“No estés nervioso. Que esto es una charla entre nosotros”, le dice José María Muscari a Lucio mientras se preparan para su primera producción juntos. La escena sucede en el living de su hogar. El joven de 18 años se muestra algo inquieto ante la experiencia inédita de dar una entrevista junto a su papá. Mientras tanto, el director lo observa y enseguida encuentra la palabra justa para transmitirle su confianza.
La sonrisa que aparece inmediatamente en su rostro confirma algo que atraviesa toda la conversación: la complicidad y el amor que construyeron desde que sus caminos se cruzaron. Y es que la historia que los une comenzó mucho antes de esta tarde compartida con GENTE en la intimidad de su hogar, al que se mudaron hace poco tiempo.
El joven llega del gimnasio y saluda: “Hola pa”. Y el artista termina una reunión de trabajo con su asistente mientras cae la tarde en la ciudad de Buenos Aires. «Vamos a hacer algo que nunca hicimos. Es debut total. Una nota juntos. Nunca hicimos una nota juntos y en nuestra casa», remarcan con gran expectativa.

En 2023, un video grabado por Lucio desde un hogar convivencial de Corrientes recorrió el país. Frente a cámara, el adolescente expresaba un deseo tan simple como profundo: quería tener una familia. La repercusión fue inmediata. Más de 130 familias manifestaron su intención de adoptarlo. Entre ellas estaba Muscari, quien vio aquellas imágenes mientras se encontraba de viaje y sintió una certeza difícil de explicar. “Lo tengo que adoptar, es mi hijo”, recuerda haber pensado.
Del otro lado también hubo una elección. Aunque inicialmente imaginaba construir su futuro con una familia correntina, Lucio encontró en José algo que lo distinguió del resto. No fue la popularidad, ni el trabajo, ni la exposición pública. Fue el interés genuino. La sensación de que detrás de cada paso había una decisión real y profunda de convertirse en su papá. Hoy, mirando hacia atrás, lo resume con la misma honestidad que lo llevó a grabar aquel video: “Yo quería una familia y ahora la tengo”, expresa orgulloso.
La emoción del día en que se conocieron
Lo que siguió fue un proceso de vinculación, encuentros, viajes, nervios y decisiones que terminaron convirtiéndose en una de las historias de adopción más conmovedoras. Hoy, con Lucio ya instalado en Buenos Aires, estudiando para piloto de avión y desarrollando su carrera como modelo, ambos hablan con total propiedad de esta historia que han construido.
Una historia que además, están listos para contarle a todos a profundidad, en el proyecto teatral más personal de su carrera. Se llama “Lucio y yo”: una biopic sobre el proceso de adopción de su hijo adolescente y el camino que recorrieron juntos para convertirse en familia. La obra se estrenará la primera semana de agosto en el Centro Cultural de la Cooperación, en Corrientes al 1500. Estará los viernes y sábados, pero no serán ellos los actores. Tienen a dos artistas dándole vida a sus personajes.

A casi tres años de aquel primer encuentro, padre e hijo hablan juntos -por primera vez- de las emociones del proceso de adopción, de los desafíos de la convivencia, de las diferencias que los enriquecen y de los aprendizajes mutuos. También se emocionan al recordar los momentos más importantes de una historia que desafía cualquier definición tradicional de familia y que demuestra que los vínculos más fuertes muchas veces nacen de una elección compartida.
–Muscari: Lo que me acuerdo era que estaba en mi habitación y estaba hablando, creo que con la jueza. Me dijeron que ibas a llegar a las 12 del mediodía. Me acuerdo perfecto. Me dieron permiso para pasarte a buscar a las 12.
–Lucio: No me acordaba de eso, imaginate. Después llegaste, te vi entrar y no sabía por qué estabas ahí.
–Muscari: Yo estaba re nervioso. Re nervioso. Y también con mucha expectativa. Pensaba: «Le quiero caer bien. ¿Se sentirá cómodo conmigo? ¿Qué pensará de mí?». Hablo mucho, hablo poco… tenía todas esas inseguridades. Después empezó ese primer día que hoy sigue siendo uno de los recuerdos más lindos que tengo. Recuerdo que hicimos un montón de cosas. De hecho, nuestra obra ahora lo cuenta. Me llevaste a conocer la Costanera de Corrientes, que yo no conocía.
–Lucio: Sí, me acuerdo. Después fuimos al shopping. Después compramos entradas para ver una película, almorzamos, fuimos a merendar y caminamos por el centro.
-Muscari: Jugamos al bowling. Yo muy malo, no acertaba nada (risas).

La verdad detrás de su importante elección
Uno de los momentos más profundos de la entrevista llegó cuando Lucio explicó qué fue lo que lo llevó a elegir a Muscari como su papá entre las muchas familias que se habían postulado.
–Lucio: La verdad, en ese momento estaba muy indeciso porque había mucha gente. Demasiada gente había y no esperaba eso tampoco. Cuando publiqué el video, a la semana vino la jueza con todo eso que no me esperaba.
–Muscari: Éramos 130 familias anotadas.
–Lucio: Yo quería que me adoptara una familia de Corrientes. Y dije: ‘Qué raro que este señor está interesado. Qué raro. No tiene hijos. Que se ocupe de su vida’ (risas). Le dije a la jueza que probemos con los de Corrientes y con este señor, porque para ese momento era «este señor». Pasó una semana y media, dos, y no tuve noticias de la familia de Corrientes. Pero me llegaron noticias de él. Se mostró el interés de que quería adoptar en serio, de que no estaba jugando. Y dije: «Nadie se movilizó tanto. Nadie hizo nada. Vamos para acá'».

–Muscari: O sea, que me elegiste porque sentiste el interés genuino. Mucha gente quería adoptar.
–Lucio: Sí. Y aparte de leer lo que pusiste en la presentación. Ahora no me acuerdo tanto qué pusiste. Pero se ve que las palabras llegaron. Porque yo no soy juguete. Yo quería una familia y ahora la tengo.
«Vi el video y dije: es mi hijo»
Cuando le toca responder por qué se había postulado para adoptar a Lucio, Muscari recuerda cómo fue el momento exacto en que vio el video que cambió su vida y que más adelante le regaló el privilegio de que lo llamen papá.
–Muscari: Yo quería ser padre desde siempre. Había averiguado una vez, pero me había parecido complicado. Cuando era más joven me imaginaba adoptando un hijo o una hija chiquita, pero después me daba cuenta de que mi vida no iba con tener un bebé por el quilombo de actividad que tenía. Todo cambió cuando apareció el video de Lucio. Creo que me postulé para ser tu papá porque en tu video vos fuiste muy sincero. Dijiste verdaderamente lo que querías. Querías una familia, querías estudiar, querías seguir yendo al gimnasio. Hoy pienso en ese video y te veo a vos y digo: «Pará, en ese video dijo toda la verdad». Sigue haciendo todo eso.
–Lucio: Fui muy sincero.

–Muscari: Yo vi tu video y dije: «Lo tengo que adoptar, es mi hijo». Y además sentí algo muy loco: «Me lo van a dar». Como una convicción. Algo que hasta el día de hoy digo: cuando uno siente algo muy fuerte, a veces pasa. De hecho, el primer día que yo compartí con vos, al final del día, que vino el momento más triste para mí, que fue que te quedabas en el hogar, o sea, no es que seguía nuestra vida porque obviamente venía todo el período de adaptación.
–Lucio: Eso era horrible.
–Muscari: Sí, obvio. Dejar a alguien en el hogar y decir: «Bueno, nos volvemos a vincular en una semana o en dos semanas». Es feo, pero bueno, está bien. Ese curso legal que es ir conociéndose de a poco para que las cosas funcionen.
El día que firmaron el compromiso familiar y la presentación oficial
Aunque legalmente hubo un día en que se formalizó el vínculo, ambos coinciden en que la sensación de familia ya existía desde mucho antes. «La verdad todo siguió como estaba», explica Lucio.
«Desde el día uno era un trato diferente. No era un trato normal de vamos viendo. Fuimos, firmamos el papel, fuimos a merendar y seguimos con nuestra vida», recuerda.
Para Muscari, el documento fue apenas una formalidad. «Creo que fue algo que consolidó en un papel algo que yo ya sentía. Ese papel decía que ahora somos familia legalmente a los ojos del mundo. Creo que lo que cambió mucho en mi vida antes de ser familia con vos y ahora que lo soy es que antes yo es como que pensaba solo en mí. Y ahora, desde que existís en mi vida, ese pensamiento no está más. Siempre pienso por y para nosotros», se sincera.

Fue entonces cuando el joven hace una confesión que emociona al director: «Yo sentí que éramos familia desde el primer día que te vi«.
Lejos de los conflictos típicos que podrían imaginarse, ambos coinciden en que la convivencia fue mucho más sencilla de lo esperado. Sin embargo, hubo una situación que Lucio todavía recuerda. «La idea era traer a la familia de a poquito. Un día uno, después otro día otro», relata. Y entonces lanza una carcajada. «Bueno, el señor no quiso eso. Agarró un domingo y trajo a toda la familia. A todo el mundo».
Según recuerda, aquella reunión lo dejó completamente desbordado. «Todo el mundo me hablaba y no sabía el nombre de nadie. Entonces me fui a la habitación. Dije que iba a buscar algo y me quedé ahí dos horas».
Muscari reconoce el error con humor: «Cuando lo miro con el diario del lunes digo: ‘Lo podría haber hecho de a poco’. Pero también pensé que la familia que tengo es esta. Es un quilombo. Y quería que conociera la realidad tal como era», asume entre risas.

Además confiesa: «Creo que fue una adaptación para los dos, porque claro, al principio vos tampoco sabés cómo ser padre de la noche a la mañana. Yo no tenía el ejercicio de tener otros hijos antes y decir: ‘Bueno, ahora con este ya sé cómo es’. No, fue como de cero. Y entonces en eso también vas aprendiendo. Ahora cuando lo miro con el diario del lunes, digo: ‘Ay, lo podría haber hecho de a poco’. Y también ahora cuando lo miro con el diario del lunes digo: ‘Estuvo buenísimo'».
«Soy mucho más feliz desde que llegaste a mi vida»
Cuando se les pregunta cómo definirían su vínculo actual, las respuestas son tan simples como contundentes. «Tranquilo», dice Lucio. «Feliz», responde Muscari.
Y profundiza: «Muchas veces cuando estamos andando en auto te digo: ‘Qué linda la vida que tenemos. Qué feliz me siento’. Te dije muchas veces que soy mucho más feliz desde que llegaste a mi vida. Y eso no sólo lo siento. También me lo dicen mucho desde afuera. Creo que tiene que ver con el tipo de relación que tenemos. Me gusta igual que hayas dicho ‘tranquilo’, porque es una linda definición para un vínculo de padre e hijo».
Además, reconoce el rol de su hijo: «Quizás vos me planteás algo que no te gusta que hice o dije. Yo lo escucho y lo reflexiono. Pero creo que no es menor eh, los casi 3 años de convivencia, porque los dos trabajamos un montón para que la relación esté así de linda».

Lucio coincide: «No hay problemas. Nunca hay un problema fuera de una discusión de cinco minutos». Aunque rápidamente recuerda que en sus primeros días de convivencia no todo fue color de rosas. «Cuando llegué acá no querías irte a laburar para estar conmigo. No me dejabas dormir», agrega, exponiendo a su padre.
José María entonces cuenta su versión: «Al principio te despertaba, es verdad. Claro, porque vamos a contar eso que es una anécdota que está buena. Cuando Lucio llegó a mi vida, yo no tenía adolescentes en mi familia y yo decía: ‘Bueno, duerme mucho, le embola estar conmigo, no quiere estar acá, solo duerme'». Y Lucio aclara: «A las 9 jamás me levanté»
El director cuenta cómo entendió que ese comportamiento era normal. en un joven de su edad: «Él un día me dijo: ‘Che, viejo, pero son vacaciones. Yo ya me desperté todo el año temprano, ahora déjame dormir’. Y ahí entendí: ‘Ah, bueno, claro, después cuando empiece la escuela va a empezar la vida más normal’ (risas).
El día que Lucio piloteó un avión con su papá a bordo
En medio de los nuevos desafíos que atraviesa, Lucio se encuentra abocado a una carrera que lo conecta con una de sus grandes pasiones: el mundo de la aviación. Actualmente estudia para convertirse en piloto profesional, una formación que combina horas de teoría, entrenamiento técnico y prácticas de vuelo, con la disciplina y la responsabilidad que requiere manejar una aeronave.
Si hay un recuerdo imborrable para ambos, es el primer vuelo que compartieron cuando Lucio comenzó su formación como piloto. «Fue un día inolvidable», asegura Muscari. «Sentir que estoy arriba de un avión que maneja mi hijo. Cuando subimos pensé: ‘Bueno, ahora la responsabilidad la tiene él'».

Lucio recuerda cómo surgió aquella oportunidad especial. «Era el día de mi cumpleaños. Bajé de mi clase normal y me dijeron: ‘¿No te gustaría volar un avión un poquito más grande?’. Subimos al 172, que tiene capacidad para cuatro personas. Se subió también el tío Beto». Sin embargo, el momento perfecto tuvo un detalle inesperado. «Lo que no me voy a olvidar es que se descompuso. Tuvimos que esperar como cuarenta minutos para que se recuperara. Se suponía que iba a ser lindo todo, ¿no? El señor tenía que bajar», relata entre risas.
«Yo me descompuse arriba del avión», admite Muscari. Y agrega: «Me pasó que un poco, creo que por la emoción y otro poco porque me mareé ahí arriba, bajé del avión y cuando bajamos estaba blanco yo… Tuvimos que esperar 40 minutos tirados hasta que me reacomodé».
Lo que más admiran del otro y el agradecimiento más emotivo
A la hora de hablar de admiración, Lucio no duda. «No hay alguien como él. La gente puede decir que está loco o que tiene cosas raras. Pero eso es lo que lo hace él. Eso es lo que lo hace Muscari. Es único. Y le chupa un huevo lo que digan los demás».

Muscari, por su parte, destaca la inteligencia y la capacidad de superación de su hijo. «Me parece increíble la capacidad de estudio y de resiliencia que tiene. Con toda la vida que le tocó atravesar, hizo toda la primaria y toda la secundaria en tiempo y forma. Nunca repitió un año. Siempre salió adelante». En esa línea agrega: «Y yo eso lo admiro un montón. ¿Por qué? Porque yo soy muy bueno para lo que hago, pero soy muy mal estudiante. No sé estudiar. De hecho, no es una casualidad… ahora manejo un auto porque tengo un hijo como que me incentivó a aprender».
También se dan espacio para mencionar en qué cosas sienten que se parecen como padre e hijo. «En la creatividad que tenemos. Pero también, algo que tenemos muy presente es el concepto del trabajo», desliza Lucio.
El director teatral le da la razón: «Total. Yo creo que nos parecemos por ejemplo en algo que es re lindo, que es que a los dos nos gusta invitar. Eso es re lindo. Lucio apenas trabaja y tiene un poco de plata, vamos a comer y quiere invitarme. Y de mi parte lo mismo. Hacemos actividades juntos y nos peleamos por quién paga, lo cual es re lindo».
Para cerrar, ambos se dedican unas palabras que resumieron la esencia de su historia. «Te quiero agradecer porque desde tu llegada a mi vida no solo me enseñaste un rol que yo no conocía, que es el rol de padre, sino que me hiciste sinceramente una mejor persona», expresa Muscari.

Y agrega una anécdota que lo marcó profundamente: «Desde el primer día que llegó, Lucio siempre tuvo una conciencia muy grande sobre la gente que vive en la calle. Cada vez que nos sobra comida o ropa, piensa en compartirla. Esa empatía por el otro es algo que me hizo consciente de cosas que antes no veía».
Cuando llega su turno, Lucio elige cuidadosamente cada palabra. «La verdad, no quiero agradecer porque me sacaste del hogar. Por eso no se agradece», aclara primero. Después, entonces, habla de lo que significó la llegada de Muscari a su vida. «Más que nada por brindarme una casa, brindarme una familia, brindarme estudio. Y brindarme tiempo».
Y concluye con una reflexión que termina de emocionarlos y abrazarse al borde de las lágrimas: «El tiempo es algo bastante sagrado para mí. Siempre digo que no me gusta perder el tiempo en cosas que no me suman. Pero compartir con alguien que te quiere y que vos querés es muy importante. Gracias por el tiempo que me diste».
«Sos lo más, hijo querido«, responde Muscari apenas pudiendo hablar por el nudo en la garganta.
Fotos: Candela Petech
Video: Ramiro Pallais
Producción y estilismo: @ernie_ba
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