Desde el abrazo inicial al saludarnos, demuestra empatía, diplomacia y algo de ansiedad. Características que Iván de Pineda quizás herede de sus primeros años de vida en Madrid, donde nació, de sus apasionadas lecturas, sus variados idiomas y de interminables viajes en los que conoció más de 650 ciudades del mundo, y se adentró en cientos de saberes.
Desde muy joven, a mediados de los ’90, Iván de Pineda cobró notoriedad en la pasarela de la moda de las grandes marcas internacionales que lo convocaron como Versace, Valentino y Gucci, entre tantas.
Después fue incursionando en la televisión dando lugar al conductor amante de la cultura: desde Resto del Mundo a Iván de Viaje (que en estos meses volverá a Telefé) a destacarse en Los ocho escalones y seguir con el éxito actual de Pasapalabra con ya diez años de vigencia (a cargo de su productora Kocawa), entre tantos ciclos.
Ahora, en sintonía con este Iván inquieto desde chico por la lectura y el conocimiento, conducirá y producirá Desafío Atenea, una competencia nacional de estudiantes universitarios que pondrá a prueba la inteligencia y la creatividad de 150 alumnos divididos en cincuenta equipos y que transmitirá la señal de streaming OLGA desde el 23 de este mes.
-¿Cómo llegás a este retrato íntimo, Iván?
-(Entusiasmado) ¡Muy bien! La verdad es que con un año que va muy rápido. Es increíble cómo ciertos momentos particulares tienden a acelerar situaciones. Y de repente ya estamos en abril. Y la verdad muy contento y muy ilusionado también con todas las cosas que suceden a nivel profesional . Soy de esas personas que siempre estoy como… (duda).
-¿De buen ánimo?
Sí, para mí es muy importante. Es como algo que me nutre de energía y de buena onda. Primero hacia mi persona. Pero después es muy beneficioso a la hora también de interactuar. Hay que estar ahí presente también con una sonrisa. Me parece que hay que encararlo con un buen talante.

-¿Te pasa que tenés que hacer un esfuerzo a veces para estar muy atento al otro?
-No, al contrario. Para mí es primordial. Me parece que está buenísimo. Creo en esta cosa del rebote: cuando le ponés una muy buena actitud y muy buenas ganas a las cosas, vuelve lo bueno. Creo que me sale automático, o sale de mi personalidad, pero soy así.
Un optimista del buen trato
-Sos una persona optimista.
-¿Viste como nos saludamos acá directamente? (Fue con un abrazo sentido). Me parece que es muy importante. (Sonríe) Soy medio ñoño.
-¿Cómo es ser “ñoño”?
-No sé, como aburrido y rebuscado, y sin embargo, para mí es como muy natural.
–¿Y en qué te sentís aburrido?
-(Piensa) No sé si es aburrido. Creo que muchas veces hago cosas más normales de lo que a veces otros piensan. Desde afuera puede parecer que hago algo extraordinario o diferente y soy como muy tranquilo para todo. Me gusta tener todo en su lugar específico.
-Ordenado…
-Soy ordenado, ansioso también. La ansiedad tiende un poco a veces a la verborragia, lógicamente.
-¿Hiperkinético?
-Soy hiperkinético. Quizás la palabra justa es multitasking: tengo la capacidad de desarrollar diferentes acciones al mismo tiempo. Desde muy chico, he tratado de que sea una herramienta a favor en determinadas situaciones, y no que sea un lastre para muchas otras.

-¿Vivís por eso situaciones de mucha ansiedad?
-Sí, es una ansiedad que estuvo supeditada quizás por cuestiones profesionales de corta edad: estar moviéndome de un lado al otro y nunca saber qué me iba a tocar a los dos o tres días siendo tan chico como modelo. Entonces buscaba herramientas para poder anclar esa velocidad de situaciones, eso de estar cambiando de escenarios constantemente.
La lectura, ese bien
-¿En algún momento lo padeciste?
-No, porque tuve herramientas que para mí son muy preciadas, que me permitieron de alguna manera comprender y entender lo que me pasaba a los 17, 18 años. Una de ellas, por ejemplo, es que yo empecé a viajar con la lectura, y estaba de un lado para el otro, y me acordaba de algo que había leído o algún personaje de la ficción querido de mi infancia de un clásico que había recorrido. Estaba en una fase un poco más contemplativa, para que no me pasara todo por encima.
-¿Naciste casi leyendo, no?
-Sí, fui un chico muy enfocado en eso. De chico, imaginate con una miopía severa y sin resolución quirúrgica en aquel momento, se me complicaba para el deporte. Jugaba al rugby de manera voluntariosa, porque era muy chicato. Y en casa siempre hubo mucho libro y se utilizó mucho la lectura. Y la verdad, se dieron cuenta de que me gustaba y me lo pudieron fomentar.

-¿De qué manera tu abuela y tu mamá te alentaban a la lectura?
–Fui un chico de hacer muchas preguntas. Recuerdo la paciencia infinita de ambas para responder cada una que surgía cuando leía algo y el detalle de regalarme a los pocos días un libro sobre lo que había preguntado. Lo que siempre voy a agradecer a mi familia que me fomentaron eso. Todo el mundo sabe que si me querés regalar algo, con un librito ya está. Y eso fue algo que en casa siempre estaba muy claro. Soy como muy romántico, todavía tengo todos esos libros de mi infancia. (Piensa) Y a los cuatro años ya leía… y estaba en España aún.
-¿Recordás algo de tus primeros siete años en Madrid? ¿Sufriste como un desarraigo?
-Tengo recuerdos imborrables de mi niñez. No lo tomé como un desarraigo venir acá; fue el primer gran viaje de mi vida.
–Hablaste de la familia: ¿Qué lugar ocupa actualmente?
-Importantísimo. La familia es uno de los pilares más importantes de mi vida.
-Tus primeros años, cuando usabas anteojos con mucho aumento y te dedicabas a leer. ¿En algún momento sentiste bullying?
-No, no. Pero mi manera de hacerme amigos fue armando la biblioteca de la clase. Pero eso no era lo más popular (sonríe). Y cuando llegué a Buenos Aires imaginate lo que era yo, hablando con otro acento, pidiéndole a los chicos libros prestados. Era como el bibliotecario de la clase (ríe). Pero me gustaba hacer equipo.

Amigo y amiguero
-¿Siempre fuiste de lo social? ¿Cuándo eras chico también?
-Sí, olvídate. Soy como este tipo de personas que tiene muchos amigos. Conozco a muchas personas y me las acuerdo. Me encanta cruzarme con alguien que fue a mi colegio, que quizás estaba tres años abajo mío, y acordarme de esa persona y mantener una pequeña charla de dos segundos.
-¿Sostenés grupos de amigos, de ex compañeros?
-Lógicamente, hoy la tecnología ha ayudado mucho. Soy muy gregario, de estar conectado.
-Con la aclaración que a vos no te gustan las redes sociales ¿verdad?
-No es que no me gusten, me parecen espectaculares. No sé cómo interactuaría desde ese lugar con estas plataformas. Me gusta hacer las cosas de una determinada manera, ordenada. Me encanta estar informado de todo. Ahora, ¿cómo yo trabajo con todo eso? Todavía me lo sigo planteando.
-¿No estar ahí tiene que ver con lo que decías antes de una personalidad aburrida?
–(Ríe) No, pero es como también ¿reírse de uno? Yo estoy en mi casa haciendo otra cosa completamente diferente a lo que muchos imaginan, ¿viste? ¿Y esto a quién le puede interesar si la verdad no tiene nada de mágico?

-¿Y cuáles fueron los grandes libros de tu vida?
-He pasado por todo. Cuando era chico, todas las colecciones Robin Hood, Elige tu propia aventura, Alfred Hitchcock, Alejandro Dumas, Emilio Salgari. Después, pasé a leer un poco de historia, y pasé por la etapa lógica de La Ilíada y La Odisea y todo lo que ofrece la cultura grecorromana.
-¿Filosofía?
-Filosofía es lo que quizás me guardo para ciertos momentos, no es lo que más consumo como materia de lectura. (Piensa) Creo que son esos pequeños tesoros o cositas que me voy guardando para otros momentos. De repente, leer a los veinte filósofos que cambiaron la historia, por ejemplo.
-En ese sentido: ¿te interpela la existencia?
-No, pero mirá qué loco, porque eso tiene que ver con lo que te decía antes. Esta cosa de ser hiperkinético, la velocidad, esto de saltar de un lado al otro, en términos también físicos: no me detengo mucho a pensar en eso…
El tiempo pasa, nos vamos sintiendo… vivos
-Tema existencial: ¿cómo impacta el recorrido, el paso del tiempo?
–A los 48 años me siento más vivo que nunca. Me cuido y me ocupo de mí para estar bien y poder disfrutar del presente. Estoy muy conectado con mis cosas. No me planteo mucho el mirar para atrás, tener que hacer un balance…
-No te gusta el balance…
-No hago balances: cada año es el mejor, es un aprendizaje que me permite valorar y agradecer mucho lo que tengo alrededor. (Medita) En relación también a lo que me preguntabas, estoy muy congraciado con el paso del tiempo en esos términos. Tiendo todo el tiempo a ver las cosas desde lo positivo y cómo puedo aprovechar lo que la vida y el tiempo me trae para bien. No hago de las cosas una carga.
-¿Hiciste procesos psicoterapéuticos alguna vez?
-No (larga una carcajada). Nunca. No, porque no me lo he planteado, por ahora no.

-¿Cómo sentís que afrontás las situaciones que angustian o entristecen en la vida?
-(Interrumpe) Parte de eso es que volvemos a cómo comienza la charla. Esta cosa del talante. Sé que si arranco el recorrido del día con un buen talante, con una buena predisposición, comienzo el día con un pie adelante. Hay algo clave para mí: nunca llevo mis problemas a los demás. No sé si fue David Niven que dijo una vez que le preguntaron que se propuso hacerle pasar un buen rato a la gente que lo rodeaba. Y no sé por qué esa frase siempre me ha quedado. Para mí es importantísimo esto de la interacción agradable y sana.
-¿En quién te apoyás si necesitás ayuda?
-Tengo innumerables personas para apoyarme, tanto en mi familia como amigos: tengo muchos.
-Da la sensación de que sos bueno escuchando si algún amigo o tu pareja lo necesita…
-Sí, me parece primordial. Y una cosa que siempre, y desde chico, más allá de la verborragia natural que tengo, es la capacidad de escuchar. Y estar presente cuando uno escucha. Prestar atención, porque no sólo a través de eso uno puede brindar algo -consejo, ayuda, oreja, lo que sea-, también podés aprender.
-¿Y tu pareja es parecida a vos, en relación a lo que venimos hablando? ¿Tienen mucha conexión después de tanto tiempo juntos?
-El diálogo es muy importante y la utilización de la palabra como herramienta. Y a veces son muy lindos los silencios entendidos. A veces podemos estar en un silencio atronador los dos y estás compartiendo algo. No importa qué: algo tácito, casi telepático, sobre todo después de tanto tiempo.
-¿Cuál es tu cable a tierra fuera de lo profesional?
-La lectura. Me gusta mucho estar en casa. Mis amigos. Me gusta mucho jugar a las cartas. Y mucha gente me dice: “Che, ¿y las vacaciones?” Y a veces, unas buenas vacaciones son iguales a quedarme en casa (se ríe). Sé que suena raro.
-¿Tal vez pilotear aviones como lo solés hacer?
–(Se sorprende) Sí. Esas son cosas que me encantan. Siempre la aviación me ha fascinado. Me parece fascinante la capacidad humana de vencer a la gravedad. Sobre todo, porque podés ver todo desde otro ángulo.

-¿Qué edad tenías cuando estudiaste para ser piloto?
-No lo hice hace mucho tiempo. Lo quería hacer hace rato. Me gusta hacer las cosas bien y me recibí. Y empecé con avión, después pasé a helicóptero. Me encanta pasarme un tiempo en una cabina, con otra persona. Ver nuestro mundo, nuestro espacio, desde otra perspectiva.
-¿Te gustaría en algún momento dedicarte a ser piloto?
-No. Lo hice como algo personal, algo de autodesarrollo, de aprovechar mi tiempo en algo que realmente me da mucha curiosidad, que me gusta. Lo que más satisfacción me dio es el proceso, el empezar de cero algo y está buenísimo. Sí, lógicamente como soy así de ñoño, me leo todo sobre esta actividad.
-¿Qué se siente al estar piloteando?,¿qué es lo que encontraste?
-Control. Y sí, porque estás en pleno control de un montón de situaciones que tienen que ver con lo técnico y cómo se desarrolla la naturaleza que te rodea.
-Recorriendo tu vida, siempre hay algo dando vuelta con el conocimiento y la lectura. Ahora, en OLGA, vas a conducir una competencia con universitarios…
-Sí, más que el conocimiento, quizás la inquietud y la curiosidad, las ganas por el saber, después podemos hablar de conocer más o menos o qué tipo de conocimiento tenés, pero sí.
-Hablábamos antes algo de tu pareja al pasar. ¿Hay interés de ser padres o tal vez es un deseo de otros al ser vos tan conocido?
-No. A veces está bueno estar contento con los cursos naturales de ciertas situaciones y elecciones y lo que eso conlleva. Me ha tocado viajar muchísimo, pasarme a veces semanas y semanas fuera de casa, volver y tener poco tiempo, y ya volver a irme. Y esa es una de las cosas más increíbles de lo que me toca a nivel de relación. Lo maravilloso de poder haber atravesado un montón de cosas durante tantos años y adaptarte. Y utilizarlo para generar algo muy positivo y muy lindo, de acompañamiento en un montón de cosas.
-Entonces…
–Lo que quiero decir es que no me planteo cosas como determinaciones. Es decir: ser padre, ¿por qué no? Quizás sí. Ahora, lo que traerá el futuro, no sé... No es que hay un deseo, no sé cómo decirlo. Digamos: no me pongo mojones de acá a tres años o cinco años.
-¿Sos espiritual?
-Sí, sí, soy espiritual.
-¿Vas a la iglesia o a un templo o donde sientas conexión?
Sí, sí. Son herramientas que ayudan.
-Dentro de muchísimo, infinidad de tiempo, ¿cómo te gustaría que te recuerden?
–Como una buena persona. Simpático, buena onda. Que recuerden mi sonrisa.
Agradecimiento: Sofitel Buenos Aires Recoleta

