Hallazgo inquietante de la misión del Malbrán que investiga el hantavirus del crucero en Tierra del Fuego

En el segundo día de recolección de lo capturado en las trampas colocadas en dos sectores del Parque Nacional Tierra del Fuego, la científica que lidera la misión sanitaria del Malbrán para dar con el brote de hantavirus en el crucero MV Hondius, confirmó a Clarín que “por ahora” no encontraron ni un sólo ratón colilargo (Oligoryzomys longicaudatus), el reservorio en el que el virus Andes se puede multiplicar y transmitirse.

Pero sí encontraron dos «especies relacionadas» y que catalogaron como “positivas”, es decir, que pueden tener el virus “hanta”, aunque no saben si son factibles de permitir el contagio.

Todavía no hay un lazo que conecte a Ushuaia, desde donde partió el barco, con la pareja de neerlandeses amantes de las aves que fueron los primeros en morir.

Falta un día más de recolección de ratones, en un operativo que comenzó el lunes para reunir información sobre el incio de una cadena de contagios que dejó tres pasajeros muertos, un total de 11 personas infectadas y decenas más en cuarentena.

De las 200 trampas, en entre un 5% y un 10% cayeron roedores. Y no es poco sino lo habitual en este tipo de intervenciones.

El trabajo de los técnicos del INEI en el Parque Nacional Tierra del Fuego.

En el laboratorio de campaña montado literalmente en el bosque, a los ratones se les saca sangre para después hacer la prueba de una primera respuesta inmunológica que permite saber si cada roedor estuvo o está infectado.

“Es muy genérica, no detecta que está directamente el virus sino evidencia de que el virus está o estuvo. Tomamos la muestra, la guardamos en frío y conservamos en condiciones de máxima bioseguridad. Al al final de los tres días de captura, se mandan todas juntas a Buenos Aires, donde se hace el análisis para saber si es positivo para hantavirus o no”, detalla a Clarín, justo antes de iniciar la recolección, Carla Bellomo, investigadora del Laboratorio de Hantavirus del Instituto Nacional de Enfermedades Infecciosas (INEI) del Malbrán.

A la espera de esas definiciones finales -entre 24 y 48 horas para el primer test de respuesta inmunitaria, en un laboratorio de mayor complejidad, y varios días más para la confirmación del tipo de hantavirus-, la clave hoy es que del colilargo, reservorio del virus Andes y que en otras investigaciones realizadas en Tierra del Fuego se determinó que también está, no hubo rastros. Sí se encontró a esas otras dos especies de ratones “sospechosas”. Un hallazgo que por ahora lleva a conclusiones abiertas.

“No sabemos si esas dos especies positivas juegan el rol de reservorio o no. No sabemos si tienen una infección accidental con el virus, pero que no sean capaces de transmitirlo”, marca Bellomo. Esas especies son Abrothrix hirta y Abrothrix olivacea, ratón oliváceo y de pelo largo. “Una cosa es que esté la presencia de este tipo de ratones, y otra cosa es que estén infectados”, insiste.

Por su expertise, la bióloga destaca que “estas especies viven exactamente en el mismo lugar, tienen un contacto permanente, entonces, es muy probable que si hay, por ejemplo, un ratón colilargo infectado, le transmita el virus a estos otros ratones, pero no necesariamente esos dos ratones son capaces de transmitir, así que se cortaría la cadena de contagio. Eso es lo que todavía no está probado”. Las dos especies halladas sólo están “asociadas” al hantavirus.

El crucero MV Hondius, en el que se desató el brote, anclado en el puerto de Rotterdam. Foto: EFE

Los roedores son de hábitos nocturnos, entonces las trampas se dejan toda la noche y se revisan a la mañana para ver si cayeron ratones. Aunque son estilo sherman, es decir, de captura viva, esos ratones no son devueltos a la vida silvestre. Además de sangre, se les extrae una muestra de todos los órganos, porque si no no se podría hacer la secuenciación genómica del virus.

Ella, junto a otros dos biólogos del Malbran, Sebastián Kehl y Julián Pighin, llegaron hasta Tierra del Fuego guiados por el recorrido que habrían hecho los turistas neerlandeses que registraban aves. Eventualmente, podrían haber visitado diferentes puntos donde fotografiar puntualmente a las carroñeras, como el basural o relleno sanitario de la ciudad fueguina, que estuvo en el foco de los medios internacionales por ser un posible lugar de contagio.

Pero los especialistas en realidad viajaron sólo porque esa provincia no tuvo nunca hantavirus, ni registro de casos de contagio humano del virus Andes, el único que se transmite entre personas, lo que hacía que el sistema de salud no tenga el know how para tratar este virus. Las provincias patagónicas que son endémicas, como Neuquén, donde también estuvo la pareja, envían muestras a Buenos Aires con sus propios equipos ya capacitados.

¿Estando al aire libre, en un espacio totalmente abierto, como puede ser un sendero de un bosque, o el propio basural, es posible que se haya dado el contagio de roedor infectado a pasajero de crucero? “En el caso del virus Andes, tiene que ser una persona se contagió en un espacio silvestre, y luego, por contacto muy estrecho, contagió a otra persona. Esa persona que se contagió en un espacio silvestre tiene que haber tenido un contacto relativamente estrecho con el virus, no se contagia sólo por caminar en un sendero, tiene que haber tenido una acción más que lo haya acercado al ratón infectado o a su pis, caca o saliva. La probabilidad es muy baja”, aclara.

Respecto al basural en sí, Bellomo considera que es un “sitio raro” para los ratones que están buscando. “Suele haber ratas y ratones de una especie distinta que el que transmite el virus Andes. Pero nosotros vamos a muestrear en todos los lugares donde haga falta, para saber si hay presencia de hantavirus”.

El primer análisis “sensible” para saber si están infectados los capturados, lleva entre 24 y 48 horas a partir de que las muestras lleguen a Buenos Aires. Dependerá de la carga de trabajo del laboratorio del Malbrán. En el caso de que hubiera algún ratón positivo, el análisis del virus, dice, “sí ya es mucho más complejo y lleva más tiempo”.

Es clave que la muestra haya estado conservada en buenas condiciones, “y que tenga una buena cantidad de virus como para poder detectar la secuencia y poder comprarla con la secuencia genómica del virus que se extrajo del paciente en el caso índice, y en ese caso podrás ver el nexo, digamos, del contagio en el crucero”, cierra.

PS

Redacción

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