La columna política del corresponsal de La Nueva. en la capital de la provincia.
Un par de diagnósticos duros lanzados desde la torre gubernamental bonaerense contra el rumbo económico del Gobierno libertario alcanzaron para romper el frío otoñal y levantar la temperatura dentro de la Casa Rosada.
“El riesgo que enfrenta la Argentina es el “riesgo Milei”: el verdadero peligro es que el presidente siga profundizando este desastre económico y se disponga a ejecutar su plan de destrucción más rápido y más profundo”, sostuvo el gobernador Axel Kicillof.
Esa definición política, más aquella filosa crítica: “queda claro que la economía está estallada en el mal sentido de la palabra, pero el presidente Milei prefiere vivir en el mundo de fantasía de las redes sociales”, que apuntó sobre un pizarrón el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, lograron sacudir los cimientos de una Casa Rosada, bastante disociada de la crisis económica y social, igual que la dirigencia política en general.
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De contragolpe, el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo salió a reivindicar los resultados de la gestión de Javier Milei, y tras afirmar que, “el kirchnerismo no es opción” en las elecciones 2027, utilizó una profecía explosiva: “No importa lo que pase, puede haber una guerra mundial o una invasión extraterrestre, pero Kicillof nunca va a ser presidente de la Argentina”.
El ministro nacional decidió hacerle “pressing” económico y político al gobernador pero casi lo borró de la cancha electoral. El cruce sonó poco oportuno en las diagonales.
Ocurrió mientras Kicillof estaba por arrancar con otra de sus excursiones por provincias argentinas procurando construir una candidatura presidencial mirando al futuro.
Kicillof sabe que su imagen no está atada a la expresidenta Cristina de Kirchner, pero es indisociable más allá de cualquier intento por emanciparse en términos domésticos partidarios en tiempos donde los reclamos de gestión bonaerense se acumulan y profundizan como consecuencia de la crisis económica y sanitaria.
En términos políticos, el gobernador busca también protagonizar un escenario de polarización electoral contra Milei como líder libertario, aunque algunos peronistas no descartan que el expresidente Mauricio Macri decida subirse al ring para otra posible “pelea de fondo” a partir de algunas discrepancias que viene desparramando el jefe original del PRO contra el Gobierno nacional. No es único. Ahora también la senadora “oficialista” Patricia Bullrich exteriorizó nuevas diferencias con la Casa Rosada.
En la PBA, referentes de la fuerza amarilla impulsan una reedición de Juntos por el Cambio, con la inclusión obviamente de La Libertad Avanza, con el propósito de construir una alternativa electoral para confluir ante las urnas electorales del año que viene y desalojar “al populismo peronista” de la Gobernación de calle 6. Para el PRO, el mejor candidato sería el ministro del Interior, Diego Santilli. Resta esperar si en medio de las diferencias internas dentro de LLA, aparecen coincidencias de fondo.
Es que mientras en los laboratorios de comunicación política trabajan sobre la importancia de generar mensajes capaces de conectar con las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía, aparecen en escena una serie de desacuerdos vinculados a la estrategia territorial y el estilo de conducción política del espacio libertario.
“En año electoral no se cambian las reglas de juego, tenemos que resolverlo ahora”, apuró la legisladora massista, Malena Galmarini, en una suerte de definición política que debe ser interpretada como una señal sobre los límites que se deberían buscar establecer en la agenda parlamentaria.
No pocos actores de la coreografía legislativa hablan de discutir un “paquete de leyes completo” vinculado con reformas electorales: desdoblamiento bonaerense (un día diferente a la fecha de los cargos nacionales), reelecciones indefinidas de los intendentes, PASO y Boleta Única de Papel (BUP).
El problema es que los puentes de diálogo entre los sectores K del cristinismo duro de “La Cámpora” con legisladores del “kicillofismo” que reportan a la botonera gubernamental parecen rotos como para poder afrontar el exigente segundo semestre.
La posición de la Casa de Gobierno es que todavía es prematuro abrir un debate sobre eventuales cambios en el régimen electoral bonaerense sin que antes haya una definición del Gobierno nacional sobre las elecciones primarias en las distintas estructuras políticas que decidan participar de los comicios.
Distinto parece ser el caso de las “reelección de intendentes, legisladores y concejales” donde existe el aval gubernamental de la PBA para que esa ley se discuta este año. Creen que, en todo caso, debe ser el electorado por inmediatez local el que defina quién gobierna sobre todo a nivel municipal.
Párrafo aparte para la decisión que adoptó Kicillof. “Más vale prevenir que pagar costos políticos después”, tras impedirle a sus ministros y funcionarios viajar a presenciar algún partido de la selección argentina durante el Mundial 2026 -la cortina de humo más eficaz para la política- ante un contexto marcado por las dificultades económicas y los recortes de fondos nacionales sobre la Provincia. Uno de los errores no forzados más comunes de la coyuntura nacional son aquellos “goles en contra” consumados contra un propio arco gubernamental.
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