobre las capacidades humanas.
“Estamos asistiendo a las puertas de un verdadero genocidio cognitivo”, afirmó.
El dirigente explicó que utiliza esa expresión para referirse a un proceso en el que la capacidad de pensar, crear, procesar información y conservar la memoria histórica podría quedar progresivamente desplazada por algoritmos y modelos de lenguaje desarrollados y controlados por grandes corporaciones tecnológicas.
“Un genocidio cognitivo donde la capacidad de pensar, de crear, de procesar la realidad y de mantener la memoria histórica de los pueblos es reemplazada por algoritmos y modelos de lenguaje controlados por un puñado de corporaciones transnacionales”, sostuvo.
Para Grabois, el problema no se limita al impacto de la IA sobre determinados puestos de trabajo, sino que alcanza también la forma en que las personas producen conocimiento, acceden a la información y desarrollan su capacidad de razonamiento.
En esa línea, concluyó que la discusión sobre la inteligencia artificial también implica una disputa por la autonomía intelectual: “Cuando hablamos de disputar el sentido, de humanizar y de restaurar las leyes, también estamos hablando de defender nuestra propia capacidad de pensar y de no dejarnos arrebatar la soberanía cognitiva”.
La exposición dejó así planteado un debate que excede la incorporación de nuevas herramientas tecnológicas: quién controla los sistemas de inteligencia artificial, quién se beneficia de los contenidos y conocimientos utilizados para entrenarlos y qué impacto puede tener su expansión sobre el trabajo, la desigualdad y la capacidad de pensamiento autónomo.


