El psicólogo español José Antonio Luengo fue claro: el acoso escolar no es una cosa de niños. La escuela, uno de los lugares donde los chicos y chicas pasan una gran cantidad de días al año, es el principal escenario de esta “enfermedad social”, según la definió.
Tal flagelo “afecta la manera en que niños y adolescentes entienden la relación con los demás, con los más vulnerables, con los diferentes”, indicó.
Y aun peor, esta problemática se cobra vidas, afirmó Luengo en mayo 2026 al diario El País. Respecto a por qué ocurre, lo emparejó con un modelo que identificó también en el mundo adulto. “El de arriba pisa al de abajo”, ejemplificó.
El letal sentimiento de superioridad
“Una de las causas de la violencia es la superioridad. Si yo me siento superior a ti, no tengo ninguna necesidad de quitarte nada. Simplemente me meto contigo porque me divierte, porque me hace sentir superior y porque me genera prestigio”, dijo el psicólogo.
En este marco, el español evitó culpabilizar a las familias, pero sí las consideró responsables de “muchas cosas”. “Los niños aprenden también de lo que ve en casa: cuando ven a adultos empáticos y cuidadores, eso se interioriza”, señaló.

Luengo destacó la importancia en la reacción de los padres al momento de descubrir que uno de los integrantes de una familia pudo haber estado implicado en una situación problemática. “No eres una persona mala, pero has actuado mal”, sería una de las opciones posibles al llevar adelante tal conversación.
Más que la expulsión de los alumnos acosadores, Luengo ponderó un “enfoque restaurativo”, basado en la comprensión y la reparación del daño, así como en el perdón. “Si eliminamos esa posibilidad, perdemos una oportunidad educativa fundamental. Cuanto más se alarga en el tiempo, más difícil es revertir la situación”, lamentó.
La importancia de un grupo protector
Por la otra parte, cuando la persona afectada por el bullying decide no hablar es por “un temor” a que la situación empeore, y que “el agresor o el grupo se vuelva más agresivo”.

De esta manera, Luengo -vicepresidente del Consejo General de Psicología de España- destacó el papel del grupo y la empatía como claves fundamentales para hacer frente al acoso.
Para ello consideró cruciales las “estructuras de cuidado y ayuda entre iguales”. “En los grupos donde la mayoría adopta un papel empático y protector se genera una dinámica que dificulta mucho el daño”, indicó.
Asimismo, reivindicó el papel de los adultos en los contextos escolares y su rol en la demarcación de “límites claros”.
A la vez, rechazó la idea de que son “débiles” quienes promueven la bondad frente a la maldad. “El bondadoso es una persona valiente, que se enfrenta a quien está haciendo daño y le dice: ‘Hasta aquí hemos llegado’”.
El especialista en convivencia escolar recordó dramáticos casos de su país que tuvieron sumo impacto social. Uno de ellos fue el de Jokin Ceberio Laboa, un menor de 14 años que, luego de haber sufrido el acoso en la escuela, se suicidó en 2004.
Evitar el robo de las ganas de vivir
El profesional, de 65 años, publicó recientemente el libro El algoritmo del miedo. Este es el quinto libro que el madrileño escribió hasta ahora.

Su principal motivación para llevar adelante tal proyecto editorial fue hacer un aporte a una mayor comprensión de las letales consecuencias de la violencia.
Dirigido a centros educativos, padres, y la sociedad en general, su reciente publicación es clara desde el minuto uno: “El acoso escolar no es un juego de niños”, señala Luengo.
El psicólogo aseguró que el acoso escolar marca para siempre a quienes lo padecen, dejándoles menos alegría, confianza, y en los casos más extremos, les roba las ganas de vivir.
Por ello es que el español resaltó la necesidad de “tender vías de acción conjunta” entre familias, víctimas, educadores y estudiantes. De esta manera, el crecer dejará de ser parte de una lucha por la sobrevivencia –según su mirada-, para convertirse en vida y madurez.

