El escritor y periodista portugués José Saramago (1922-2010) ganó el Premio Nobel de Literatura en 1998 y es autor de frases que aún hoy resuenan y hacen pensar sobre la condición human, como: «Dentro de nosotros hay algo que no tiene nombre, y eso es lo que realmente somos».
El autor se especializó en novelas de fuerte contenido filosófico, político y social, utilizando metáforas y alegorías para reflexionar sobre los sentimientos. Entre sus obras más conocidas se encuentran «Ensayo sobre la ceguera», «Las intermitencias de la muerte» y «El Evangelio según Jesucristo», que lo hizo ganar el premio de la academia sueca.
Fue una fuerte voz en debates políticos y de derechos humanos, participando activamente de la Revolución de los Claveles que puso fin a la dictadura portuguesa en 1974.
Esta es una de esas frases que sobreviven más allá de quién la pronuncie, y aunque no sea fácil de explicar, se trata de una reflexión breve y profunda, que resume una de las preocupaciones de su obra, como la identidad humana y personal más allá de las definiciones que la sociedad impone.
La oración, cita original del libro «Ensayo sobre la ceguera», invita a reflexionar sobre la identidad humana y sobre aquellos aspectos más profundos de nuestra personalidad que no pueden describirse fácilmente con palabras.
Las palabras invitan a preguntarse qué queda cuando desaparecen los elementos que nos definen desde afuera. ¿Somos lo que hacemos o somos nuestro trabajo? ¿Nos define nuestra nacionalidad o las opiniones de los demás? Son algunas de las preguntas que Saramago parece plantearse cuando indica que hay algo de nosotros «que no tiene nombre«.

No tiene nombre, porque no lo podemos definir más que por lo que sentimos, por aquello que realmente somos. Las palabras no pueden explicar la complejidad del ser. No alcanza con definir a una persona por su nacionalidad, género, ideología o condición social. Somos aquello que realmente no tiene nombre.
Para Saramago, la esencia de una persona parece encontrarse en un territorio mucho más difícil de describir que las etiquetas que nos puedan colgar. Es una idea personal, pero que puede aplicarse a una experiencia universal. En algún punto, quizás todo el mundo haya mostrado al afuera algo que no percibe en la intimidad de su ser.
La literatura del autor exploró el misterio del ser. En sus novelas, muchos personajes suelen enfrentarse a situaciones extremas que los obligan a descubrir quiénes son realmente cuando las estructuras sociales que les daban seguridad desaparecen. Está presente la idea de qué somos o qué hacemos cuando las certezas de las etiquetas ya no está.

Puede interpretarse también como una crítica a la sociedad y la necesidad humana de clasificar y definir todo. Para Saramago, la fuerza interior no se puede poner en palabras, o al menos no en conceptos breves y fácilmente identificables.
En tiempos en que las redes sociales y posteos que parecen definir la identidad, la reflexión del portugués sigue vigente porque interpela una pregunta que atraviesa a todas las personas: quiénes somos realmente.

