Jean Wyllys: “El futuro de América Latina está en juego”

Imágenes: Cortesía Campaña Jean Wyllys

Desde San Pablo.

“Son las elecciones más importantes de los últimos 20 años en América Latina”, afirma Jean Wyllys. El intelectual, profesor, periodista y artista visual irrumpió hace una década en la política brasileña y se convirtió en el único parlamentario abiertamente gay del Congreso Nacional. En pleno auge del bolsonarismo, las amenazas de muerte lo convirtieron en un exiliado político. Tras seis años fuera de la política institucional, Wyllys vuelve y pelea por una banca en la Cámara de Diputados por el estado de San Pablo. En entrevista con Latfem, aporta claves para entender el escenario en el que llega la disputa electoral del 4 de octubre: el papel de las extremas derechas, las Big Techs, Estados Unidos y la necesidad estratégica de la reelección de Luiz Inácio Lula da Silva.

Cuando Wyllys asumió su primer mandato como diputado del PSOL en 2011, la prensa brasileña lo retrató como “el bloque de un hombre solo”: era el único parlamentario abiertamente gay en una institución profundamente conservadora. Aunque el escenario continúa hostil –Brasil es el país que más mata a personas LGBT+ en el mundo, según el Grupo Gay da Bahía-, su trayectoria abrió caminos y ya no actúa solo: son 225 las personas LGBT+ que aspiran a un cargo en Diputados, apuntó el Instituto Plena Ciudadanía/VoteLGBT.

Pero su trayectoria política no terminó con su salida del Congreso. Desde el exilio, Wyllys continuó levantando la voz, pintó para sanar las heridas de las violencias y se dedicó a estudiar la maquinaria digital del odio. En sus análisis aborda el auge neofascista a través de lo que llama “falsolatría”, un culto colectivo a la mentira propiciado por la falta de regulación de las plataformas digitales. De regreso en Brasil, de la mano del Partido de Trabajadores (PT) habla sobre las posibles amenazas al proceso electoral y sobre la necesidad de escuchar a las mujeres, disidencias y pueblos indígenas para hacerle frente a la “política de muerte y exterminio” históricamente conducida por hombres blancos heterosexuales.

¿Qué te hizo volver a la política y ser candidato después de tu exilio político? ¿Cambió de alguna manera tu relación con la política en ese tiempo?

La verdad que durante ese tiempo seguí trabajando como intelectual y actuando políticamente. Al mismo tiempo, me convertí en artista visual. Hasta ese momento, pintar era algo que hacía en privado. Pero en el exilio, para lidiar con la ansiedad y con el trastorno que desarrollé por la violencia que sufrí, precisé realmente dedicarme a la pintura, a los colores. Ahí encontré refugio y, al mismo tiempo, ese arte, que fue ganando visibilidad, es profundamente político. Si ves lo que hago, la estética, el color, la textura, es un discurso político. Desde el exilio, además, denuncié al gobierno de [el expresidente condenado por intento de golpe de Estado, Jair] Bolsonaro, su orientación nazi fascista y el negacionismo en relación al covid-19. Continué con mi trabajo y mi relación con la política no cambió. Cuando volví, en 2023, Lula ganó la elección, salíamos del trauma que fueron los años de Bolsonaro y vivimos una tentativa de golpe de Estado violenta, que reabrió las heridas no sanadas de la dictadura militar. Ante eso, muchas personas de mi entorno empezaron a plantearme la idea de que me candidatee. “No basta con ser un intelectual público, tenés que estar en la institucionalidad”, me dijeron. En un primer momento, me pregunté si quería volver a ese lugar y lidiar con figuras horribles de nuevo. Me considero una persona que tiene una relación con lo sagrado y, en ese momento, sentí ese llamado de mis amigos, que era un llamado sagrado. Y, la verdad, que dejar que el mundo sea dañado no es parte de mi personalidad. Puedo hacer más. Así salió esta candidatura en San Pablo, que es donde me radiqué desde 2023. Ahora, vencer no depende mucho de mí. Por mi parte, la campaña está muy linda y democrática. Cuenta con un concejo que sería parte del mandato en caso de que gane porque creo que una forma de profundizar la democracia es hacerla participativa y transparente.

En estas elecciones sos candidato a diputado del Congreso Nacional, una institución que tiene un papel central en la vida política del país, ¿qué está en juego en ese sentido y qué significa disputar ese espacio siendo un hombre gay mestizo que, además, sufrió violencia política?

Mirá, la Revista Piauí, en 2016, hizo un perfil mío. El título era: “El bloque de un hombre solo”, porque era el único parlamentario que representaba esas vivencias: era un hombre gay, mestizo, que llegaba del nordeste. En ese momento, era un hombre solo, pero todo lo que hice generó frutos. En 2018, apoyé la candidatura de Marielle Franco y de David Miranda para concejales en Río de Janeiro y fueron electos. En 2018, yo mismo fui electo por tercera vez, aunque no terminé el mandato debido a las amenazas de muerte y de una campaña sin precedentes de desinformación, que implicó la construcción de mi imagen como enemigo público por parte de diputados de extrema derecha para hacer su propia campaña. Aún así, fui elegido para ese mandato. Todo eso tuvo algo bueno: abrí las puertas. Si hoy tenemos a Erika Hilton, a Samia Bomfim, a Áurea Carolina o a Taliria Petrone es fruto de gran parte del trabajo que hice. Tengo mucho orgullo de que hayamos conquistado ese bloque. Volver ahora significa que voy a estar acompañado, porque además hay una expectativa de ampliar aún más el bloque progresista junto con los pueblos indígenas, las personas negras, las mujeres de manera general y las trans, en particular, así como a la comunidad LGBT+. Eso también significa que, tal vez, tenga un poco más de paz. Y vuelvo, además, con la experiencia internacional, porque en el exilio conocí a muchas otras personas exiliadas, de diferentes países del mundo, con quienes conformamos una red. Necesitamos articularnos como progresistas, socialdemócratas, comunistas y socialistas porque eso es lo que nos protege ante las amenazas. A veces pienso que, en su cálculo táctico, racista y misógino, creyeron que asesinar a una mujer negra iba a costarles menos trabajo que atentar contra un diputado con trascendencia internacional, porque para ese momento yo ya era conocido. Pero se equivocaron: mataron a Marielle y la convirtieron en un símbolo global de lucha por la justicia social.

Ahora bien, ¿cómo enfrentar a un Congreso que continúa siendo conservador?

Mi perspectiva es que reelijamos a Lula. Estoy esperanzado. A pesar de todo lo que está pasando, creo que vamos a elegir a un Congreso más progresista. Ahora, dependerá de nosotros conformar esta internacional progresista para hacer una buena gobernanza en el contexto de esta globalización porque ninguna solución se va a dar en el ámbito nacional solamente. El mundo vive nuevamente una crisis planetaria poblacional como en la época de la conquista y de la esclavitud, pero la respuesta no puede ser esclavizar personas otra vez. La respuesta tiene que ser la cooperación, las inversiones distribuidas de forma igualitaria para el desarrollo igualitario, la solidaridad y la reapropiación colectiva de las empresas del mundo. Y eso es una lucha que no puede ser una lucha nacional.

Algunos de los puntos que planteás, como las campañas de ataque y de desinformación son algunas de las estrategias a las que te referís en el libro Falsolatria para analizar un momento marcado por el gobierno Bolsonaro y el ascenso de la extrema derecha y una fuerte disputa en torno a la verdad. ¿Podrías explicar de qué se trata ese término? Y, en ese aspecto, ¿cómo ves la política brasileña actual? ¿cambió algo?

Cambió mucho. Desde ese entonces, las cosas empeoraron. Cuando comencé a denunciar la desinformación digital en 2015, en mi libro Tempo bom, tempo ruim; identidades, políticas e afetos (N de R: “Tiempo bueno, tiempo malo: identidades políticas y afectos”, en español), las Big Techs no eran tan fuertes todavía. En una década se convirtieron en Estados que quieren imponerse a los Estados nacionales y herir la soberanía nacional. Creo que, si en aquel momento las personas me hubieran escuchado más, Bolsonaro no hubiera sido electo en 2019, no hubiéramos pasado por el 8 de enero. En ese sentido, hay un aspecto que la política debería rever -y estamos en esa batalla-, que es la escucha. Escuchar a las mujeres, a los hombres gays, a las personas indígenas que tienen qué decir sobre el mundo. Hasta ahora es inmunda la forma en la que hombres blancos heterosexuales condujeron la política, es una política de muerte y exterminio. Inclusive nuestros compañeros de izquierda necesitan escucharnos.

“A veces pienso que, en su cálculo táctico, racista y misógino, creyeron que asesinar a una mujer negra iba a costarles menos trabajo que atentar contra un diputado con trascendencia internacional, porque para ese momento yo ya era conocido. Pero se equivocaron: mataron a Marielle y la convirtieron en un símbolo global de lucha por la justicia social”.

En aquel momento, si las personas hubieran sido un poco más solidarias y empáticas conmigo, si hubieran leído mi libro, nos hubiéramos preparado mínimamente para que la extrema derecha no llegue al poder en 2018. A partir de lo que sucedió, acuñé el concepto de “falsolatría”, que es lo que estamos viviendo: un culto digital colectivo a la mentira y a la falsedad. Es la pérdida de distinción entre lo que es verdad y lo que no. Es muy grave. Esto puso en jaque a las instituciones democráticas y a la propia percepción de la vida. Las Big Techs, la inteligencia artificial, la IA generativa, sin ninguna reglamentación desarrollándose sin control es lo que llevó al mundo a preguntarse si todo lo vemos es real. Cuando perdemos esa noción, perdemos muchas cosas. La primera es la confianza mutua, la confianza en nosotros mismos. El sentido de un nosotros desaparece, porque pasas a desconfiar de todo y de todos. Cuando todo lo que es real está en juego es porque las instituciones democráticas ya hace tiempo perdieron credibilidad.

¿Cómo se hace para enfrentar ese escenario que planteás?

Nosotros estamos en esa contracorriente. Es un trabajo difícil que demanda esta elaboración que estoy haciendo con vos ahora. Demanda lectura y entrar para pelear en esa institucionalidad, porque como dije, como intelectual público puedo hacer, pero como diputado puedo hacer un poco más, porque voy a estar dentro de las instituciones, voy a devolver la credibilidad en ellas. Voy a presentar proyectos de ley para regular las big techs, para pensar en un freno al desarrollo de las IA en la forma en la que lo están haciendo y que la humanidad no esté al servicio de la inteligencia artificial. Es realmente una batalla difícil, pero estoy para llevarla adelante.

Y en ese contexto internacional, ¿cuál te parece que es la relevancia de estas elecciones para la región?

Creo que son las elecciones más importantes de los últimos 20 años para América Latina porque el futuro de la región está en juego. En este momento el mundo es disputado por dos proyectos. Uno, neoliberal, neocolonial, neofascista y excluyente, que quiere apropiarse de las riquezas del mundo y que es conducido por Donald Trump, por la derecha religiosa estadounidense y sus aliados en el mundo. Y el otro, dirigido por China, que es multilateral, que cree en la soberanía de los pueblos, en la cooperación mutua y en el enfrentamiento colectivo a diferentes cuestiones que está atravesando el planeta. Dentro de esa disputa, América Latina tiene una posición estratégica porque tiene minerales raros, reservas de petróleo y la selva amazónica. También están en disputa nuestros datos. Hay un capitalismo de la atención, de la plataforma, de las Big Tech, que también nos ve como activos, como commodities. Por eso Donald Trump intervino en las elecciones como vimos en Perú o en Colombia. No es una teoría de la conspiración, la prueba fehaciente de esto es la detención de Fernando Cerimedo (N de R: ex dueño de La Derecha Diario y ex asesor del presidente argentino, Javier Milei, y de diferentes figuras de la extrema derecha en toda América Latina) en Bolivia, que mandó a matar a su ex novia Nadia Beller, y que en los allanamientos en su casa le encontraron una infraestructura de comunicación de distribución industrial de fake news y de desinformación.

¿Y cómo creés que Brasil llega a estas elecciones?

En este contexto nosotros tenemos a Lula, que es uno de los principales actores globales empeñado en construir ese mundo nuevo, multilateral y cooperativo. Lula es esa persona que está junto con los países emergentes, que se reúnen en los BRICS (Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica), a quienes también buscan sumarse países del norte global, como España, Portugal o Italia. Tenemos a este candidato, pero que en Brasil está siendo atacado por agentes internos de ese otro proyecto. Y esto tampoco es una teoría de la conspiración. Medios como Intercept denunciaron que Estados Unidos llevó periodistas e influencers de derecha para entrenarlos para atacar al presidente. Lula también viene siendo atacado por las oligarquías brasileñas que, al igual que las oligarquías latinoamericanas, sirven más al imperio de los Estados Unidos y a las antiguas metrópolis herederas de las que esclavizaron negros e indígenas. Javier Milei (Argentina), Abelardo de la Espriella (Colombia), Nayib Bukele (El Salvador), ese grupo de líderes sirven a Estados Unidos y no a sus propios países, son parte de esa herencia, y así como ellos, en Brasil también hay portavoces de ellos que buscan sabotear a Lula.

“Tenemos que trabajar con la idea de que vamos a conquistar voto a voto y a ganar esta elección en la primera vuelta. Y si no fuera así, tenemos que estar enteros para enfrentar a un mafioso”.

La prensa de masas acá, por ejemplo, está concentrada en las manos de esas oligarquías. La principal es la red O’Globo, que se construyó como un imperio de comunicación durante la dictadura militar para servir a los intereses estadounidenses, como en toda la región en el marco del Plan Cóndor. Hoy, repiten la estrategia. Vuelven a querer tomar a América Latina. Por otro lado, también estamos nosotros, la mayoría del pueblo brasileño al que se le mejoró la vida en la era Lula. Los pobres, los trabajadores y trabajadoras y las mujeres, que hoy están en una fuerte lucha y cumplieron un papel increíble en estas elecciones convenciendo mujeres de diferentes clases y religiones porque saben que, si aquel proyecto excluyente se impone, van a sufrir mucho. La mayor parte de la comunidad LGBT+, de los pueblos indígenas, están con Lula. Los pueblos del nordeste, también. Al mismo tiempo, Brasil es un país continental marcado por la desigualdad social y geográfica y Lula rompió ese ciclo en la propia representación republicana. Por todo esto es que estamos empeñados en su reelección. Va a ser importante, no sólo para nosotros, sino para toda América Latina, principalmente para nuestros vecinos, para los países con los que compartimos la selva amazónica, que es la que regula el clima en el planeta y no podemos dejarla en manos de depredadores. Sabemos que esta elección es importante para nuestra región… Y, sin ánimos de grandeza, estas elecciones son importantes para el mundo. Las izquierdas de todo el mundo las siguen de cerca y creen que una victoria de Lula es importante porque representaría la victoria del proyecto de cooperación. Tenemos que cuidar este planeta porque no tenemos otro, sino vamos camino a una extinción en masa: las élites tecno-oligarcas del mundo son predatorias y no les importa el futuro del planeta.

Dijiste que te sentís confiado con la victoria de Lula, sin embargo, el contexto que planteás produce quizá un poco de miedo. Sobre todo porque Lula había empezado bastante bien su campaña en agosto y, poco a poco, según las encuestas, Flávio Bolsonaro (candidato a presidente por el Partido Liberal) se fue consolidando con el correr de los días. ¿Cómo ves la campaña y a qué elementos hay que prestarle atención en este último tramo, quizá ya pensando en una segunda vuelta?

Creo que la campaña de Lula demoró en despertar. Son errores que la izquierda comete porque ella misma también a veces tiene falta de memoria. El 8 de enero vivimos una tentativa de golpe movilizada en las redes sociales que implicó la dimensión de la comunicación, de las big techs y a este debate sobre la percepción de la realidad y el PT y el gobierno de Lula no se prepararon para contener y evitar que eso volviera a repetirse. Es como que creyeron que después la violencia vivida no iba a repetirse. Para mí el gran error de las izquierdas en América Latina es esa falta de memoria. Más allá de eso, ahora la campaña empezó a enfrentarlos. Aunque lo que me parece más importante es prestarle atención a la posible intervención de Estados Unidos. En ese punto creo que la comunidad internacional tiene que estar atenta, los medios de comunicación independientes, todos, tenemos que estar juntos. Y, por otro lado, la extrema derecha también gana mucho en el lugar del miedo. No tenemos que tener miedo. Sé que puede suceder, pero no nos podemos dejar contaminar por ese miedo. Tenemos que trabajar con la idea de que vamos a conquistar voto a voto y a ganar esta elección en la primera vuelta. Y si no fuera así, tenemos que estar enteros para enfrentar a un mafioso.

Redacción

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