Bastan unos pocos minutos para entender que, como bien sostiene el título y expande el subtítulo, la muestra de Mariela Yeregui en el 7º piso del Palacio Libertad abre una experiencia donde el llanto y sobre todo las lágrimas cobran una dimensión tanto individual como colectiva.

No me quedan más lágrimas. Exhibición donde las lágrimas, en su fuerza y fragilidad se vuelve una experiencia compartida es un recorrido por la producción de Yeregui, artista visual, educadora y académica, fundadora y directora de la Maestría en Tecnología y Estética de las Artes Electrónicas de la Untref y profesora asociada del Departamento de Digital + Media de la Rhode Island School of Design, en combinación con su amiga y colega Gabriela Golder actuando como curadora, junto a dos artistas invitadas: Julia Pagani (hija de Mariela) y Mene Savasta, con el acompañamiento de Leo San Juan quien diseñó el cuidado montaje de estas dos salas que pueden visitarse hasta noviembre.
Se trata de un desarrollo basado en acciones sostenidas por tres años coleccionando sus propias lágrimas. Las usó para verlas en dos microscopios, para ablandar pinturas al agua, para tejer, bordar y realizar instalaciones donde combina lo performático y lo digital con lo manual. En una posición teórica convergente, en abril de 2025 cuando Estrella de Diego, la académica y crítica de arte española recibió el Doctorado Honoris Causa de la Untref, propuso el tema lágrimas en su conferencia: «Los afectos como una suerte de derecho a las lágrimas».
En un reportaje oportunamente publicado en este medio, admitió que estaba mal visto llorar en público y que, enseguida, el otro decía ‘no llores’ como si fuera posible dejar de duelar un sentimiento profundo. Por el contrario, aflorar la sensibilidad originaria del llorar enfrenta a lo que denomina ‘el síndrome del ojo seco’, pues «no lloramos y ello deviene en el ojo seco que, al no llorar, quizás no ve mucho, es un ojo al que le falta al menos un matiz».
En esta exhibición, bellamente organizada en instalaciones y momentos especiales, no sólo se permite el llanto sino que se elaboran obras con lágrimas.
Comenzar con algo pequeño
En un completo ensayo que la artista compartió con Clarín, se lee: “Comenzar con las lágrimas es comenzar con algo pequeño, casi insignificante. Las lágrimas aparecen y desaparecen rápidamente. Se evaporan. Dejan poco rastro. Y sin embargo, cargan una intensidad que excede su escala. Son al mismo tiempo materiales y afectivas, fisiológicas y políticas, íntimas y relacionales. Son constitutivas. Participan en la formación de relaciones entre cuerpos, entornos y sistemas de sentido».
Y debemos agregar que también son parte de una acción que dimensiona la naturaleza humana ya que no hay otra especie que llore en la forma emocional de hacerlo, es que para lubricarse o para quitar un elemento intruso, todos los mamíferos y aves las producen. “Las lágrimas están compuestas por agua, sales, proteínas y lípidos. Son producidas por glándulas y reguladas por procesos fisiológicos. Al mismo tiempo, están profundamente entrelazadas con estados afectivos” sostiene Yeregui.
Y agrega: “No son simplemente el resultado de la emoción; son parte de cómo el afecto toma forma”. Pero también hay que decir, que forman parte de una reacción que puede extenderse no sólo al individuo sino a los modos en que inciden en lo social, una respuesta a la precariedad o a la violencia que nos produce ese contexto.
Frente a estas situaciones, aunque el título aluda a un individuo que siente que no tiene más lágrimas, las interpretaciones que se ensayan en esta muestra, contienen reflexiones personales, pero también un sentimiento ampliado a un tiempo donde hay mucha destrucción.

Material reciclado
Con 300 lágrimas tejidas, una por día, utilizando material reciclado que le fueron donando va armando una instalación que pende del techo “Lágrimas negras”, construida a lo largo de igual número de días durante 2025.
La sala grande tiene otra instalación, “Mar de lágrimas” donde la artista utiliza un patrón para que una máquina de bordar vaya construyendo sobre esa base pero, la bordadora falla y cuando esto sucede, comúnmente determinado por el término glitch –que refiere a un error informático o visual imprevisto que no rompe el sistema–, da lugar a que ella intervenga y cambie el color del bordado, así el error es usado para subsanarlo, reparando el sistema con un cambio.
La insistencia y la persistencia operan aquí simbólicamente a través de la compensación para inducir a que todo siga fluyendo.

En una pared descansan unos platos que combinan parte de sus escritos, casi imposibles de seguir pues crean un sistema circular de lectura, y se contactan con una instalación de mesa donde aparece una combinación muy bien lograda. Combinando manualidad con mismo sistema que sirve para bordar alfombras, ella cambio el texto hacia un binario digital y luego a un sistema de sonidos que, combinados, permiten que una instalación pueda sentirse con el cuerpo para percibir tanto una vibración como un sonido producido por parlantes camuflados.
“Persistencia del llanto” es una experiencia sensorial muy singular porque es interactiva –sólo al presionarlos el sistema responde–, instalación que define como poesía expandida compuesta por 8 objetos electrotextiles sonoros reactivos al tacto.
Imagen microscópica
La imagen microscópica de las lágrimas es otra singularidad ya que es la que tiene una distancia enorme de una percepción común. “Paisajes frágiles” demuestra lo que una lágrima revela al microscopio y cuando este cambia a uno electrónico, de mayor precisión, nos encontramos ante una imagen que parece un sistema vegetal y es porque demuestra el tipo de combinación que tiene una estructura salina parecido a una ramificación de una flora común.

Pañuelos bordados a mano y estandartes de tinta y acuarelas sobre paños de voile, pintados mientras se llora en “Persistencia de lo húmedo” completan la sala grande con el aporte de una pieza regalada especialmente por su hija Julia quien acompaña este proceso tan intenso de tres largos años.
Una sala pequeña tiene la dimensión de lo público combinando 12 videos más un sistema generativo que toman términos negativos de tres medios digitales de alcance nacional, buscando palabras que denotan conflictos en tiempo real y día a día cambiantes. Particularizan en las cosas por las que lloramos todos.
La sala donde todo cambia, se vuelve más intima y cruza niveles donde esa mezcla entre lo performático grabado, lo manual, lo sonoro y lo instalativo logran un recogimiento especial es la 703. Imposible pasar por allí sin sentirse implicado de alguna manera.
El más singular es “Glitch”, definido por la artista como Poesía electrotextil, usando el tejido en telar manual con fibras naturales, cobre y mini pantallas LED donde pasan mensajes como: Llorar hasta decir basta, o el llanto colectivo es una forma de resistencia, rechaza la indiferencia al insistir en la presencia del afecto.
También está el gran pañuelo bordado con su cabello que repite el título de la muestra, y la instalación con proyecciones no coordinadas “Me rasgo para no rasgarme” realizada en 2024, que se proyecta sobre papel vegetal lo que le imprime una textura especial.

Propuestas más desafiantes
Fuera de la instalación que utiliza las imágenes de las lágrimas ampliadas por el microscopio electrónico que, mediante un sistema de retroiluminación en “Paisajes frágiles”, una de las propuestas más desafiantes es, sin dudarlo, “Lugar para llorar”.
Se trata de una ambientación con proyección de diapositivas y fondo sonoro en colaboración con Mene Savasta y asistencia técnica de Demian Ferrari, donde una sola persona se sienta en una silla a mirar un libro textil realizado por Mariela en un entorno completamente privado.
Como describe Golder en su texto curatorial: “La lágrima ocurre ahí: en un umbral, señalando el momento en que algo se quiebra y al mismo tiempo, la posibilidad de que algo continúe».
No me quedan más lágrimas. Obras interdisciplinarias de Mariela Yeregui. En las salas 702 y 702 del Palacio Libertad (Sarmiento 151) hasta el 20 de diciembre 2026, de miércoles a domingos de 14 a 20 con entrada libre y gratuita.

