Por Alejandro Borensztein. Ahora sí. Diego Santilli ya es el nuevo Jefe de Gabinete, Martín Menem controla la Cámara de Diputados, Victoria Villarruel controla el Senado con la admiración de José Mayans y Guillermo Moreno, Cristian Ritondo lleva las riendas de los diputados oficialistas o cercanos al oficialismo, Lule Menem es el hombre del poder en las sombras, Patricia Bullrich preside el bloque oficialista de senadores y Scioli es ministro de no sé qué cosa. Desde 1952 que no teníamos un gobierno tan peronista como este.
Si a esto le sumamos que Santiago Caputo vendría a ser la versión siglo XXI de Raúl Apold, el combo es completo.
A propósito, dada la cultura de historia política de nuestra dirigentes, no debe haber uno solo entre los más importantes que sepa quien fue Raúl Apold. Ni Javi ni Karina ni los Caputos ni Sturzenegger ni Santilli ni Scioli tienen la menor idea. Tampoco lo saben Macri ni Massa ni Kicillof ni muchísimo menos Máximo. Posiblemente Cristina sea la única a quien le puede sonar el nombre de Apold pero, presa y con tobillera, es un dato que no le va a servir de mucho. De hecho, si hubiese aprendido de los errores que cometió Apold entre 1945 y 1955 probablemente tendríamos una mejor imagen de ella. Presa estaría igual porque, con la que se chorearon, no zafaba ni a palos pero sería más querible.
Usted se estará preguntado, amigo lector: ¿quién corno fue Raúl Apold?. Ya llegaremos.
Primero debemos aclarar algo antes de que sea demasiado tarde: el gobierno de Milei está lleno de peronistas, tiene actitudes propias del peronismo pero todavía no es peronista. Hay que reconocer que el despilfarro populista se terminó y la corrupción es menor. No sabemos cuánto menor, pero algo menor es.
Sin embargo hay una idea sobre el peronismo que vale la pena repasar a la hora de analizar el presente de este gobierno y de cualquier otro gobierno de la Argentina.
Robaremos una definición anónima:
El peronismo no es un partido político ni un movimiento como suele decirse. Tampoco una doctrina o una ideología como pretenden algunos. Ni siquiera “un amplio movimiento donde todos tienen cabida, desde la derecha hasta la izquierda”, como decía el General Perón. Tampoco es un frente electoral aunque muchas veces se haya presentado en ese envase: FREJULI, FREJUP, FREPASO, Frente para la Victoria, Frente de Todos y tantas otras marcas o segundas marcas. El peronismo es algo mucho más grande. De hecho, el peronismo incluye al antiperonismo que no existiría sin el peronismo. No se quién lo dijo, quién inmortalizó el concepto ni quién patentó la idea pero, viendo la historia de los últimos setenta años, podríamos decir que el peronismo no es ni más ni menos que la manera argentina de hacer política.
Pensado así, todo se entiende más fácil en la Argentina. “El peronismo es la manera argentina de hacer política” es una gran frase.
Cuando no se sabe quién acuñó una frase importante, se la suelen atribuir a Borges, eventualmente a Churchill. También a Napoleón pero no creo que este sea el caso. Ante la duda, la dejaremos como anónima.
Dicho todo esto, ¿quién fue Raúl Apold, entonces? Repuesta: fue un tipo que ocupó el cargo de Subsecretario de Prensa y Difusión durante las dos primeras presidencias del General Perón. Controlaba los medios y la propaganda. Señalaba y denigraba opositores. Diseñaba instrumentos de manipulación ideológica y emocional. En otras palabras, fue el principal constructor del relato peronista.
Decidió que Evita había muerto a las 20:25 porque las 20:23, hora real del fallecimiento, no era un horario fácil para recordar. Muchos se preguntan por qué no dijo que murió a las 20:30 y chau. A partir de ese momento y durante años, cada vez que el reloj marcaba las 20:25, los locutores radiales debían decir “son las 20:25 hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad”. Esto se repitió todos los días entre 1952 y 1955.
En el fondo, Apold la pensó bien porque si la hubiese puesto a las 20:30 se hubiera mezclado con el “pip” de la media hora que dan las radios AM y el audio hubiera sido confuso. “Son la 20:30, hora en que Eva Perón pasó a la inmortalidad y empieza el Mitre Informa Primero”. No daba. Bien ahí Apold.
También inventó el lema “Perón cumple, Evita dignifica” y en un abuso de obsecuencia y autoritarismo le cambió el nombre a dos provincias argentinas: La Pampa pasó a llamarse provincia Eva Perón y Chaco paso a llamarse provincia Juan Perón. Sí amigo lector, esto pasó en la Argentina entre 1945 y 1955. También pasaron cosas buenas pero, a los efectos del humor, las cosas buenas no nos suman nada.
Si Apold hubiera vivido en los años del kirchnerismo, seguramente hubiese inventado 678, organizado el desfile de gente escupiendo las fotos de Mirtha, Magdalena Ruiz Guiñazú y otros, se hubiera apropiado del Juicio a las Juntas, habría sido el que le puso Néstor Kirchner a todo, incluido el CCK, y hubiera sido el responsable de utilizar Fútbol para Todos como una gigantesca estructura de propaganda política.
Si viviera hoy y fuese libertario, Apold tendría varias cuentas de X y desde allí se la pasaría llamando mandriles repugnantes y ensobrados a cuanto tipo expresase un pensamiento filosófico diferente al de Javi y Kari, si es que tal cosa existiera (lo del pensamiento filosófico de Javi y Kari, obvio).
No solo eso, seguramente se subiría a la motoneta de la autopercepción imperial de Javi. Cuando el presidente dice que su gobierno ya es el mejor de la historia argentina o cuando él mismo se autodefine como el mejor presidente que hubo en el país, se acerca mucho a la estrategia del amigo Apold. Entre eso y cambiarle el nombre a una provincia hay solo una diferencia de intensidades y de épocas. Es un delirio confeccionado con el mismo poliéster pero en distinto talle. Por ahora.
La llegada de Santilli nos aleja un poco de esta locura a la que sí adhería Manuel Adorni. Démosle tiempo.
¿Y Macri? ¿Qué puede decir el Gato cuando ve que todo su equipo pasó al gobierno? ¿Qué sentirá cuando, a la distancia, va confirmando que en el fondo eran todos peronistas y que nunca dejaron de serlo? Sin saberlo, sin quererlo y sin que nadie se lo agradezca, el Gato se pasó 20 años administrando una guardería de peronistas. Los crió, los formó, los llevó a su gobierno y les enseñó a hablar de República, instituciones democráticas y seguridad jurídica. Como buenos peronistas, en cuanto olieron que aparecía un movimiento distinto ocupando el poder salieron todos corriendo como una manada de búfalos. La historia recordará este episodio como la famosa estampida del PRO.
Lo curioso es que tanto Macri como Milei se definen como lo opuesto al peronismo. Ambos expresan esa identidad antiperonista pero, como ya se dijo, el antiperonismo es parte del peronismo.
La diferencia es que ahora el Gato lo sabe y le duele. Milei todavía no lo sabe. Los dos van a necesitar terapia. Macri deberá agregar alguna sesión más por semana para procesar la pérdida y Javi deberá buscarse un terapeuta para asumir el descubrimiento.
Al fin y al cabo, algo de razón tenía el General. Peronistas somos todos.

