Los restos de al menos 78 individuos, la mayoría sin cráneo, aparecieron en el ingreso a una aldea del Neolítico en la actual Eslovaquia. El hallazgo, que a primera vista evocaba un masacre prehistórico, apunta en cambio hacia prácticas sociales complejas y deliberadas que estructuraban la vida comunitaria hace 7000 años.
Los esqueletos fueron encontrados en el yacimiento de Vráble, una de las aldeas más importantes de la llamada Cerámica de Bandas Lineal (LBK, por sus siglas en alemán) en Europa Central. El sitio, investigado desde 2012 por equipos de la Universidad Christian Albrecht de Kiel (CAU) y de la Academia Eslovaca de Ciencias de Nitra, cobró nueva relevancia a partir de las excavaciones de 2022, cuando la cantidad de restos humanos se multiplicó de forma espectacular.
Según explicó CAU, el asentamiento abarcó más de 300 estructuras de vivienda organizadas en tres barrios, con hasta 80 edificios habitados en simultáneo. Funcionó durante varios siglos, entre aproximadamente 5250 y 4950 a. C. Uno de esos barrios estaba delimitado por una zanja, donde se concentraron los hallazgos más perturbadores.

De los 78 individuos identificados en esa zona de entrada, 77 carecían de cráneo. Solo el esqueleto de un niño fue encontrado con la cabeza intacta. Los cuerpos yacían en distintas posiciones, sin un orden aparente, aunque los primeros análisis sugieren que fueron depositados poco después de la muerte.
Las cabezas no fueron arrancadas con violencia
«Los primeros análisis indican que no se trató de una ‘decapitación’ violenta, sino más bien de una remoción experta de los cráneos», explicó la doctora Katharina Fuchs, antropóloga biológica del Instituto de Prehistoria de la CAU y coautora del estudio. Las marcas en las vértebras cervicales apuntan a una manipulación intencional y cuidadosa de los cuerpos.
El destino de esos cráneos sigue siendo un interrogante. Una hipótesis en discusión es que hayan sido conservados por separado, una práctica documentada en otros contextos prehistóricos, pero aún no comprobada directamente para Vráble.
Los resultados fueron publicados en la revista internacional Proceedings of the Prehistoric Society y tienen como primer autor al profesor y doctor Martin Furholt, de la CAU. El trabajo propone una lectura que se distancia del relato de crisis y conflicto que suele aplicarse a este tipo de hallazgos.

Hacia el final del período de la Cerámica de Bandas Lineal aparecen en varios sitios de Europa Central enterramientos masivos, depósitos de restos humanos en zanjas y manipulaciones corporales similares. Muchos investigadores los interpretaron como señales de una fase de violencia generalizada o desintegración social.
Furholt y su equipo proponen matizar esa lectura. «La deposición de cuerpos y partes del cuerpo puede haber sido parte de acciones complejas, significativas y recurrentes», sostuvo el coautor doctor Nils Müller-Scheeßel. Y agregó: «Recién el fin de esas prácticas podría indicar cambios profundos».
Furholt subrayó la dificultad interpretativa que implica proyectar categorías contemporáneas sobre sociedades radicalmente distintas. «Tenemos que considerar que estas acciones estaban insertas en marcos de significado completamente diferentes a los de las sociedades modernas. Eso es lo que hace tan desafiante su interpretación», señaló.

La publicación sirve de punto de partida para el proyecto «Neolithic Bodies», financiado desde 2025 por la Deutsche Forschungsgemeinschaft (Fundación Alemana de Investigación).
Los equipos trabajan en la identificación de las edades de muerte y los sexos biológicos de los individuos, en el análisis detallado de las marcas de corte en las vértebras y en estudios forenses sobre los procesos de descomposición. Análisis de isótopos y de ADN antiguo aportarán datos sobre el origen geográfico, la dieta y los vínculos de parentesco de estos pobladores neolíticos.
«Ya los primeros resultados muestran que Vráble es un yacimiento excepcional. Nos da las claves para discutir preguntas fundamentales: ¿cómo se entendían la muerte y el cuerpo en el Neolítico, y qué rol cumplían las prácticas asociadas en el tejido social de las primeras sociedades agrícolas?», resumió Furholt.

