La dimensión espiritual de Gaudí

En el año del centenario de la muerte de Antoni Gaudí, no podía faltar un monográfico de Qüestions de Vida Cristiana sobre las claves de la espiritualidad de quien fue conocido también como el “arquitecto de Dios”. Y lo ha hecho en el número 284 bajo el título de Gaudí: espiritualitat, natura i arquitectura, con artículos de algunos de los mejores especialistas, en número de hasta quince.

Abre el volumen, Francesc Torralba, quien resalta que pese a que Gaudí escribió muy poco y fue más bien reservado sobre su vida de fe, se sabe de su religiosidad a través de sus amigos y coetáneos. Y lo que es más relevante, su “espiritualidad cristiana se refleja en la simbología religiosa que abunda en sus diseños, especialmente en la basílica de la Sagrada Familia, donde cada detalle arquitectónico tiene un significado religioso”. Torralba considera que Gaudí se sentía llamado a expresar la grandeza de la fe cristiana a través de su arquitectura. Y como algunos santos, se veía como un instrumento al servicio de la voluntad de Dios. El arquitecto reusense encontraba su inspiración en la naturaleza y creía que esta era una manifestación tangible de la obra divina. La belleza de sus edificios era el camino hacia Dios.

Torralba considera que la espiritualidad de Gaudí se manifiesta en la simbología religiosa de sus diseños

Armand Puig, autor de la rigurosa biografía Antonio Gaudí, vida y la obra, indaga en las fuentes religiosas del arquitecto: probablemente la Biblia de Torres i Amat, de 1823; los volumenes de L’Année Liturgique de Prosper Guéranger; y el Missale Romanum, de Lluís Carreras. Según Armand Puig, Gaudí se sintió atraído por la simbología del libro del Apocalipsis, lo cual se refleja en su interés por los cuatro vivientes (hombre o ángel, águila, león y buey), símbolos de los cuatro evangelios que coronan las cuatro torres de la Sagrada Familia, acompañando a la de Jesucristo. El teólogo daba esta semana una conferencia en Figueres (auspiciada por Amigos de la Iglesia de Sant Pere y Amics dels Museus Dalí) en la que destacó las afinidades entre Gaudí y Dalí a través de la espiritualidad de sus obras.

Jordi Graupera profundiza en su artículo en las raíces germánicas de Gaudí, quien a través de Elies Rogent llega a las teorías de Goethe, Hegel o Schelling. Oriol Pi de Cabanyes define a Gaudí como “transmoderno”, porque veía su obra como el trabajo de un periodo histórico más que la expresión de una sola personalidad. Y a ello se refiere Jaume Aymar cuando recuerda que dejó inacabado su diseño de la fachada de la Gloria para que fuese la obra de otra generación como en la construcción de las catedrales. 

Según Armand Puig, Gaudí se sintió atraído por la simbología del libro del Apocalipsis

Otro artículo, el de Chiara Curti, destaca precisamente que el interés de Gaudí en llevar a los niños a la Sagrada Familia y en atenderles casi más que a las visitas oficiales forma parte de ese deseo de continuidad. A los niños no les pedían limosnas para el templo sino que escribiesen textos sobre su experiencia.

La profesora Anna Vallugera plantea un enfoque totalmente distinto, alejándose del mito del genio para analizar el contexto social de un proyecto de expiación (La Sagrada Familia) en la ciudad de las bombas (Semana Trágica, Rosa de fuego). Supone una relectura de como las cicatrices sociales del edificio -perfectamente reflejadas en la figura del anarquista con la bomba en la fachada del Nacimiento- se difuminan ante la dimensión turística.

Los últimos artículos de este monográfico estudian facetas más concretas: Ignasi Moreta analiza las relaciones entre Gaudí y Joan Maragall; Natàlia Esquinas, su papel como escultor y sus vínculos con Josep Llimona; Rosa Ribas, la influencia de San Juan de la Cruz en detalles de la fachada de la Pasión; Josep Galobart revisa la relación del arquitecto con Montserrat, y Cristina Ortiz, su intervención en la catedral de Mallorca; Oriol Pérez i Treviño destaca la voluntad de Gaudí de instalar no un órgano sino varios en el interior de la Sagrada Familia a modo de “corona sonora”. Y Rafael Argullol en diálogo con Jordi Graupera asegura que cada vez admira y comprende más el conjunto escultórico de Subirachs.

El volumen lo abre un hermoso poema del físico y escritor David Jou que concluye con estos versos: “Preguem / perquè quans ens vulguin fer creure que la raó / només és ciència, tecnologia, economia, / saber i posseir, / sapiguem valorar amb emoció / la raó mística, profètica, artística, que enamorà Llull i Gaudí”.

Redacción

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