A veces los cambios radicales de vida llegan sin buscarlos. En el caso de Gustavo Togni y Natalia Núñez, todo comenzó durante unas vacaciones en las que tenían como objetivo incorporar alimentos más saludables a su dieta.
Una década atrás la pareja oriunda de Tigre, provincia de Buenos Aires, viajó a la ciudad de Merlo, en San Luis. Allí visitaron un emprendimiento dedicado al cultivo y consumo de hongos llamado Mundhongo.
Para Gustavo, que hasta el momento no tenía conocimientos sobre el tema, fue una verdadera revelación. A partir de entonces decidieron comenzar a cultivar hongos en pequeña escala, no con la intención de comercializarlos ni iniciar un negocio, sino simplemente incorporarlos a su alimentación cotidiana.
De un hobby saludable a un proyecto familiar
“Quedé sorprendido y fascinado cuando los comí en ese lugar de Merlo. Mi esposa, Natalía, sí estaba más familiarizada con su consumo”, recordó en diálogo con el sitio Bichos de Campo.
Mientras experimentaban con los cultivos, Gustavo continuó dedicándose a la producción de hidromieles y cerveza artesanal bajo la marca Barrica de Odín. Al mismo tiempo, la pareja viajaba cada vez con más frecuencia a San Luis, donde los padres de Natalia habían adquirido un terreno.

El giro definitivo llegó en 2020 con la pandemia de Covid-19, que los sorprendió en territorio puntano. Ante la imposibilidad de regresar rápidamente a Buenos Aires decidieron quedarse en aquella provincia.
Finalmente se instalaron en San Francisco del Monte de Oro, un pueblo serrano de unos 7.000 habitantes ubicado a 110 kilómetros al norte de la capital provincial. Allí siguieron produciendo sus bebidas artesanales, realizando distintos trabajos por cuenta propia y cultivando hongos para consumo familiar.
Sin embargo, el interés de los vecinos comenzó a crecer.
El boca en boca que impulsó el emprendimiento
Lo que inicialmente era una producción doméstica empezó a llamar la atención en el pueblo. Los vecinos les pedían hongos frescos y la demanda fue aumentando de manera gradual hasta que la actividad dejó de ser un pasatiempo. Así nació Buena Honga.
“Empezamos a investigar, por un tema de autoconsumo y también para comer más saludable. Así, cada año fuimos produciendo un poco más hasta que en 2021 empezamos a vender de manera local a los vecinos y también como insumos para cultivos”, contó Gustavo.

De esta manera, la producción dejó de estar destinada exclusivamente al consumo hogareño.
El financiamiento que les permitió crecer
El gran salto se dio en 2023, cuando Buena Honga participó en un programa de financiamiento no reembolsable para emprendedores ambientales impulsado por el Gobierno de San Luis.
La competencia era exigente: se presentaron 280 emprendimientos y solo unos pocos resultaron seleccionados. Entre ellos estuvo el proyecto de Gustavo y Natalia.
Gracias a ese apoyo económico pudieron construir un galpón e instalar dos invernaderos para ampliar la producción y realizar todo el proceso de cultivo en su propia casa.
Actualmente producen distintas variedades de hongos. Entre ellas, gírgolas, consideradas el segundo hongo más producido y vendido en Argentina; shiitake, uno de los más comercializados a nivel mundial; melena de león, muy demandado tanto por sus aplicaciones medicinales como gastronómicas; y reishi, utilizado exclusivamente con fines medicinales.
De vender a los vecinos a recorrer ferias del país
El crecimiento de Buena Honga también amplió la oferta de productos. Además de comercializar hongos frescos en su zona de residencia, la pareja vende hongos secos, escabeches, paté, polvo y extractos medicinales en ferias y a través de internet.
“Primero empezamos a vender hongos a los vecinos, y ya el año pasado comenzamos a hacer ferias por distintos puntos del país, vendiendo nuestros productos allí y también por internet”, explicó Gustavo en mayo 2026.
La actividad creció hasta convertirse en la principal fuente de ingresos de la familia, aunque él continúa elaborando hidromieles y realizando distintos trabajos ocasionales para complementar la economía del hogar.
Cómo cultivan los hongos en su propia casa
La producción se realiza en invernaderos y el método varía según la especie.
“A las gírgolas las cultivamos sobre troncos mientras que, al resto de los hongos, en aserrín”, explicó Gustavo. Según detalló, el proceso comienza con la siembra de un grano colonizado que luego se reproduce para obtener los hongos.

