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La Guardia Urbana de Barcelona detuvo el miércoles por la mañana a un individuo in fraganti cuando estaba quemando varios contenedores en el distrito de Nou Barris. El sospechoso llevaba encima varios encendedores, de la misma marca y modelo que el que horas antes localizaron los Mossos d’Esquadra en el punto en el que se inició el fuego que entre el martes y el miércoles quemó un perímetro de casi 55 hectáreas en el parque Collserola. El sospechoso ha pasado este jueves a disposición judicial, según han confirmado a La Vanguardia fuentes al corriente de la causa, pero solo con un atestado que le vincula con la quema de los contenedores. La división de Medio Ambiente de la policía catalana todavía está realizando gestiones para acabar de ver si el arrestado es también el responsable del último incendio del corazón de Barcelona.
Este último incendio en Collserola empezó pasados unos minutos de las tres de la tarde en la carretera Alta de Roquetes, en el distrito de Nou Barris. Ese mismo día, una patrulla de la policía municipal arrestó a un individuo al que algunos testigos señalaron quemando contenedores. El hombre admitió lo que había hecho. Y contó algo más que no pasó desapercibida a la patrulla, que escuchaba voces que le indicaban que debía prender fuego a todo lo que tenía alrededor. Y que el martes le despidieron de su último trabajo, se agobió, y se subió a Collserola a “comer piñones”. Cuando los policías le preguntaron si además de comer había prendido fuego, el hombre lo negó rotundamente.
Este último incendio de Collserola obligó a los responsables de la emergencia a confinar a los vecinos de los barrios de Ciutat Meridiana y Torre Baró y ha desalojar de sus casas a 35 personas con viviendas en primera línea de uno de los frentes de llamas. La medida fue sobre todo para prevenir la afectación del humo y el confinamiento para que los servicios de emergencias pudieran operar en la zona sin la necesidad de esquivar a curiosos y visitantes.

Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de ‘Desmontando el crimen perfecto’. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender



