Las calles de Gràcia ya están listas para recibir a miles de visitantes con motivo de su fiesta mayor, que arranca hoy y se alargará hasta viernes. Durante la semana de festejos, vecinos de toda la vida compartirán calles con otros barceloneses, catalanes y, sobre todo, muchos turistas que pondrán una vez más la gentrificación y la masificación en el punto de mira. Por esto, los graciencs reivindican la identidad de su barrio y el tejido cultural que construyen con las fiestas y sus preparativos.
Independientes, irreverentes y hermanados. Así se definen las calles participantes –23 en total– en una nueva edición de las Fiestas de Gràcia, una tradición con más de 200 años de historia y que, pese a su arraigo, sigue sin contar con todo el consenso vecinal.
Participar en las comisiones decoradoras es para muchos una tradición familiar
Las comisiones apuraron hasta el último momento para terminar los decorados. Vallas, grúas, herramientas de construcción y un inconfundible olor a pintura en spray invadieron las calles. Los viandantes y turistas se abrían paso como podían entre los decorados; los recién llegados con curiosidad y tomando fotos.
Pregón contra la gentrificación
La plaza de la Vila acogió esta tarde el pregón de inicio de fiestas, a cargo del periodista e historiador Vicenç Sanclemente. En su discurso criticó la gentrificación que persigue a la villa y también puso en el foco la necesidad de garantizar el derecho a la vivienda en la zona. Así, apremió a los principales partidos políticos a promover la vivienda pública, estancada en el barrio desde hace décadas.
Las palabras de Sanclemente animaron a los asistentes más bulliciosos, que pasaron la velada abucheando a Laia Bonet, concejala de Gràcia. “¡Laia Bonet, fuera del barrio!”, por momentos al son de tambores, fue uno de los gritos más escuchados. Antes del discurso oficial, un grupo de jóvenes protagonizó el pregón alternativo para retar a las autoridades: o escuchan sus demandas antes de la entrega de premios o serán atacados por pistolas de agua.
Uno de los puntos más llamativos está en el sur del barrio, donde, después de diez años, cinco calles se han aliado en una temática. Llibertat, Progrés, Tordera, Fraternitat de Dalt y Fraternitat de Baix, ahora escenarios de El Señor de los Anillos , son dignos aspirantes al premio a la mejor decoración, que se entregará el miércoles en la plaza de la Vila.
Como todos los participantes, Natàlia Galbán trabajó sin descanso en la calle Llibertat antes del inicio de las fiestas. Y lo hizo con su hija de 13 años y sus amigos. “Participar en la fiesta mayor ha sido muy importante para nuestra familia y amigos”, apunta orgullosa la madre, que celebra que los más jóvenes estén en la calle y formen parte de un “proyecto común” como este. “Son el futuro de las fiestas”, añade. Madre e hija han vivido siempre en Gràcia. Hace ocho años decidieron participar llevando unas garrafas de agua “y a partir de ese día, fuimos todas las tardes para echar una mano. Hasta ahora”, relata Natàlia. Su hija solo tenía 5 años.
Pocas calles más arriba, en Tordera, Marta Salinas (27 años) participa en los festejos desde que nació. “Toda mi familia es de esta calle, así que de pequeña no solo venía a las fiestas, sino que integraba la comisión. Ha sido así siempre”, concluye. Por eso, hasta hace unas horas decoraba la calle con su prima Laia, sus padres y sus tíos. Marta Soteras también trabajaba con sus padres de 72 años en la calle Fraternitat de Baix. No ha faltado a ninguna fiesta desde que tenía 6 años.
Ahora muchas comisiones están formadas por vecinos del barrio, pero temen que el relevo generacional esté en riesgo. Ante esta problemática, es habitual que las comisiones cuenten con extranjeros que quieren integrarse en la cultura popular. Por ejemplo, un italiano viene cada verano a ayudar con los preparativos en la calle Tordera.
“En nuestra comisión, la mediana de edad es cada vez más elevada”, expone Soteras, de Fraternitat de Baix. Natàlia Galbán, de la calle Llibertat, justifica el fenómeno por la gentrificación: “Sé de muchos que han tenido que irse de Gràcia o Barcelona porque no podían permitirse vivir aquí”. En la misma línea, Marta Salinas, de Tordera, apuntó que “costará” mantener el relevo generacional porque el trabajo altruista de las comisiones implica “destinar todo el verano”. “También convivimos con más gentrificación e individualismo y, en consecuencia, la unidad de barrio se está perdiendo”, alertó la joven.
Para combatirlo, Galbán defendió el papel de la fiesta mayor. “Somos un barrio que va a contracorriente. Si la sociedad es individualista, nosotros trabajamos para hacer barrio. Y si las personas son celosas de su tiempo, nosotros lo regalamos para traer la fiesta a las calles”, añadió.
Ahora solo esperan que este mensaje llegue a los jóvenes.



