Las autoridades portuarias de Londres habían recibido avisos de avistamientos de ballenas piloto en el Támesis, cerca de Gravesend en el condado de Kent. Tras comprobar que había un grupo de más de dos docenas que nadaban perdidas y desorientadas, planearon un operativo para salvarlas.
Los mamíferos, también llamados delfines oceánicos, fueron descubiertos por prácticos marítimos que acataron el pedido de colaboración ciudadana, para que todo aquel que estuviese al timón se mantuviera alejado para no alarmarlas, hacerles daño ni ponerse en peligro.
Las ballenas piloto se denominan así porque una de ellas suele actuar como piloto o líder que guía al resto. El nombre científico de su género, Globicephala, significa «cabeza redonda», que es una de las principales características de identificación de la especie.
«Durante toda la operación de rescate un factor fundamental que debíamos tener en cuenta era la seguridad de todos los demás navegantes del río», indicó Lyn Kindlen, capitana del puerto de la Autoridad Portuaria de Londres, mediante un comunicado.

El Támesis en su tramo con mareas es la vía fluvial interior más transitada del Reino Unido, por lo que no era tarea fácil. «Nuestros operadores del Servicio de Control de Tráfico Marítimo trabajaron sin descanso para registrar los movimientos de las embarcaciones e informar a todo el tráfico marítimo sobre la situación de la manada, su ruta y para proporcionar asesoramiento a la navegación, garantizando la protección tanto de los barcos como de las ballenas», detalló.
Lyn Kindlen: «Algunas de las ballenas eran madres con crías que necesitaban descansar»
«Estaban muy desorientadas, se veía que se dirigían en todas direcciones, había que tener mucha paciencia; teníamos que parar constantemente para evaluarlas y ajustar el plan», relató Kindlen.
«Hay mucho tráfico marítimo y no podíamos simplemente detenerlo. Por supuesto, las ballenas no habían leído el plan de ruta», dijo con humor. Los equipos de la organización British Divers Marine Life Rescue (BDMLR), los prácticos marítimos y las autoridades locales de Gravesham y Thurrock trabajaron todo el fin de semana para guiarlas hacia mar abierto.
«Las ballenas son preciosas, pero dado que este no es un lugar habitual para verlas, nos preocupaba su bienestar», aclararon. «Es raro avistar ballenas en el río Támesis, y menos aún una manada numerosa, porque no es su hábitat natural: el río es demasiado poco profundo y no encuentran el alimento que necesitan«, explicaron.

«No es un entorno propicio para su supervivencia, y en el peor de los casos se produciría un varamiento masivo, con toda la manada varada en la orilla muriendo», manifestaron con preocupación las autoridades.
El sábado 19 de septiembre planearon un esfuerzo cuidadosamente coordinado con expertos en ocho embarcaciones. La misión comenzó alrededor de las 7 de la mañana en Gravesend, a 32 kilómetros al este del centro de Londres.
En el transcurso de seis horas los equipos lograron recorrer 20 millas náuticas (37 kilómetros) y rescatar a 25 ballenas piloto. El rescate se prolongó porque algunas de las ballenas eran madres con crías que necesitaban descansar.
«Las salvamos gracias a una de las operaciones más inusuales y memorables en las que he participado», declaró Kindlen. «¡Nunca antes había guiado a una manada de calderones perdidos ni pensé que terminaría haciéndolo», señaló emocionada.
«Ver a estos animales de cerca fue increíble, pero lo que más me impresionó fue ver cómo todos se unieron con tan poco tiempo de antelación para llevar a cabo la tarea, averiguar qué se necesitaba y cómo lograrlo, y, en definitiva, marcar una verdadera diferencia», celebró.

«Juntos, salvamos a 25 ballenas. Al principio temíamos que esto pudiera tener un desenlace muy triste y me enorgullece que la PLA y la BDMLR se unieran para asegurarse de que eso no sucediera», manifestó Kindlen.
Lamentablemente dos de los mamíferos marinos murieron durante el trayecto. La primera mostró signos de estar indispuesta y apareció varada en la costa el viernes. Lo mismo le ocurrió a una segunda ballena, que aunque logró volver al agua, murió ese mismo día.
«Estamos colaborando con BDMLR y las autoridades locales para recuperar y trasladar a esos animales, y también con el Programa de Investigación de Varamiento de Cetáceos (CSIP) para realizarles la autopsia», detallaron.
Pasaron tres días desde el rescate y afortunadamente no se han vuelto a avistar ejemplares en el Támesis. Todo indica que han alcanzado la seguridad de aguas más profundas.

