El músico uruguayo regresó a Buenos Aires para presentar “Tinta y Tiempo” y su reciente exploración candombera en “Taracá”. En una noche de sincronía perfecta, Drexler reafirmó que la música es, ante todo, una herramienta de empatía.
Hay artistas que dan conciertos y otros que proponen rituales. Jorge Drexler pertenece, sin duda, al segundo grupo. El pasado fin de semana, el Movistar Arena fue testigo de una velada donde la precisión técnica se fundió con la calidez rioplatense, bajo el lema del «poderoso lenguaje de la canción».
Sincronización y empatía
Drexler inició el recorrido con el pulso candombero de su más reciente material, pero no tardó en viajar hacia las estaciones más queridas de su discografía. La puesta en escena, minimalista y elegante, permitió que el foco estuviera donde debía: en la palabra y el ritmo.
«La música es una herramienta de empatía y sincronización», señaló el artista durante el show, celebrando la capacidad de miles de personas de latir al mismo tiempo bajo un mismo techo. Esa conexión se hizo palpable en cada silencio respetuoso y en cada coro masivo que devolvía la calurosa platea porteña.

Un puente entre el Tinta y el Tiempo
El concierto funcionó como un puente entre su pasado y su presente. Sonaron los clásicos infaltables, pero también hubo espacio para la experimentación sonora que caracteriza su última etapa. La banda, un ensamble de virtuosos, logró traducir la complejidad de los arreglos de estudio a la energía del vivo sin perder la sutileza.
El cierre fue una declaración de amor mutuo. «Gracias Buenos Aires por devolverme siempre mucho más de lo que doy», se despidió un Drexler visiblemente emocionado, tras haber entregado una de esas noches que quedan guardadas en la memoria auditiva de la ciudad.
Momentos destacados del show:
- La conexión candombera: La percusión fue el motor de la noche, llevando la elegancia de sus letras a un terreno físico, casi bailable.
- El agradecimiento: «Gracias Buenos Aires por devolverme siempre mucho más de lo que doy», dijo un Drexler que parece redescubrir la ciudad en cada visita.
- La poética del silencio: El respeto absoluto del público en los pasajes más acústicos confirmó que la audiencia porteña entiende el juego de matices que propone el uruguayo.
El cierre de una era
Con este concierto, Drexler reafirma que no es un artista de «hits», sino de conceptos. Su música es una invitación a entender la complejidad de la vida —desde la biología hasta el amor— sin perder la ternura.



