La historia de Bumpy, el hipopótamo bebé que quedó huérfano: su madre murió protegiéndolo en una pelea

Un hipopótamo bebé quedó huérfano en las orillas del lago Naivasha, en Kenia, después de perder a su madre en circunstancias que los veterinarios atribuyen a causas naturales, posiblemente una pelea protegiéndolo.

Lo que siguió fue una carrera contra el tiempo para rescatarlo, trasladarlo y darle una nueva familia. Hoy, el pequeño Bumpy tiene un hogar, cuidadores que no lo abandonan ni un instante y un río esperándolo en el futuro.

El 2 de mayo de 2026, el equipo veterinario del Servicio de Vida Silvestre de Kenia (KWS, por sus siglas en inglés) recibió un aviso sobre un hipopótamo bebé en el complejo Oloiden Resort, a orillas del lago Naivasha.

Bumpy quedó huérfano en Kenia tras la muerte de su madre, posiblemente al protegerlo | Foto: Sheldrick Wildlife Trust.

Cuando llegaron al lugar, encontraron a una cría diminuta recostada junto al cuerpo sin vida de su madre. El animal empujaba el cadáver con su pequeño hocico y emitía llamados, sin comprender lo que había ocurrido, contó la organización en un comunicado.

Según el grado de descomposición, la madre llevaba muerta más de un día. De acuerdo con el medio inglés The Times, los veterinarios estimaron que falleció por causas naturales. «Es muy posible que muriera protegiendo a su cría en una pelea territorial, ya que el infanticidio es común en la sociedad de los hipopótamos», explicó Angela Sheldrick, directora de Sheldrick Trust, la organización que se hizo cargo de Bumpy.

Fue hallado junto al cuerpo y rescatado en una operación urgente del KWS | Foto: Sheldrick Wildlife Trust.

Tras su muerte, el bebé permaneció a su lado sin saber adónde ir. Un equipo del KWS lo sacó del agua y luego la Unidad Veterinaria Móvil del Valle del Rift —operada conjuntamente por la organización de conservación SWT y el KWS— lo trasladó hasta Nairobi, donde quedó bajo el cuidado de los guardabosques del Santuario Sheldrick Wildlife Trust. Allí le pusieron nombre: Bumpy.

Bumpy inicia su rehabilitación en un entorno seguro

En su primera noche, Bumpy llegó al Nursery de Nairobi —un centro de cría para animales huérfanos—, donde lo alimentaron con leche tibia y lo envolvieron en una manta roja. El cuidador Simon acomodó su colchón en el piso para estar a su altura.

El hipopótamo se arrimó a él, apoyó la cabeza sobre su brazo y durmió profundo. «El cachorro buscaba claramente consuelo y cercanía, y desde ese momento no se separó de sus cuidadores», contó Sheldrick.

Trasladado a Nairobi, recibió cuidados constantes y mostró apego a sus cuidadores | Foto: Sheldrick Wildlife Trust.

Al amanecer del día siguiente, un avión partió desde Nairobi para llevarlo a Kaluku, el centro de rehabilitación donde vivirá durante su crianza. Bumpy viajó en el asiento trasero del helicóptero, cubierto por una manta.

Lejos de angustiarse, trepó hasta el regazo del cuidador Joseph y pasó el trayecto emitiendo gruñidos y chasquidos, la forma en que los hipopótamos bebés se comunican con quienes los rodean.

Kaluku es un entorno ideal para criar a un hipopótamo huérfano. El río Athi, que atraviesa la zona, alberga varios grupos de hipopótamos silvestres. La intención es que Bumpy se integre a alguno de esos grupos cuando tenga la edad y el tamaño suficientes.

Luego fue llevado a Kaluku, donde inicia su rehabilitación en un entorno protegido | Foto: Sheldrick Wildlife Trust.

Por ahora, cuenta con una pileta propia donde pasa gran parte del día sumergido, acompañado en todo momento por un cuidador que se mete al agua junto a él.

Bumpy también tiene un puf de gran tamaño con el que interactúa con especial afecto: se recuesta sobre él, lo frota con el hocico. Los cuidadores creen que la textura redondeada y firme le recuerda el cuerpo de su madre. En tierra, duerme sobre un colchón y necesita apoyar la cabeza en el regazo de alguien para descansar del todo.

Bumpy no está solo en Kaluku: comparte el lugar con Musumbi, otro hipopótamo huérfano que tiene casi un año de vida. Por ahora, cada uno tiene su propio espacio, aunque son conscientes de la presencia del otro. El encuentro inicial fue breve: Musumbi lo olisqueó sin demasiado interés y volvió a su pileta. Bumpy, por su parte, tiene toda la atención puesta en sus cuidadores.

El objetivo es que, al crecer, pueda integrarse a una manada silvestre | Foto: Sheldrick Wildlife Trust.

El pequeño los sigue a todas partes, gruñe a cada paso y mantiene lo que sus cuidadores describen como una conversación continua. Con sus ojos redondos y brillantes, su cuerpo compacto y su disposición permanente al contacto físico, Bumpy encarna algo que los especialistas en conservación conocen bien: los animales más vulnerables suelen aferrarse con más fuerza a quienes los salvan.

Redacción

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