La Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín llegó al Teatro Colón llevando algo que pocas veces ocupa el centro de un concierto: un proyecto musical cuya dimensión trasciende la excelencia en la interpretación de las obras. Antes de levantar la batuta, Mario Benzecry ofreció una breve nota de programa oral. Presentó el repertorio, pero también recordó el sentido con el que fundó la orquesta hace más de tres décadas: formar músicos desde la práctica orquestal y compartir con el público el resultado de ese proceso.
En ese contexto, el concierto dejó de ser un hecho aislado para convertirse en la expresión visible de un trabajo sostenido en el tiempo.
La elección del repertorio también habló del perfil de la orquesta. El programa reunió Gagliarda hispánica, de Juan Francisco Giacobbe, la Cuarta Sinfonía de Schumann y la reconstrucción de la Séptima Sinfonía de Tchaikovsky realizada por Semyon Bogatyrev, un recorrido que articuló una obra argentina con dos maneras muy diferentes de abordar el sinfonismo romántico.
Gagliarda hispánica abrió el concierto recuperando el carácter de la antigua danza renacentista desde una escritura del siglo XX. La orquesta la abordó con claridad y un buen equilibrio entre las distintas familias instrumentales, dejando apreciar tanto el impulso de la danza como el desarrollo melódico de la obra.

La Cuarta Sinfonía de Schumann planteó el desafío de la primera parte. Antes de comenzar, Benzecry propuso una clave de escucha vinculada con las tres personalidades que el propio compositor identificaba en sí mismo -Eusebius, Florestán y Maestro Raro-, presentes a lo largo de una sinfonía construida sobre la transformación permanente de un mismo material motívico.
La dirección trabajó con atención el entramado orquestal y el equilibrio de las texturas. La Romanza encontró un buen diálogo entre los instrumentos solistas. En el Scherzo, las alternancias entre las distintas secciones de la orquesta estuvieron resueltas con claridad. El primer movimiento, sin embargo, no siempre sostuvo la tensión del discurso con la misma continuidad, uno de los desafíos que plantea la propia escritura de Schumann.
La segunda parte del concierto
La segunda parte estuvo dedicada a la reconstrucción de la Séptima Sinfonía de Tchaikovsky, realizada por Semyon Bogatyrev a partir de los manuscritos conservados del compositor. Benzecry recordó que se trata de una obra concebida en un período especialmente sereno de la vida del compositor, anterior al clima que marcaría sus últimas creaciones, y propuso pensarla como una partitura que merece incorporarse con mayor frecuencia a la programación sinfónica.

La interpretación encaró la obra sin el peso de la mera curiosidad y con la convicción de que se sostiene por sus propios méritos. Desde el primer movimiento, el discurso avanzó con fluidez y una organización formal clara. El Scherzo puso en evidencia la riqueza de la orquestación, con un intercambio permanente del material entre las distintas familias instrumentales y una construcción gradual de las dinámicas.
En el Finale, la amplitud de las líneas melódicas y el protagonismo de los metales terminaron de consolidar una interpretación de una obra con identidad propia, más allá de su condición excepcional dentro del catálogo de Tchaikovsky.
Benzecry planteó al comienzo del concierto que la Séptima de Tchaikovsky merece un lugar más estable en la programación sinfónica. La interpretación de la Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín convirtió esa propuesta en una afirmación difícil de discutir.
Ficha
Calificación: Muy buena
Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín Teatro Colón (viernes 31 de julio) Director: Mario Benzecry Programa: Gagliarda hispánica, de Juan Francisco Giacobbe; Sinfonía n.º 4 en re menor, op. 120, de Robert Schumann; Sinfonía n.º 7 en mi bemol mayor (reconstrucción de Semyon Bogatyrev), de Piotr Ilich Tchaikovsky.

