El equipo de Úbeda goleó a Barcelona de Ecuador por el Grupo D y mostró su mejor versión. Con contundencia y pasajes de buen fútbol, el Xeneize quedó como líder de su zona y llega entonado al Superclásico del domingo en el Monumental.
Por VIVE CABA
La Bombonera recuperó esa mística que solo las noches de Copa Libertadores saben imprimir. En un clima de efervescencia total, Boca Juniors despachó a Barcelona de Guayaquil con un 3 a 0 que, más allá del resultado, dejó sensaciones de un equipo que empieza a encontrar su identidad bajo el mando de Claudio Úbeda.
Desde el arranque, el local asumió el protagonismo. Con la conducción de un Leandro Paredes que manejó los tiempos desde el círculo central y la proyección constante de sus laterales, Boca asfixió a un conjunto ecuatoriano que nunca pudo hacer pie en el césped de la Ribera.
La apertura del marcador llegó tras una jugada colectiva que Lautaro Di Lollo conectó para desatar el primer grito de la noche. El central, que viene consolidándose en la defensa, no solo cumplió en su área sino que fue el encargado de romper el cerrojo rival. A partir de allí, el partido fue un monólogo azul y oro.
En el complemento, la contundencia fue la marca registrada. Con espacios y la desesperación de Barcelona, Boca aumentó la ventaja gracias a la frescura de sus juveniles y la jerarquía de sus referentes. El triunfo le permite al Xeneize mirar a todos desde arriba en el Grupo D, una posición de privilegio de cara a la recta final de la fase de grupos.
El horizonte en Núñez
Sin embargo, en el mundo Boca la alegría es medida. El festejo de anoche es el combustible necesario para lo que viene: el próximo domingo, el equipo deberá cruzar la ciudad para visitar a River Plate en una nueva edición del Superclásico.
«Llegamos de la mejor manera, pero sabemos que estos partidos son aparte», deslizaron desde el vestuario local. Con el envión copero y el liderazgo en su zona, el conjunto de Úbeda parece haber encontrado el equilibrio justo para enfrentar el desafío en el Monumental.



