A punto de cumplir nueve décadas, Jane Fonda mantiene una rutina diaria que sigue despertando interés en todo el mundo. Sus hábitos de gimnasia, descanso y alimentación forman parte de un estilo de vida que sostiene desde hace años.
Se levanta a las 5:30 de la mañana todos los días y realiza entrenamientos de fuerza, caminatas y movimientos de bajo impacto: un enfoque muy distinto al aerobics explosivo que la volvió un ícono del fitness en los años 80.
La ganadora de dos premios Oscar repite que el objetivo ya no es “hacer más que ayer”, sino mantener fuerza, movilidad e independencia. Su rutina se articula en torno a tres conceptos —constancia, adaptación y descanso— y parte de una premisa sencilla: escuchar al cuerpo.
Una rutina que empieza a las 5:30
Fonda alterna sesiones para tren superior e inferior y, en vez de salir a correr como antes, prefiere caminatas a paso vivo por entornos naturales. El cambio no reside en la cantidad de ejercicios, sino en la intensidad: hace lo mismo que hace décadas, pero más despacio y con cargas moderadas.
Su día se organiza de la siguiente manera: se acuesta entre las 21 y las 21:30 para asegurar nueve horas de sueño, se levanta antes del amanecer y dedica al menos media hora al movimiento. Ese descanso planificado, explica, es lo que le permite rendir en las madrugadas sin resentir articulaciones ni energía.
La actriz también subraya la importancia de la adaptación. Con los años redujo impacto, reemplazó trote por caminata y cambió mancuernas pesadas por resistencia ligera. Lo decisivo, insiste, no es copiar la tabla que funcionó a los 40, sino encontrar la versión que el cuerpo tolera a los 80.
La fuerza después de los 70: qué dice la ciencia
La pérdida gradual de masa muscular —sarcopenia— puede acelerarse a partir de los 60 años. Harvard Health advierte que, sin entrenamiento específico, la disminución podría rondar 3 % por década y traducirse en menos estabilidad, mayor riesgo de caídas y dificultad para tareas básicas.
Por eso la Organización Mundial de la Salud recomienda al menos dos sesiones semanales de ejercicios de fortalecimiento combinadas con actividad aeróbica.
A su vez, Mayo Clinic agrega que sostener la fuerza ayuda a proteger huesos, controlar el azúcar en sangre y preservar la capacidad funcional.

Aquí radica el valor de la propuesta de Fonda: no busca levantar grandes cargas ni competir con tiempos pasados; busca entrenar mejor, no más.
Un trabajo de resistencia moderada —mancuernas livianas, bandas elásticas, ejercicios con peso corporal— basta para estimular el músculo y mantener la densidad ósea si se hace de forma regular.
Los hábitos que ayudan a envejecer mejor
Los geriatras coinciden en que la clave del envejecimiento saludable reside en tres pilares que la actriz resume bien: actividad física adaptada, descanso reparador y constancia.
Estudios citados por Mayo Clinic muestran que quienes duermen entre siete y nueve horas y realizan ejercicio habitual tienen menos incidencia de enfermedades crónicas.
La constancia, subraya Fonda, se cultiva con metas realistas: caminar todos los días, trabajar fuerza dos o tres veces por semana y dedicar unos minutos a estiramientos suaves. La adaptación evita lesiones; el descanso asegura recuperación; la rutina diaria convierte el esfuerzo en hábito.

En definitiva, la intérprete de Barbarella defiende que la edad no exige renunciar al ejercicio, sino ajustarlo. A sus 88, no entrena más tiempo que antes: entrena de forma más inteligente, escucha las señales del cuerpo y otorga al sueño la misma prioridad que al movimiento.
El resultado no es un récord deportivo, sino algo más valioso a esa edad: la posibilidad de seguir siendo autónoma y disfrutar de cada día en plenitud.

