La escritora española de nombre largo y talento exquisito

Por Daniel Artola

Para empezar a leer este artículo, respire profundo y lea en voz alta, sin pausas: Emilia Antonia Socorro Josefa Amalia Vicenta Eufemia Pardo-Bazán y de la Rúa-Figueroa. Si llegó hasta aquí, sus pulmones gozan de buena salud. Tamaño nombre le corresponde a la escritora gallega que dejó una huella importante en la literatura. Gracias a Dios, su nombre se redujo por cuestiones prácticos.

La España de la mitad del siglo XIX afrontaba tiempos de transformación; lo viejo y lo nuevo reñían entre liberales y monárquicos. En ese contexto, el 16 de septiembre de 1851, Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña, lugar que aparece a menudo en su obra.

Fue hija única del matrimonio conformado por don José Pardo Bazán y Mosquera y doña Amalia de la Rúa Figueroa y Somoza. Su padre era un diputado liberal que le insufló a la niña las ideas progresistas. La pequeña creció en el seno de un hogar aristocrático, rodeada de libros y la dedicación de su madre. Descubrió muy temprano la lectura y la escritura entre los viajes recurrentes de su familia a Madrid.

Según sus biógrafos, a los nueve años escribió los primeros poemas y asomó a la novela muy temprano para hablar de las relaciones matrimoniales. Fue reconocida en su tiempo y, tras un olvido forzado o no, volvió a los primeros planos de la mano de reediciones de su vasta obra y el estudio en los claustros académicos.

Emilia no aprendió a bordar y planchar, sus intereses rumbearon por los idiomas y las ciencias. Ese caudal de conocimiento no pudo torcer el destino de toda mujer decimonónica que buscaba superarse: le fue vedada la universidad, que era solo un derecho masculino.

A los 16 años se casó con un estudiante de Abogacía llamado José Quiroga y tuvo tres hijos: Jaime, Blanca y Carmen. La crianza de los hijos no le impidió escribir. Tuvo apoyo de su marido, aunque esa unión se rompió años después.

Siempre buscó la independencia económica y anotó en su mente el consejo paterno cuando éste se enteró de que su hija estaba decidida a ser escritora: le pidió que procurase por lo menos no perder su posición. Como se diría en el barrio, “salir empatada” y no perder plata.

Pero a Emilia le fue bien: fue una autora muy leída, con poemas, novelas y artículos en los diarios que le sirvieron para analizar todos los temas y meterse en asuntos políticos. Escribió desde el carlismo hasta la cocina española. No sin razón, muchos especialistas la consideran la mejor escritora española de ese momento y, también, una presencia incómoda.

Se dice de mí

Pardo Bazán es catalogada como una mujer feminista, de avanzada, que hasta habló del placer de la mujer para romper el estereotipo cargado de ataduras y represión. En la escritora, como en todo ser humano, hay contradicciones que construyeron a una intelectual potente, firme, que sorteó los cánones rígidos de la moral y las costumbres. Progresista en defensa de la mujer y católica profesante, liberal y monárquica, un juego de contradicciones que la llevó a salirse de ese lugar y mirar desde las orillas.

“Todo se me ha regateado con avaricia. He ido conquistando el terreno palmo a palmo. Es cierto que tuve público desde mi primera novela, pero era una caminata por las dunas: avanzaba y fuerzas invisibles me hacían retroceder. No teniendo acaso tiempo ni humor para analizar despacio mis escritos, aplicaban lentes ahumadas al estudio de mi carácter y hasta de mi físico, que nada tiene que ver, supongo, con las letras. Yo era así, yo era asá, yo era, yo era vanidosa, yo usaba un peinado de otro modo, yo me gozaba en hacer daño a mis enemigos literarios, yo era soberbia por reprochar, hasta se me reprochaba el disfrutar de buena salud”, afirmó Emilia, según la cita de la historiadora Isabel Maura Burdiel Bueno ​en una conferencia de la Fundación Juan March en 2019.

La novela más reconocida

“Los pazos de Ulloa” (1886) es la obra que más fama le dio a Emilia con el paso del tiempo y las adaptaciones en teatro y televisión. Se trata de la decadencia de la aristocracia rural gallega y la primera expresión del género del naturismo que luego devino en el realismo.

Pardo Bazón sostuvo que la literatura debía dejar de ser un mero entretenimiento para mostrar realidades cotidianas. Tuvo el talento de unir el lenguaje de la ciudad con el del campesino y generó una mixtura para que fuese entendido por el público de habla español y el de habla gallega.

La Televisión Española (TVE) produjo en 1985 una versión en formato de miniserie dirigida por Gonzalo Suárez con las actuaciones de Charo López, Fernando Rey, Victoria Abril y Pastora Vega, entre otros. Esta obra es acompañada de la continuación llamada “La madre naturaleza”.  

El diario “El Correo Gallego” recordó que fue “una coproducción de TVE con la RAI, la televisión pública italiana, y se emitió además en países como Argentina o Uruguay. La serie tuvo un presupuesto de producción de 240 millones de pesetas”. Al cambio de ese año, la suma representaba alrededor de 1.250.000 dólares.

Otras obras para destacar

En “Insolación” (1889), Pardo Bazán dejó el naturismo y entró al terreno psicológico. Una viuda de cierta alcurnia se ve seducida por un hombre en la fiesta de San Isidro. “La protagonista disfruta la dulce voluptuosidad del deseo”, sostuvo Isabel Maura Burdiel Bueno y vuelve a traer la palabra de Pardo Bazán: “¿Por qué no han de tener las mujeres derecho a encontrar bien formado el muslo de un hombre o a imaginarse el cosquilleo de un bigote? Si no lo decimos, lo pensamos, y no hay nada más peligroso que lo reprimido y oculto”.

En tanto, en la novela “Un viaje de novios” (1881), Pardo Bazán tiene treinta y algo de años y vive momentos importantes en su vida privada y laboral. La historia cuenta el casamiento de una joven provinciana con un hombre más grande en edad. Se muestran el peso del patriarcado, las diferencias sociales y los mandatos morales sin faltarle la cuota de humor necesaria.

Entre novela y novela, Pardo Bazán se dio tiempo para crear una editorial, fundar una revistar, vincularse con autores rusos y hacer traducciones. Además, mantenía conversaciones epistolares con Leopoldo Alas y Benito Pérez Galdós. Con el autor de “Los Episodios Nacionales”, Emilia, ya separada de su marido, entabló una relación sentimental.

La historiadora

Isabel Maura Burdiel Bueno contó que solo se conservaron las cartas de parte de Emilia que guardó Galdós porque las que recibió la escritora de parte de él se perdieron por caprichos del destino, por decisión de los herederos o por la mano del franquismo. En esa nebulosa quedaron en el olvido aquellas misivas amorosas.

“A veces he soñado que derribaba un muro y encontraba toda la correspondencia, pero nunca, nunca ha ocurrido. No sabemos dónde estará. Para entender la relación con Galdós solamente tenemos las cartas de ella en las que habla de lo que él le pide o a dónde van a quedar para encontrarse. En esa correspondencia lo que queda claro es que, al igual que en sus novelas, Pardo Bazán transgrede los estereotipos de la manera de sentir que se esperaba que tuvieran las mujeres de su época. Hay una relación entre iguales que es muy bonita de analizar”, concluyó la historiadora.

Pardo Bazán escribió mucho y fue, sin querer, una obra literaria en sí misma o un poema imperativo para encender emociones y pensamientos.

Redacción

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