Viendo y escuchando a León XIV, incluso a los agnósticos les entran ganas de creer en el Espíritu Santo. Su elección no pudo ser más oportuna en un mundo donde el miedo se ha impuesto como el carburante de los poderosos, donde la diplomacia ha sido apartada para resolver los conflictos en beneficio de la guerra y donde la mentira está a punto de ganar el pulso a la verdad. “No le temo”, le respondió a Donald Trump cuando le atacó sin piedad por la oposición a su política de inmigración y a la guerra en Irán. Un Papa nacido en Chicago dando réplica a un presidente que vino al mundo en Nueva York parece un guion de una película de Paolo Sorrentino. Es el Pontífice que predica la paz y la verdad, dos valores imprescindibles no solo para que el mundo avance, sino para que no salte por los aires.
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